El outsourcing y la deslocalización
se presentan ante las empresas como una magnífica oportunidad de mejorar
sus negocios. Se puede lograr el mismo rendimiento con costes mucho más
bajos. Lo único que hay que hacer es trasladar parte de la producción
a otra empresa, que bien puede encontrarse en la misma ciudad, en otra distinta
o incluso en otro país. En el caso de que se trate de otro país
suele ser uno de esos de economía emergente, con salarios muy bajos sin
derechos sociales para sus trabajadores y con un sistema laboral que unas veces
roza la esclavitud y otras la sobrepasa claramente. No cuesta lo mismo pagar
el salario a un padre de familia occidental que a un niño de doce años
que trabaja de sol a sol por poco más de un euro al día. Tanto
el outsourcing como la deslocalización se presentan como dos de las grandes
preocupaciones que quitan el sueño a los responsables de los sindicatos
de los países industrializados, que ven como la producción se
traslada a otros países con menores costes sociales. En muchas ocasiones
las diferencias entre uno y otro lugar son abismales e insuperables.
Reportaje publicado en abril de 2005 en la revista
PcPymes
Quizá podríamos hacer una pequeña diferencia entre
outsourcing y deslocalización, aunque en todo caso se trata de una diferencia
de matices. El outsourcing, palabreja inglesa que significa externalización,
se produce cuando una empresa cede parte de su producción a otra para
abaratar costes o conseguir alguna mejora de gestión o de cualquier otro
tipo. Este outsorucing no implica que la empresa contratada esté en un
país o región diferentes que la empresa contratante. Sin embargo
la deslocalizaicón es algo más compleja porque lo que se hace
es trasladar ese proceso productivo, ya sea todo o parte de él, a otros
países, generalmente del sudeste asiático mucho más baratos
a la hora de producir. Y precisamente esa deslocalización es lo que se
ve con temor en la sociedad occidental que no puede competir con esos bajos
costes laborales.
Uno de
los sectores en los que se utiliza el outsorucing con mayor profusión
es el tecnológico. Esta nueva forma de hacer empresa está calando
en las compañías españolas, que demandan esta fórmula
para aumentar la calidad del servicio, reducir costes, ser más flexibles
y concentrar sus esfuerzos en áreas de mayor valor añadido. Además,
a la hora de elegir proveedor, las empresas españolas se fijan sobre
todo en la confianza y la experiencia que le otorga el suministrador, y no tanto
en el precio.
Una buena definición de lo que es la deslocalización la facilita
Javier Quintana, Director del Servicio de Estudios del Instituto de Empresa
Familiar (IEF), que afirma que "consiste en el cese y traslado total o
de una parte de las actividades que forman parte de la cadena de producción
de las empresas a otra región o país". Y como en la mayoría
de las ocasiones, el primer problema al que debemos enfrentarnos es la situación
de las personas. A veces las empresas reciclan al personal que asumía
la función ahora externalizada, asignándoles nuevos destinos.
En otros casos, el personal es incorporado a la compañía que asume
la función externalizada. Y otras veces, la inmensa mayoría, se
prescinde de esas personas a las que no se facilita ninguna salida profesional
y se las envía a la cola del paro.
VENTAJAS PARA LAS EMPRESAS
Las principales ventajas que este sistema aporta a las empresas es la reducción
de costes laborales y el acceso a mercados con mayores potenciales de crecimiento
y marcos fiscales más favorables. Germán Moreno Director General
de Operaciones SHS-Polar distingue diferentes tipos de ventajas. "De índole
económica (reducción de costes laborales, esquemas impositivos
más benignos, acceso a subvenciones o esquemas favorables de financiación,
ayudas por formación de empleo, etc.), o de carácter logístico
(mayores facilidades de comunicaciones, transporte, volumen local de proveedores,
facilidad para acceder a nuevos mercados, etc.). Adicionalmente, siempre se
desea un entorno político estable, que garantice la permanencia de las
ventajas obtenidas durante un cierto periodo de tiempo". En cualquier caso
la deslocalización masiva es un problema que, de momento, en España
no hay que solucionar porque no se ha producido con la intensidad que en otros
países occidentales.
Según el Director del Servicio de Estudios del IEF, "la deslocalización,
como parte de un proceso en el que unas actividades son sustituidas por otras
más complejas y valiosas, es una oportunidad. La deslocalización
de actividades que no generan valor añadido ni aportan calidad a los
productos y servicios es buena. La deslocalización de centros de decisión
y de I+D+I es mala". Esto se explica porque un país con los cambios
estructurales que ha tenido España no puede seguir siendo competitivo
en actividades que generan escaso valor añadido.
El Director General de Operaciones SHS-Polar considera que para la empresa la
deslocalización supone un reto, ya que por un lado tiene que hacer convivir
esta necesaria distribución de sus competencias productivas con una mayor
integración de sus procesos de negocio. El aumento de la competitividad
deberá estar basado en la sabia combinación de ambas tendencias.
¿QUÉ PASA
CON LAS PYMES?
