Es el nuevo hombre fuerte
de las Telecomunicaciones en España y uno de los más envidiados
de Europa. Dirige la primera multinacional de nuestro país desde este
verano y sustituye a un gestor que ha sido carne de titulares un día
sí y otro también. César Alierta pretende pasar desapercibido
para el gran público. Tiene ante si una difícil tarea: llevar
a Telefónica al siglo XXI convertida en una de las principales operadoras
del mundo. No será fácil, pero Alierta tiene escuela.
Publicado en noviembre de 2000
Licenciado en Derecho por
la Universidad de Zaragoza y master en dirección de empresas por la Columbia
University de Nueva York, Alierta se ha curtido en el banco Urquijo, donde entró
en 1970. En este banco brilló por méritos propios, consiguiendo
el respeto y el aprecio de casi todos. Aportó a la cuenta de resultados
más que ningún otro y configuró un equipo fértil
y de largo recorrido.
Después pasó a Beta Capital empresa fundada por él mismo
en 1985, en pleno boom bursátil y posteriormente se hizo cargo de la
presidencia, hasta 1991, de la Asociación Española del Mercado
de Valores. Accedió al cargo gracias a su fama de gestor eficiente y
experto en mercados financieros.
Con la llegada del Partido Popular al poder se produjeron diversos cambios en
las cúpulas directivas de las grandes empresas públicas y Alierta
fue el encargado de la gestión de Tabacalera. Antes, a finales de los
años 80 había trabajado en KIO, pero es una experiencia de la
que prefiere no hablar.
Es poco amigo de los alardeos y un pésimo comunicador, además
de algo retraído. Sin embargo a la fuerza tiene que ser un buen gestor
porque en los cuatro años que permaneció al frente de Tabacalera
pasó de la austeridad que caracterizó el periodo anterior de la
compañía al ensanchamiento y la diversificación. Ha protagonizado
una de las pocas fusiones con éxito entre una empresa española
y otra de la Unión Europea. Consiguió fusionar las tabaqueras
de España y Francia y creó Altadis.
Apasionado de las telecomunicaciones, ha sido consejero de Telefónica
desde 1997 y no es partidario de aceptar cargos si no es para asumir plenamente
sus responsabilidades. Algo que demostró en diversas ocasiones en la
propia Telefónica cuando se opuso a algunas de las decisiones adoptadas
por su antecesor en el cargo, Juan Villalonga.
POR MÉRITOS PROPIOS
Alierta ha llegado al cargo
con una tremenda ilusión pero consciente de los retos a los que se enfrenta
y los grandes peligros de la compañía. Tiene muy claro que los
accionistas de referencia han aceptado su designación casi a regañadientes
porque ellos preferían otro candidato, pero La Caixa y el BBVA no tenían
tiempo de andar buscando otro candidato con un perfil mas acorde con sus preferencias
e intereses particulares. El relevo de Villalonga era inminente y esencial.
Hubo algún otro candidato como el anterior ministro de Defensa, Eduardo
Serra, pero se cayó de la lista a las primeras de cambio. En esas circunstancias
Alierta era casi la única posibilidad y parece que, además, la
solución no era mala.
Telefónica necesitaba, y sigue necesitando que su presidente sea un verdadero
peso pesado, característica que adorna a César Alierta. Es experto
en fusiones, tiene capacidad de mando y ejerce su presidencialismo con todas
las consecuencias como demostró en Tabacalera y después en Altadis,
donde sus socios franceses no pudieron reprimir su alegría nada más
enterarse de la marcha del co-presidente Alierta.
Además, y por si fuera poco, tras cuatro años en el Consejo de
Administración Alierta llegó a la presidencia de la operadora
conociendo perfectamente todos sus entresijos. Ha demostrado que puede dirigir
una empresa privada sin olvidar las características especiales que se
deben tener en cuenta para las antiguas empresas públicas.
