Llega para triunfar.
O al menos eso esperan los inversores y trabajadores de Lucent Technologies,
una de las empresas más importantes del mundo en la fabricación
de equipos de telecomunicaciones. Lucent está pasando por un mal momento
y la responsabilidad de Patricia Russo, su nueva consejera delegada, consiste
en sacar a la firma de esa crisis que ha provocado el despido de decenas de
miles de trabajadores. Cuando el ajuste esté terminado la plantilla habrá
pasado de 106.000 empleados a algo menos de la mitad.
Publicado en abril de 2002
Patricia Russo ha vuelto a casa después de varios meses dirigiendo la compañía Kodak. Esta ejecutiva de 49 años ha pasado los últimos veinte años de su vida trabajando para Lucent, empresa a la que ha regresado reclamada por el presidente de la firma que la considera la persona idónea para sacar a la compañía de la grave crisis a la que se enfrenta. Fue una de los ejecutivos que participaron en el lanzamiento de Lucent en 1986, cuando al empresa se segregó de AT&T, una operación que fue dirigida por una compañera suya: Carly Fiorina, actual presidenta y CEO de Hewlett Packard. A Russo no le gusta demasiado que la comparen con Fiorina.
Russo es aficionada al golf
y al tenis y es una de las pocas mujeres que dirige una gran compañía
estadounidense, junto con Carli Fiorina en HP. Es graduada por la Universidad
de Georgetown y realizó un programa de dirección avanzada en la
Universidad de Harvard, en 1989. Además, ha recibido el Doctorado Honorario
de Estudios Empresariales en el Instituto de Columbia, en Carolina del Sur.
Russo fue nombrada por la revista Fortune una de las 50 mujeres de negocios
más poderosas de América durante los años 1998, 1999 y
2001.
Ahora, el presidente de Lucent, Henry Schacht, ha repescado a Russo y la ha
convencido para que sea su mano derecha y dirija esta gran compañía
de equipos de telecomunicaciones, que se encuentra en uno de los momentos más
duros de su historia. Claro que no es la única compañía
con problemas, porque hay otras muchas firmas relacionadas con la tecnología
que se encuentran en la misma situación, y si no que se lo pregunte a
Ericsson, por ejemplo.
Desde el principio de la crisis en Lucent han asumido que para salir de ella
sólo hay tres posibilidades: vender más, gastar menos, o las dos
juntas. Vender más significa abrir el mercado y hacer más atractivos
los productos de una firma. Gastar menos es mucho más fácil; sólo
hay que despedir gente. Esta última suele ser la opción por la
que se decantan todos los dirigentes de las grandes compañías
multinacionales con problemas económicos. Siempre parece resultar más
fácil despedir que innovar.
De todas formas, Patricia Russo se encuentra con la mitad de trabajo hecho.
La empresa perdió el pasado año fiscal 16.200 millones de dólares,
unos 18.000 millones de pesetas. El primer resultado de esta situación
fue el aumento de la consabida política de despidos: se decidió
que más o menos la mitad de la plantilla fuese a la calle. Claro que
ahora no lo llaman despidos y lo denominan recolocación de personal.
Conocer la compañía ¿ventaja o inconveniente?
Ahora llega el momento de
innovar y ese parece ser el reto al que se enfrenta Patricia Russo, conocida
como Pat tanto por los directivos como por los empleados de Lucent. Esta ejecutiva
ha pasado por todo tipo de puestos y áreas en la compañía
que ahora dirige. Su último puesto antes de marcharse a Kodak, todavía
no hace un año, fue como presidenta de la división de Lucent que
vende equipos a las mayores compañías de telecomunicaciones del
mundo. Una experiencia que en estos momentos le viene como anillo al dedo porque
precisamente, parte de la estrategia del presidente de la firma para sacar a
Lucent de la grave crisis que sufre consiste en centrarse en la venta de equipos
a las mayores compañías de telefonía del mundo. Esa parece
ser una de las grandes ventajas de Pat, que según han señalado
algunos analistas "conoce muy bien la compañía, sus productos
y su estrategia".
Claro que no todo el mundo ve la situación desde la misma óptica,
porque otros opinan que su estrecha relación con Lucent puede ser un
problema a la hora de tomar algunas decisiones poco agradables. Prueba de ello
es que cuando se conoció su nombramiento las acciones de la firma cayeron
un 2,5 por ciento. La explicación parece ser que a los inversores no
les ha gustado demasiado, al menos en un primer momento, que la nueva responsable
de la compañía sea una insider, es decir, una persona que ya ha
trabajado en la compañía y que probablemente no tendrá
la suficiente distancia y frialdad como para tomar decisiones drásticas
entre las que la principal de todas ellas será un más que probable
nuevo recorte de plantilla y la venta de filiales no estratégicas, que
son algunas de las medidas anunciadas por el presidente de la firma antes de
la reincorporación de Russo. Según algunos analistas, muchos inversores
esperaban un cambio drástico en la empresa y Russo es más de lo
mismo.
La presencia de Russo es vista desde estas dos perspectivas, claramente contradictorias.
