DIFICULTADES PARA EL DESPEGUE DEL TELETRABAJO

El teletrabajo es una opción bien valorada en Estados Unidos y Europa. Sin embargo, los españoles no acabamos de verlo claro. Tenemos reticencias ante una nueva forma de trabajar que no se parece en nada a lo que hemos hecho hasta ahora.
Publicado en febrero de 2001

El Teletrabajo despega poco a poco, demasiado lentamente, en nuestro país. Hay razones de diverso tipo que explican esta lentitud. Por un lado cuestiones operativas, porque muchas empresas prefieren tener un control directo sobres sus trabajadores y ver lo que hacen en todo momento. Por otro lado también influyen mucho las cuestiones sociológicas, porque los españoles somos muy dados a la comunicación hablada y nos cuesta mucho quedarnos en casa para hacer desde allí nuestro trabajo.
Ni trabajadores ni empresarios parecen darse cuenta de las grandes ventajas que aporta este sistema. Representa beneficios para la empresa y el trabajador, ya sea por cuenta ajena o autoempleado, además de otras consideraciones como las ventajas que supone para el medio ambiente, porque si no usamos el coche para ir a trabajar no contaminaremos nuestro entorno. Es algo que deberían tener en cuenta los responsables del gobierno central, autonómicos y locales, pero parece que de momento no se han enterado.
El teletrabajo no despega porque muchas empresas son reticentes y consideran que trabajar solo desde casa puede provocar un aislamiento negativo para el trabajador. La empresa no quiere que sus empleados pierdan el contacto con el resto de la organización.
España es precisamente el país de la Unión Europea en el que menos ha penetrado el teletrabajo. Sólo el 2,8 por ciento de los españoles teletrabajan, frente al 6 por ciento de media en Europa. Situación que se produce porque el uso de Internet y los ordenadores es inferior al resto del continente. Esto, unido a nuestro carácter latino donde se considera fundamental el contacto personal directo, hace que los españoles nos lo pensemos dos veces porque no queremos perder la posibilidad de tomar un café a media mañana con los compañeros.

Hay que añadir, además, razones culturales como que los empresarios no están acostumbrados a confiar en sus trabajadores cuando estos no asisten al puesto de trabajo en la sede de la empresa. Quieren, tenerlos vigilados. Empresarios y trabajadores deben darse cuenta que en el teletrabajo hay que sustituir unos conceptos por otros: hay que cambiar la idea de control por la de confianza. El empleador debe confiar en que el empleado esta haciendo lo que debe hacer y este, a su vez, debe cumplir satisfactoriamente con la empresa.

El problema surge cuando tenemos que cambiar nuestra mentalidad y valorar más los resultados que el tiempo que se ha dedicado a un trabajo. Normalmente a un trabajador que está ocho horas en la oficina no se le pedirá que rinda al cien por cien, algo que si tendrá que hacer el teletrabajador, aunque podrá dedicar menos tiempo al trabajo porque se trata de conseguir unos objetivos y no de pasar unas horas determinadas en la oficina.

Claro que hay otro tipo de obstáculos para el desarrollo del teletrabajo. La tecnología es esencial y debe funcionar a pleno rendimiento. Algo que no ocurre en España, según ha denunciado la Asociación Catalana de Teletrabajo (www.telecat.org) Esta organización ha realizado una encuesta entre sus socios y empresas colaboradoras, con el fin de conocer los motivos del lento despegue del teletrabajo en España.

El 93 por ciento de los profesionales encuestados y el 72 por ciento de las empresas colaboradoras de la entidad han identificado como principal obstáculo la baja calidad de los servicios ofrecidos por Telefónica y la falta de soluciones ante los continuados problemas y errores que la compañía carga a los usuarios sin ningún tipo de defensa o interlocución adecuada para ellos.

Es precisamente la imposibilidad de localizar a un interlocutor válido que conozca, razone o solucione el problema lo que retrae a muchos de incorporarse al uso de las nuevas tecnologías. Porque, además, los responsables de los diferentes departamentos se niegan sistemáticamente a ponerse al teléfono para solucionar los problemas de los usuarios, tanto de telefonía fija tradicional como de cualquier otro servicio que ofrezca la compañía que, recordemos, sigue siendo la más importante de España con gran distancia sobre sus competidoras. Eso sí, las personas que nos atienden son extremadamente educadas. Lo cortes no quita lo valiente.