La gestión de
la empresa cambia rápidamente. Los responsables de los recursos humanos
son conscientes de la necesidad de retener a sus trabajadores más cualificados.
Para ello se plantea un giro más humanista en la empresa.
Publicado en noviembre de 2000
La nueva economía
está propiciando un considerable cambio en la forma de gestionar la empresa.
La dirección jerarquizada del ordeno y mando ha dado paso a otra estructura
mucho más flexible, de carácter horizontal, donde se tiene muy
en cuenta el trabajo, y por supuesto, las opiniones de cada individuo como parte
esencial de un colectivo.
Resulta difícil encontrar en las actuales empresas relacionadas con las
nuevas tecnologías la estructura inflexible que existía hace unos
años. Ahora la gestión se comparte y las responsabilidades también.
El jefe sigue siendo el jefe pero ahora sabe que el no es el más importante:
lo importante es el equipo y el resultado del trabajo de ese conjunto de profesionales.
Estos cambios se notan incluso en la forma de relacionarse dentro de la empresa.
En una star-up el jefe se llama Juan o Pedro, igual que el último de
los trabajadores de la empresa. Se utiliza sólo el nombre de pila o el
apellido. Eso de don Fulano o señor director, ha pasado a la historia.
El jefe tiene que demostrar que sabe trabajar y coordinar un equipo, porque
en caso contrario vendrá otro que le sustituya de forma inmediata o su
empresas irá a pique.
En estos últimos años hemos asistido a un importante cambio organizativo.
La organización jerárquico-funcional gestionada en base a los
intereses de áreas o departamentos ha dado paso a otra que está
gestionada por procesos orientados a la satisfacción del cliente. Esta
última se caracteriza por una progresiva autogestión personal
a través del trabajo en equipo. Los responsables de recursos humanos
de las grandes, medianas y pequeñas empresas tienen muy claro que se
hace necesario dar un giro más humanista a la gestión, porque
hay que retener el talento a toda costa y eso se consigue logrando que el trabajador
sea feliz cuando llega a su puesto de trabajo. Por eso, la formación,
la motivación y el desempeño de la labor son los tres pilares
esenciales sobre los que se podría asentar cualquier empresa que se mueva
en el mundo de la tecnología y que quiera salir adelante.
El responsable de recursos humanos tiene que encontrar un punto de equilibrio
entre los intereses económicos de la empresa y las necesidades profesionales
y personales de sus trabajadores. Si no consigue este equilibrio, el trabajador
con más talento tardará poco tiempo en irse a otra compañía,
y no están los tiempos como para andar perdiendo personal cualificado.
Precisamente el teletrabajo se presenta como una de las mejores opciones para
conseguir ese equilibrio entre intereses personales y profesionales de la empresa
y el trabajador. Se trata de una revolución laboral que en España
apenas alcanza a 300.000 personas, pero que va a experimentar un importante
crecimiento en los próximos años.
El teletrabajo permite una mayor coincidencia entre los intereses de ambas partes
y proporciona una mayor calidad de vida al trabajador. Por supuesto, sin olvidar
que un trabajador que desempeña su labor en casa le cuesta menos a la
empresa que otro que tiene que ir a la oficina.
Por ello es necesario, también, que el responsable de los recursos humanos
de la compañía se de cuenta de que el trabajador que está
menos encorsetado, en este caso el teletrabajador, tiene más imaginación
para solucionar problemas y eso, al final, el cliente lo nota.
El teletrabajador puede relacionarse con su empresa a través del método
tradicional del contacto personal, el teléfono o, simplemente, por correo
electrónico o chateo. La principal dificultad para la empresa a la hora
de comparar al trabajador que va a la oficina y al que se queda en casa es,
simplemente, saber aceptar que se pasa de dirigir por presencia a dirigir por
objetivos.