Algunos analistas defienden a capa y espada la incorporación de Russo
a Lucent con el argumento de su gran conocimiento de la compañía,
lo que le permitirá tomar decisiones de manera rápida y ejecutar
las estrategias necesarias de forma más eficiente que si se tratase de
una persona recién llegada que no conoce la firma.
Sin embargo, no debemos olvidar que Lucent atraviesa una situación muy
diferente a la que tenía cuando Russo dejó la compañía
para irse a Kodak. En estos momentos Lucent se encuentra en una segunda fase
de reestructuración de operaciones que van a suponer que se quede con
la mitad de los trabajadores que tenía hace un año, ha abandonado
algunos de los sectores de mercado y lucha por mantener su presencia en ciertos
segmentos de negocio.
Todo un reto para Russo, que ha sido elegida para el puesto por el propio presidente
como única opción viable para salvar la empresa. Un presidente
que, probablemente, continuará un año ocupando ese cargo en la
firma y, posteriormente, le cederá el trono a Russo, quién ya
ha anunciado que piensa seguir el camino marcado por Henry Schacht.
La experiencia de Kodak
Su llegada a Kodak estuvo
motivada, en buena parte, por la situación de Lucen y la reestructuración
que a nivel directivo experimentó la firma. Las responsabilidades de
los cargos directivos cambiaron sustancialmente hasta el punto de que Harry
Bosco, el presidente del grupo de óptica presentó su dimisión.
Apenas cinco días después Patricia Russo, vicepresidente ejecutivo
y directora de redes, hacía lo mismo alegando que en la nueva estructura
su puesto dejaba de ser relevante.
En su fugaz paso por Kodak, donde ni siquiera estuvo el tiempo que dura un embarazo,
Ruso encauzó la compañía hacia el mercado de la fotografía
digital y firmó un importante acuerdo con Microsoft para formar parte
de su Windows XP. Fue contratada para supervisar las operaciones día
a día de las divisiones operativas y buscar oportunidades de negocios
creadas por la convergencia entre las tecnologías de la imagen e información.
Precisamente, fue contratada por la firma por su conocimiento en tecnología
de la información y con la esperanza de que su experiencia en este campo
impulsase los planes de Kodak para extender sus productos y servicios.
Hasta que Kodak contrató a Russo, había pasado seis meses de búsqueda
callada de un ejecutivo con el perfil adecuado para el puesto, que requería
de alguien capaz de convertir a Kodak, una firma tradicional de fotografía,
en un ágil jugador en el mercado digital.
Por supuesto, una de las primeras medidas de Russo en su nueva compañía
fue la reducción de plantilla. Apenas dos semanas después de su
llegada al cargo Kodak anunciaba su intención de despedir entre 3.000
y 3.500 empleados, lo que representaba el 4,5 por ciento de su fuerza laboral
en todo el mundo. La finalidad de estos despidos era reducir costes operacionales
y mantener la competitividad en el mercado.
De vuelta a casa
Su vuelta a Lucent fue bastante
sencilla y emotiva. Después de unos meses en Kodak, Russo afirmó
en rueda de prensa que regresar a Lucent era la única opción que
se le podía ofrecer para que abandonase al gigante de la fotografía,
que también tenía problemas económicos. "Es el puesto
por el que creo que he preparado toda mi carrera profesional. Era lo único
que no podía rechazar", afirmó Russo que señalo que
el presidente Schacht había diseñado "un plan sólido
y creíble" que sirve de base para la recuperación de la corporación.
En estos momentos, Russo es la responsable de supervisar la reestructuración
iniciada por Henry Schacht, que ha supuesto una serie de dolorosos cambios estructurales.
Como era de esperar, lo primero que hizo Schacht antes de la reincorporación
de Russo a Lucent fue despedir personal. No se trataba de los habituales despidos
que hemos visto durante los últimos meses de cientos o miles de trabajadores.
En esta ocasión han sido decenas de miles, en una cifra que rodea las
60.000 personas que han perdido, pierden o van a perder su trabajo, en varias
etapas. La propia Russo, consciente de la mala imagen que suponen los despidos,
sale al paso y señala que "hay que aclarar que no se trata de despidos
en el sentido estricto de la palabra sino que, en gran medida, hemos desinvertido
en algunos negocios, pero la gente que trabajaba en esas ramas lo ha seguido
haciendo en otras empresas como en Agree, donde hubo 17.000 trabajadores que
dejaron Lucent para pasar a formar parte de su plantilla".
Esa es precisamente otra de las novedades que se están viendo en Lucent
en los últimos meses: la política de outsourcing. Se han cerrado
varias fábricas y se ha optado por externalizar la producción
que le ha sido traspasada a diferentes fabricantes bajo el correspondiente contrato.
Con respecto a la subcontratación de ciertos sectores de la empresa,
la propia Patricia Russo se defiende afirmando que "la subcontratación
no es sólo una estrategia nuestra, sino de todo el sector que ha surgido
en los últimos dos o tres años, al amparo de una industria que
se ha convertido en alternativa viable para que Lucent y otras empresas la utilicen".