En
principio podríamos pensar que para las pymes la deslocalización
no supone grandes perjuicios ni problemas sino más bien un reto: el de
la internacionalización. Sin embargo, no todo es tan simple. Germán
Moreno señala que "para las pequeñas empresas, la deslocalización
plantea problemas adicionales, debido a la necesidad de controlar un nuevo escenario
geográfico (legislación mercantil y laboral, mercado de trabajo,
relaciones con proveedores, entorno tecnológico, etc.), lo cual no siempre
es suficientemente valorado y a veces lleva a incurrir en costes adicionales
no previstos inicialmente".
Y por supuesto quienes se llevan la peor parte son los trabajadores que se quedan
sin empleo porque lógicamente este cambio en el proceso de producción
supone, según Germán Moreno, "una pérdida de puestos
de trabajo, ante la cual solo es posible plantear escenarios laborales distintos
y más cualificados. Es decir, en un mundo cada vez más globalizado,
mayores costes salariales necesariamente han de significar mayor valor añadido".
En el caso de las pérdidas de puestos de trabajo el problema surgirá,
principalmente, cuando los cambios se produzcan de manera brusca, de forma que
no de tiempo a formar a las personas y a crear infraestructuras adecuadas para
realizarlos de forma gradual.
Este fenómeno puede provocar grandes, y graves, cambios económicos
en los países industrializados. Esa modificación del tejido productivo
supondrá menos industria intensiva en mano de obra y más servicios
de alta calidad, la convergencia de sus niveles de renta con países hasta
ahora menos ricos, cambios en los sistemas de bienestar social y fiscal que,
al no poder competir en las condiciones actuales con los de países en
los que apenas existen, deben ser reformados.
Ante esta situación, el Director General de Operaciones SHS-Polar señala
que "este fenómeno, por un lado contribuye al aumento del paro en
primera instancia, si bien una vez alcanzado un cierto umbral y si se toman
las medidas de reconversión laboral adecuadas, este tiende a estabilizarse.
Por otro lado, contribuye al aumento de competitividad empresarial, lo que facilita
el aumento del poder adquisitivo en general".
¿QUÉ HACEN
LOS GOBIERNOS?
Las ventajas e inconvenientes se producen según desde el punto de
vista que se mire la situación. Los gobiernos de los países industrializados,
por su parte, no tienen muchas posibilidades de luchar contra este fenómeno
con armas legales, aunque sí pueden poner su granito de arena desde el
punto de vista legislativo y estructural. Según Germán Moreno
"aparentemente, la forma idónea de luchar contra esta tendencia
es fomentar la reconversión del tejido laboral. Para ello los países
industrializados tienen la suficiente capacidad legislativa para fomentar planes
de formación y reconversión, así como para impulsar planes
de fomento del I+D, etc., si bien con la lógica limitación presupuestaria.
Dicho en otras palabras, capacidad legal existe, si bien restringida a la capacidad
económica del país en cuestión".
De momento los sectores productivos más afectados por la situación
parecen ser las industrias manufactureras. Desde SHS-Polar señalan que
"si bien ha venido concentrándose en el sector de fabricación
y montaje de bienes de consumo, desde no hace mucho tiempo se ha empezado a
dar en el sector de servicios, especialmente en empresas con alto componente
de mano de obra de no muy alta cualificación, (tales como call-centres)
y ya ha empezado de manera enérgica en el sector de servicios de las
TI, habiendo inmensas Factorías de Software en algunos países
asiáticos, produciendo software para todo el mundo. Asimismo, las grandes
multinacionales, han empezado un proceso imparable de concentración de
los servicios comunes (shared-services) en diferentes países y no pasará
mucho tiempo antes de que estos shared-services sean llevados a países
terceros en la búsqueda de los beneficios aportados por la deslocalización".
Juan Manuel Romero
LA DESLOCALIZACIÓN
POLÍTICA
La deslocalización no sólo se produce por razones económicas
o logísticas, y en ocasiones la política tiene mucho que decir.
Eso es lo que ocurre, por ejemplo, con la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones
(CMT), un organismo muy sensible para el que el presidente del gobierno de España
y el del gobierno de Cataluña han pactado un traslado forzoso a Barcelona.
En esta ocasión este traslado de todo el organismo no está justificado
por razones económicas o de otro tipo, sino por la exigencia del gobierno
catalán de llevarse allí la entidad que más puede influir
en los próximos años en todo el sector de las telecomunicaciones
de nuestro país. La excusa que se ha dado a la ciudadanía es que
se quieren descentralizar algunos organismos estatales; claro que en ese caso
bien pudieran haberlo descentralizado en León, Huesca o Teruel, que también
existe.
Lo más grave de esta deslocalización se produce a nivel operativo
y laboral. Laboral porque mucha gente no puede trasladar su vivienda a Barcelona
y se va a quedar sin trabajo. Operativo porque el organismo ya ha empezado a
retrasarse en la emisión de dictámenes y se retrasará mucho
más en los próximos meses cuando ese traslado sea efectivo y muchos
de los profesionales que tiene la CMT se desliguen del organismo estatal. Entonces
sí podrá surgir un gran problema que no se va a solucionar con
medidas políticas porque los profesionales de la CMT son eminentemente
técnicos y no políticos, a excepción de unos pocos directivos
de libre designación. El problema es que esta deslocalización
política puede suponer la perdida de la mayor parte de sus trabajadores,
verdaderos expertos en un sector en el que la ecuanimidad y el trabajo concienzudo
tienen su mayor argumento.
Direcciones:
Instituto de Empresa Familiar
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SHS-Polar
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