El nombramiento de César Alierta ha sido respaldado por el gobierno,
entre otras razones porque posee un buen grado de conocimiento de la compañía
y del sector de las telecomunicaciones. De todas formas se le considera bien
relacionado con el ejecutivo, principalmente con el vicepresidente Rodrigo Rato.
Al final, Alierta ha conseguido superar todas las reticencias. Ha sabido esperar
su momento amparando su candidatura en una pose discreta y un discurso firme
y coherente. Todo indica que este aragonés llevaba algún tiempo
acariciando la idea de alcanzar la presidencia de Telefónica, una aspiración
que se convertía en algo lógico cada vez que se repasaban los
estatutos de la operadora. Junto con Isidro Fainé, director General de
La Caixa, Alierta era el único consejero con más de tres años
en Telefónica, lo que estatutariamente facultaba su elección directa
como presidente sin necesidad de buscar mayorías cualificadas en el máximo
órgano de gobierno de la compañía.
Los defensores de Alierta destacan su gran conocimiento de los mercados bursátiles.
No hay que olvidar las dos grandes operaciones previstas por Telefónica
para los próximos meses: colocar en bolsa el 30% de Telefónica
Móviles y afrontar una fusión que le permita ganar tamaño
y situarse entre uno de los cinco primeros operadores del mundo, que es lo que
recomiendan los expertos.
Experto en bolsa, financiero refinado y perfecto conocedor del mundo de la empresa,
son algunas de las virtudes que adornan al presidente de Telefónica,
según cuentan quienes le conocen de cerca.
ALIERTA Y VILLALONGA DOS CARACTERES OPUESTOS
El nuevo presidente de Telefónica
es un hombre radicalmente diferente a su antecesor, Juan Villalonga. Es prudente,
le gusta el consenso y siempre trata de mantener los equilibrios necesarios
para garantizar el éxito de una operación. Es más gestor
que estratega, lo contrario que Villalonga. Pero sobre todo le gusta planificar
y rematar bien las operaciones en las que se embarca, algo a lo que Villalonga
no nos tenía acostumbrados, porque iniciaba un operación de calado
y a los dos meses si te he visto no me acuerdo.
El modelo de gestión impuesto por Juan Villalonga en sus cuatro años
como presidente de Telefónica choca frontalmente con la estructura de
dirección que César Alierta ha intentado imponer en el grupo.
La idea de Alierta se basa en una presidencia netamente ejecutiva, pero en la
que el día a día de los diversos negocios sea llevado directamente
por un alto ejecutivo. Es el modelo en el que siempre ha confiado para dirigir
los destinos de las empresas en las que ha prestado sus servicios.
Fue precisamente Alierta quién recriminó la actitud de su entonces
presidente ante la polémica de las stock options el pasado otoño.
Fue el primero en pedir a Villalonga que renunciara a sus multimillonarias plusvalías.
Uno y otro son dos personalidades totalmente opuestas. El primero entró
en telefónica como un elefante en una cacharrería. Alierta, sin
embargo, ha llegado al cargo dotado de un halo de humildad. Es, desde luego,
la mejor política que se puede seguir para llevar a buen puerto a la
compañía más golosa del país, porque Telefónica
representa la mayor mezcla del entramado de intereses empresariales, financieros
y mediáticos de España y buena parte de Europa.
Alierta ha sido, en realidad una especie de Pepito Grillo en la Telefónica
de Villalonga y no sólo para el anterior presidente de la compañía.
El propio núcleo duro ha tenido que asumir sus posiciones más
criticas como consejero independiente, que lo mismo cuestionaba las stock options
que la emprendía contra las ambiciones de los accionistas de referencia
en su afán de disponer de una mayor representación en el Consejo
de Administración.
Cesar Alierta se esta enfrentando a la necesidad de dar un giro radical a los
últimos cuatro años de la compañía y dar carpetazo
a la era Villalonga, para poner punto y final a una de las etapas más
convulsas y polémicas en los 76 años de la historia de Telefónica.