La fallida fusión-absorción
Lucent es una compañía
con un curriculo envidiable. Heredera de los laboratorios de Alexander Graham
Bell y con once premios Nobel en sus vitrinas, la firma ha intentado alianzas
estratégicas e incluso fusiones para zafarse de la complejísima
situación económica a la que se ha visto sometida durante los
últimos tiempos. La más sonada de todas estas operaciones fue
la protagonizada no hace todavía un año con Alcatel, que no se
pudo llevar a cabo por diferencias irreconciliables de última hora.
Lucen se pasó la primera mitad de 2001 viviendo en absoluta provisionalidad.
A finales de 2000 había despedido a su presidente ejecutivo, Rich McGinn,
y llamó a su antecesor para que ocupara el cargo temporalmente, mientras
una firma de cazatalentos se ocupaba de buscar al ejecutivo adecuado para enderezar
el torcido rumbo de Lucent. Sin embargo, ese dirigente ideal no acabó
de llegar y Schacht continuó al timón de la nave, al parecer sin
demasiado entusiasmo.
Schacht elaboró un primer plan de viabilidad que significaba el despido
de 10.000 personas. El plan no se finalizó y los despedidos en ese primer
momento no llegaron a los 3.000. La empresa decidió compensar esto con
jubilaciones anticipadas, ofertadas a 10.000 de sus empelados en la sede central
de Murray Hill (Nueva Jersey), principalmente cuadros medios.
Ante esta situación, la fusión con Alcatel se presentaba como
la solución a todos los males. La compañía francesa estaba
muy interesada en hacerse con la cuota de mercado y la cartera de clientes de
Lucent en Estados Unidos y aunque no pagaba bonificaciones a los accionistas
al menos les permitía esperar que el valor de la firma no siguiese cayendo.
Los detalles financieros estaban resueltos cuando surgió una última
cuestión: la paridad en el consejo de administración. Los negociadores
de Alcatel consideraban que ellos debían tener mayoría (ocho puestos
para Francia y seis para Estados Unidos) y pensaban que el máximo dirigente
de la compañía debía ser el representante de Alcatel, Serge
Tchuruk. Al fin y al cabo, decían los franceses, ellos aportaban una
empresa sana que se hacía cargo de una enferma. Fue un asunto sobre el
que no hubo acuerdo y la fusión se canceló a última hora.
Esto había que justificarlo y desde Murray Hill salen rumores de que
las cuentas de Alcatel, vistas de cerca, no eran tan buenas como parecían
y que la fusión era en realidad una operación demasiado arriesgada.
Versiones de esta ruptura las hay para todos los gustos. Una de las más
aceptadas dice que varios comentarios privados de Schacht daban a entender que
el ejecutivo estadounidense no quiso convertirse en el hombre que vendió
Bell a los franceses.
Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es
De mal en peor
A Lucent le crecen los enanos
Durante el segundo semestre
del año 2000 Lucen pasó por muy malos momentos. La situación
ha sido tan rara y compleja que si no fuese por la gravedad de la misma incitaría
a soltar unas carcajadas como si de una comedia bufa se tratase.
Lucent perdió importantes contratos con algunas de las compañías
de telecomunicaciones más importantes del mundo y, sin embargo, se vio
forzada a aceptar negocios no demasiado seguros con algunas de las start ups
de Internet que no tuvieron demasiada suerte. La morosidad de su cartera de
clientes fue una de las causas principales que condujeron a la firma a un rápido
deterioro de sus resultados financieros. A esto hay que añadir la situación
internacional del último año que ha castigado muy especialmente
a las empresas relacionadas con Internet, la telefonía, la tecnología
y las telecomunicaciones en general.
A la mala gestión de sus directivos en los últimos tiempos, que
han dejado maltrecha a una empresa que Russo tendrá que enderezar, se
añaden otras situaciones que bordean el disparate. Así, en pleno
desastre tecnológico la dirección de la firma no tuvo empacho
en anunciar la inversión de 45 millones de dólares en un club
de golf destinado exclusivamente a sus ejecutivos, iniciativa de la que, de
momento, no hemos vuelto a saber nada. Casi al mismo tiempo la Fiscalía
de Nueva Jersey ordenaba la detención de dos antiguos empleados de Lucent,
Hai Lin y Kai Xu, y de un asesor de la empresa, Yong-Qing Cheng, acusados de
vender a China los secretos tecnológicos de Lucent.
A esto se añade que, muy poco tiempo antes se había descubierto
que el jefe de personal había logrado el puesto con un curriculo falso
y que el jefe de compras iba repartiendo tarjetas de visita en las que se autodenominada
director ejecutivo de Lucent. La verdad es que las cosas iban tan mal que no
podían ir a peor. Además, y por su fuera poco, algunos de sus
máximos ejecutivos se acababan de marchar por la reestructuración
emprendida por el presidente,. Entre ellos nuestra protagonista. Meses después
Schacht decidió que la mejor solución para Lucent era su antigua
directiva y decidió repescarla a cualquier precio. Lo que no sabemos
es a cuánto asciende ese precio.