Para retener al personal
hay que mejorar los salarios y la calidad de vida profesional. Mejores relaciones
laborales y pequeños o grandes detalles de la empresa con sus empleados
son esenciales para retenerles y que no se marchen a la competencia.
Publicado en diciembre de 2000
El capital humano ha demostrado que es esencial en cualquier empresa,
sobre todo si hablamos de Nueva Economía. La mayoría de las firmas
tienen las mismas capacidades tecnológicas y lo único que diferencia
a unas de otras es el talento de la gente que trabaja allí. Por eso retener
ese talento es imprescindible; sobre todo ahora que nos encontramos con un déficit
de decenas de miles de trabajadores en el sector de las nuevas tecnologías.
A los empleados se les puede retener de dos formas: por el bolsillo o por el
corazón. Aunque en realidad siempre van las dos unidas. Hay que pagar
bien para que nuestro trabajador no se plantee irse a la competencia, aunque
la competencia intente llevárselo. Pero también tiene que estar
contento y feliz, porque el dinero no lo es todo. Un trabajador insatisfecho
se irá de la empresa a la primera de cambio y eso puede crear graves
problemas a la firma que pierde a uno o varios de sus empleados.
Esa es la opinión de Victor Molero, director del área de directivos
de ESIC, (www.esic.es) quién señala que "sin despreciar la
importancia del salario a la hora de optar por un cambio de empresa, hay otra
serie de variables que cada vez tienen más importancia, sobre todo en
colectivos de determinado perfil como son directivos y mandos medios. Entre
estas variables se incluye la calidad de vida en el puesto de trabajo, el clima
entre los compañeros, la proximidad al domicilio, la frecuencia de viajes
profesionales, la cantidad y calidad de medios disponibles para el desempeño
en el puesto y el prestigio de la compañía, principalmente".
En realidad el trabajador lo que quiere es que su experiencia profesional sea
lo más positiva posible, con la posibilidad de integrarla en su vida
sin el deterioro de otras parcelas personales de vital importancia como la familia,
la cultura o los amigos.
A veces la fuga de profesionales no es individual sino en grupo, como ocurrió
hace unos meses con el diario El Mundo que, de la noche a la mañana,
se quedó sin casi todo el equipo de profesionales encargados de realizar
la edición digital del periódico. Se fueron a El País,
seguro que ganando más dinero y en mejores condiciones laborales. Esto
no significa que en su anterior puesto estuviese mal, sino que en la nueva empresa
supieron atacar a los dos puntos básicos: el corazón y el bolsillo.
Las empresas necesitan mejorar el clima laboral creando las condiciones necesarias
para que sus mejores talentos no se vayan a la competencia; es decir, hay que
tenerlos en palmitas. Uno de los grandes problemas de las compañías
emergentes es que se trabaja bajo mucha presión por lo que es necesario
aprender a gestionar ese estrés tan negativo tanto para el empleado como
para la empresa, porque un empleado con estrés rinde menos y peor.
Por eso la compañía debe diseñar planes que la conviertan
en un lugar anhelado por los trabajadores. Según Victor Molero, "las
empresas que han diseñado estos planes no solo se han encontrado con
un mejor rendimiento de sus empleados, sino que han incrementado su valor accionarial
y su posición competitiva en el mercado. Resulta que cuanta más
preocupación se ponga en tener bien cuidados y atendidos a los empleados
y procurarles ventajas extraordinarias, mas adhesión a la casa y menos
migración se producirá. Habrá un mayor interés por
rendir óptimamente en el puesto y no arriesgarlo y, en consecuencia,
se mejoran los resultados de esa firma".
Estamos hablando de tratar a los empleados como a los propios clientes, mimándoles
y teniendo iniciativas como la instalación de guarderías dentro
de la empresa para empleados con hijos pequeños, cafeterías gratuitas,
servicios de mensajería para gestiones domésticas, planes de pensiones,
créditos a mínimo interés o financiación de carreras
universitarias. A todo esto hay que añadir la paulatina desaparición
de las barreras jerárquicas en las empresas, lo que facilita la comunicación
entre todos los integrantes de un mismo proyecto y mejora la calidad y el resultado
final del trabajo.