La bolsa está
provocando un cambio en la política retributiva de las empresas debutantes.
La caída generalizada de los valores tecnológicos hace que los
profesionales vuelvan a mirar hacia el salario fijo como la mejor forma de retribuir
su trabajo.
Publicado en noviembre de 2000
El mercado de la Nueva Economía
está registrando importantes cambios cuando todavía no se ha asentado
plenamente en la sociedad. Hace unos meses los ejecutivos y cualquier profesional
que fuera contratado por una start up se peleaba por conseguir parte de su salario
en stock options. Esta situación ha cambiado radicalmente a causa del
pinchazo que han sufrido algunos mercados y por la escasa perspectiva de beneficios
de algunas de estas nuevas empresas que han visto reducida su cotización
en bolsa.
Ahora el ejecutivo empieza a preferir trabajar sobre seguro y garantizarse un
sueldo antes de unas opciones sobre acciones que quizá le reporten más
disgustos que ventajas.
En Estados Unidos, que va muy por delante de los europeos en esto de la Nueva
Economía, los trabajadores han empezado a demostrar su cansancio por
las veleidades a que les somete el mercado cuando disponen de acciones sobre
opciones. Muchos empleados prefieren saber cuánto van a cobrar a fin
de mes y no arriesgarse con especulaciones sobre ganancias inciertas.
Esto demuestra que algunas personas están perdiendo su confianza inicial
en la Nueva Economía; ven difícil conseguir buenos resultados
de forma rápida. Hasta ahora, los mercados habían dado un cierto
margen de confianza a estas empresas, que basaban su estrategia y valor en bolsa
en unas perspectivas de negocio. Pero todo se acaba y el inversor quiere resultados
concretos, situación que ha obligado a muchas de estas compañías
a tomar drásticas medidas entre las que destaca de forma dramática
el despido de una parte de sus plantillas, con el fin de generar beneficios
o acortar el tiempo que se espera que la compañía esté
en pérdidas.
Esta situación de desilusión, que se ha producido en Estados Unidos
y otros mercados avanzados como el británico no ha llegado plenamente
a España, donde todavía se ve con buenos ojos el hechizo de las
opciones sobre acciones, aunque las empresas empiezan a sentir que tienen que
ofrecer a sus empleados algo más tangible que un futuro incierto.
La inestabilidad de las bolsas ha conseguido difuminar ese interés de
los profesionales en las opciones sobre acciones. El rechazo a esta forma de
retribución empieza a ser mucho más amplio entre los profesionales
que trabajan en empresas de Internet que entre aquellos que desarrollan su labor
en la economía tradicional. En la Nueva Economía se está
prefiriendo más dinero en efectivo y menos apuestas en un mercado cada
vez mas arriesgado y exigente.
La exigencia de beneficios a las empresas debutantes demuestra que esta economía
está asentándose de forma firme en el mercado y que empieza a
tener la mismas exigencias que la economía tradicional. Y la principal
de esas demandas es la rentabilidad. Mientras estas sociedades no sean rentables,
sus ejecutivos o trabajadores en general no mostrarán un interés
excesivo en ser retribuidos con stock options.
Por su parte, la política retributiva de estas compañías
también está cambiando y se muestran cada vez más selectivas
a la hora de poner en marcha planes de opciones sobre acciones. Estas firmas
comienzan a determinar con mucha más cautela a qué empleados facilitar
estas opciones que suelen llevar aparejada la condición de que el beneficiario
no pueda abandonar la firma durante un periodo de tiempo determinado.
Estos significa que el trabajador que reciba las opciones debe ser una persona
sobresaliente y esencial para la empresa y ha de tener la suficiente confianza
en el futuro de la misma como para apostar parte de su salario en stock options.
A su vez la compañía debe conseguir salvar las reticencias que
hacen que cada vez sea mayor el número de trabajadores que quieren dinero
contante y sonante.