Durante sus primeros meses en el cargo Aleirta se ha esforzado por mostrar a
los mercados que pretende mantener lo mejor de la era Villalonga; es decir,
la estrategia de crecimiento que tan apreciada es por los inversores. Sin embargo
la política de nombramientos será totalmente distinta. No cometerá
el error de Villalonga de separar de su lado a aquellos altos ejecutivos que
hacen bien su trabajo y que pueden ensombrecer la estrella del presidente. Alierta
tiene claro que sí sus ejecutivos lo hacen bien la compañía
y el propio presidente saldrán beneficiados.
Es un presidente dialogante al que le gusta informarse, hacer preguntas, hablar
con cualquiera que le pueda aportar algo y que trata de establecer canales de
comunicación fluidos con su gente. Al contrario de su antecesor, puede
aparecer en cualquier momento en la cafetería de empleados de Telefónica.
Además, el dinero le preocupa menos que a Villalonga, entre otras razones
porque tiene fortuna privada. Esto quedó demostrado cuando estuvo en
Tabacalera donde durante sus cuatro años de mandato nunca planteó
una revisión de su sueldo como presidente. Esta situación provocó
que algunos de los miembros de su equipo tuvieran un sueldo superior al suyo.
LA NUEVA ESTRATEGIA DE TELEFÓNICA
Es un convencido de la revalorización
permanente de la acción porque es la garantía del crecimiento
y el instrumento decisivo para ganarse a los mercados. Por este motivo recuperó
a Fernando Abril-Martorell como numero dos de la compañía. Abril-Martorell
es uno de los financieros mas respetados de España, tanto por el núcleo
duro como por los fondos de inversiones estadounidenses, sin los que ninguna
multinacional del sector puede aspirar a ganar tamaño.
Para recuperar la maltrecha moral de los trabajadores, desorientados por la
política de rotación permanente de altos cargos aplicada durante
la era Villalonga, Alierta ha echado mano de un veterano de la casa, uno de
esos profesionales de las telecomunicaciones que los próximos a Villalonga
llegaron a calificar como " la Telefónica profunda". Se trata
de Luis Lada, con más de 27 años en la casa, a quién le
corresponde introducir a la compañía en Europa, donde su presencia,
por el momento, es meramente testimonial. Lo hará a través de
los concursos de telefonía móvil multimedia (UMTS). También
se encargará de la salida a bolsa de la filial de móviles que
es la de mayor crecimiento de los últimos años y con un valor
estratégico que todavía resulta difícil de calcular. Asume
así al presidencia ejecutiva de Telefónica Móviles.
La tercera pata sobre la que se apoya la estrategia de Alierta es Internet.
Su primera tarea nada más llegar a la presidencia fue hacer efectiva
la fusión entre la operadora y el portal estadounidense Lycos, que supone
uno de los mayores retos para una empresa europea, porque implica irrumpir en
un mercado dominado por los estadounidenses. La operación fue apoyada
en su día por Alierta, pero había sido negociada de forma precipitada
por Villalonga y estuvo a punto de venirse abajo.
Para resolver esta situación ha nombrado a Joaquim Agut, un ejecutivo
de primer nivel internacional, que hasta su llegada a Telefónica fue
el responsable de General Electric en Europa. Su conocimiento de los mercados
europeos y asiáticos serán determinantes para lograr los objetivos
de la futura Terra-Lycos: consolidar su presencia en Europa (Lycos) y América
Latina ( Terra) y liderar el mercado de Internet en las regiones con gran potencial
de crecimiento, como son Japón, China y otros países de Asia.
Alierta se diferencia también de Villalonga en que el ex presidente de
Telefónica tardó varios meses en tomar decisiones de cierto calado.
