Después de la
sentencia de hace unas semanas en la que se declaraba culpable a Microsoft de
prácticas monopolísticas, y a la espera de la condena definitiva
que podría obligar a la empresa a dividirse en otras menores o a abrir
su código fuente para todos los programadores, surge la duda de sí
la estrategia seguida por el equipo de Microsoft fue la correcta. Todo indica
que se equivocaron. Pero no hay que olvidar que podrían haber actuado
así porque esperan dilatar en el tiempo el resultado final del juicio.
Y una dilación de dos o tres años en estos momentos de espectaculares
cambios tecnológicos podría hacer que esa sentencia definitiva
no tuviese sentido. El juicio se inició el 16 de Octubre e 1998.
Publicado
en abril de 2000
De momento la primera reacción de Microsoft fuera del ámbito jurídico ha sido iniciar una campaña publicitaria que pretende lavar su imagen en Estados Unidos. El propio Gates aparece en un anuncio que recuerda las innovaciones que su empresa ha introducido durante años y que han permitido a millones de personas manejar con soltura un ordenador sin necesidad de tener conocimientos de programación. Fue una primera reacción para mejorar la imagen de la empresa en unos momentos en los que su cotización en bolsa estaba por los suelos. Pero la estrategia jurídica sigue adelante.
El juez Jackson quiere acortar un proceso que podría llegar hasta el año 2002. Bill Gates ha aceptado la propuesta de acelerar los trámites jurídicos, pero apurando todos los recursos que le concede la ley. Y ahí podría estar centrada parte de la estrategia de Microsoft, que tiene confianza en que los tribunales de apelación van a ser mas receptivos a sus argumentos, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores. Lo cierto es que Microsoft podría alargar el proceso, pero es la primera interesada en una solución rápida. Se podría dar la circunstancia de que una vez condenado y agotados los recursos la empresa se viese inundada con una avalancha de demandas. Microsoft sufriría, en ese caso, un infierno similar al que estás soportando las grandes tabaqueras de Estados Unidos, que cada día son condenadas ante las denuncias de fumadores , ex-fumadores y familias de fumadores.
La primera consecuencia del proceso viene marcada por la actuación de la aseguradora Zurcí American Insurance, que afirma que su póliza con Microsoft no le obliga a cubrir las posibles indemnizaciones que tenga que pagar en los más de cien juicios que tiene pendientes por presuntas actividades de monopolio. Y para curarse en salud la aseguradora ha entablado un pelito civil contra su cliente en un tribunal federal en el que se pide al juez que declare que los gastos generados por estas actividades no tienen por qué ser cubiertos por la póliza.
UNA IMPOSIBLE SOLUCIÓN PACTADA
Aunque poco antes de que
se conociese la condena todo parecía indicar que se iba a llegar a un
acuerdo entre Microsoft y sus demandantes, esto no fue posible. Quizá
por la incapacidad de Microsoft de ceder a ciertas peticiones y quizá
por culpa de los representantes del gobierno de Estados Unidos y de las fiscalías
de 19 estados, presentes en la demanda. Resultaba muy difícil que todos
se pusieran de acuerdo. En cualquier caso lo ideal sería una salida pactada
que evitase un largo litigio. Pero lo que está claro es que Microsoft
no se va a quedar de brazos cruzados cuando se conozca la sentencia y apelará.
En total, Microsoft se enfrenta a 121 demandas, muchas de las cuales no han
hecho más que empezar. Los demandantes, además del gobierno central
y los 19 estados, se dividen en dos sectores: las grandes multinacionales de
la informática y los consumidores y pequeños empresarios. Los
primeros son, con gran diferencia sobre los otros, los grandes enemigos de Bill
Gates. Los segundos están airados por la política de imposición
de precios de Microsoft. Estos últimos pretenden arañar un buen
puñado de millones de dólares de indemnización en concepto
de daños y perjuicios por los años en los que la multinacional
ha ejercido su supuesto poder monopolístico.
ELECCIONES EN NOVIEMBRE
Otra posibilidad que sin duda manejan los estrategas de Microsoft tienen presente es que en Noviembre hay elecciones presidenciales en Estados Unidos. Aunque ganara el demócrata Al Gore, actual vicepresidente del país, lo más probable es que el equipo legal que lleva el caso cambie. Eso sería en el peor de los casos, porque Gates cuenta también con la más que probable victoria del republicano Bush, que podría acabar con la investigación de un plumazo, igual que hizo Ronald Reagan con otra similar a la que estaba sujeta la multinacional IBM.
La posible partición de la empresa en otras tres o cuatro beneficiaria a algunos de sus competidores, aunque también perjudicaría a otros. La partición en varias compañías permitiría encontrar unas empresas mas pequeñas y sus competidores se beneficiarían, principalmente, porque al tener menos capital se le quitaría una de sus armas más utilizadas: la adquisición de otras empresas de software que hace programas muy valiosos para el consumidor y que Microsoft integra posteriormente en sus productos. Algunas grandes empresas sostienen que la ventaja de Microsoft en el mercado no viene dada por su capacidad de investigar y desarrollar nuevos productos, sino por su potencial de compra de empresas que han hecho desarrollos interesantes.
Precisamente la partición
es la solución preferida por el quipo legal del gobierno, encabezado
por Joel Klein, quién considera que "dividir la compañía
sería bueno para los accionistas, que recibirían más dinero;
para los usuarios, que disfrutarían de mayor competencia; para el gobierno,
que no tendría que hacer de canguro y seguir vigilando los negocios de
la compañía; y para la propia Microsoft, que ya es demasiado grande
como para explotar su propio talento".
Sin embargo, no todos los competidores de Bill Gates están de acuerdo
en la partición. Este es el caso de Sun Microsystems, una de sus principales
competidoras en el mercado de software empresarial, que quiere que se limiten
las inversiones de la compañía y se vigile su comportamiento pero
evita hablar de divisiones, entre otras razones porque en vez de tener un competidor
tendría que enfrentarse a tres o cuatro.
CONSECUENCIAS DE LA CONDENA
Una de las principales consecuencias de la condena a Microsoft se hizo sentir
en la Bolsa. La imparable caída de las acciones demostró a muchos
inversores que, a partir de ahora, deberán fijarse más donde invierten
su dinero, porque Microsoft arrastró a otras muchas empresas tecnológicas.
La burbuja tecnológica es una realidad en la que queda claro que van
de la mano la psicología y la codicia de los inversores, que puede explotar
en cualquier momento.
A partir de ahora habrá que tener más en cuenta los proyectos
basados en algo más que entelequias y se buscará un punto intermedio
entre las empresas de la Nueva Economía y la economía tradicional.
No es que haya que pedir beneficios a estas empresas tecnológicas en
el primer momento, pero habrá que tener muy en cuenta si realmente van
a poder dar esos beneficios a medio y largo plazo, algo que hasta ahora muchas
de ellas todavía no han conseguido.
Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es