El nuevo primer ejecutivo de la operadora, sin embargo, pasó todo el
mes de Agosto trabajando y decidió cuestiones de la máxima trascendencia,
como su apuesta por la licencia UMTS de Alemania, ratificó la fusión
de Terra con Lycos, confirmó la compra de Endemol y decidió una
colocación de capital de TPI. Nadie se esperaba tal agilidad, que pilló
desprevenidos a propios y extraños. A principios de Octubre sorprendió
con otra decisión de calado que habrá meditado cuidadosamente:
la adquisición de las cinco operadoras de móvil que Motorola tiene
en México. Telefónica ha fijado así su nuevo objetivo de
expansión dentro del continente americano. La inversión inicial
prevista por los estrategas de la compañía ascendía a medio
billón de pesetas.
Durante su etapa como consejero de Telefónica no fue un consejero al
uso. Siempre destacó por tomarse muy en serio sus obligaciones en el
consejo, al contrario que otros colegas suyos. Alierta creía firmemente
que sus obligaciones excedían ampliamente de participar en las reuniones
y siempre le gustaba estar muy al tanto de lo que se hacía y se cocía
en el interior de la compañía. Conocía perfectamente los
problemas y a las personas. Esto explica que incluso antes de su toma de posesión
supiese perfectamente con quién podía contar y de quién
debería prescindir, algo que hubiese sido difícil para un presidente
llegado del exterior.
Otra de las patatas calientes que dejó Villalonga a Alierta fue Telefónica
Media, que es la sociedad que agrupa y gestiona todas las participaciones del
grupo Telefónica en el mercado de servicios audiovisuales español
e iberoamericano. Por su implantación geográfica es una de las
principales compañías en el campo de la producción, tenencia
y difusión de contenidos en el mercado de habla hispana y portuguesa.
Entre los principales activos de la compañía en España
destaca su participación en Antena 3 Televisión, Vía Digital,
Grupo Recoletos Onda Cero, Radio Voz, Lola Films y Media Park. Además
controla diversos medios en otros países iberoamericanos, principalmente
en Argentina. Una de las primeras decisiones de Cesar Alierta tras hacerse cargo
de la compañía fue, precisamente, el repliegue de las operaciones
de Telefónica en Miami, donde cerró la filial de medios de comunicación.
La presencia de Telefónica en Miami obedecía tanto a fines estratégicos
como personales de su anterior presidente. Juan Villalonga pasaba allí
gran parte del año por su relación con Adriana Abascal, de la
que tuvo una hija poco antes de dejar la presidencia de la operadora. Adriana
Abascal era viuda del magnate de la televisión mexicana Emilio Tigre
Azcárraga, dueño de Televisa, y no quería vivir en España
por lo que el presidente trasladó muchos de los negocios a Miami.
Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es
UN HOMBRE TRANQUILO
A César Alierta no
resulta demasiado fácil entenderle hasta que no se le conoce con cierta
profundidad, porque es mucho más lúcido de mente que de verbo.
Su risa impresiona, casi asusta, cuando la oyes sabes que es él. Entiende
los flujos de las empresas, las huele y cata a las personas. Capta las estrategias,
sabe leer los informes, es resolutivo y a veces desconcertante. Quienes no le
entienden se desesperan e, incluso, le desdeñan y no perciben que detrás
de una expresión atropellada se encuentra una mente analítica.
Sabe escuchar, almacena información y la procesa con gran rapidez. Puede
salir respondón a nada que le provoquen o pretenden que vaya mas allá
de donde el esté dispuesto a ir.
Es un hombre al que le gusta el campo, el mar, la navegación y el senderismo.
Lector empedernido domina el francés y el inglés. Muy pronto se
zambulló de lleno en las ideas de Adam Smith y el liberalismo económico
y considera que la dimensión del Estado debe ser cada vez más
pequeña.
Es meticuloso y trabajador y le gusta alejarse del despacho y refugiarse en
alguna sala de reuniones de hotel para, en solitario, poner en orden papeles
e ideas antes de despachar con sus colaboradores.