La crisis de las puntocom
parece haber tocado fondo. Después de unos meses catastróficos
en los que era raro el día que no nos desayunábamos con el fracaso
de una start up, ahora parece que el río vuelve a su cauce. Los inversores
se han dado cuenta de que no todo el monte es orégano y los gestores
reconocen que no pueden hacer de su capa un sayo. Se ha regresado al modo de
gestión de la empresa tradicional, válido también para
las tecnológicas.
Publicado en enero de 2001
Desde mediados del año
2000 hemos presenciado a un cambio sustancial en la concepción de las
llamadas empresas puntocom. Se ha pasado de un periodo de ilusión y expectativas
desmesuradas a otro de aparente excepticismo. Hace un año cualquier empresa
que se pusiese como apellido tecnológica tenía prácticamente
asegurada su financiación. Una firma tradicional que anunciaba un proyecto
en la Nueva Economía veía subir el valor de sus acciones como
la espuma, y todo ello sin explicar en que consistía ese proyecto; bastaba
con anunciarlo. Los duros golpes que ha propinado la bolsa a estas compañías
han cambiado la situación; han caido en la cuenta de que no se puede
vivir de sueños sino de realidades y que hay que generar beneficios a
toda costa en un plazo razonable. Ahora se ve a las puntocom con bastantes reticencias
y les resulta mucho más difícil que a una empresa tradicional
encontrar financiación. La burbuja ha explotado.
Entre finales de 1999 y principios de 2000, las expectativas de las nuevas empresas
tecnológicas fueron creciendo como una bola de nieve, pero se desinflaron
a la misma velocidad. La culpa es un poco de todos porque los inversores han
dado dinero a proyectos sin demasiadas expectativas por el solo hecho de ser
un proyecto puntocom, los directivos de esas empresas no han tenido muchas veces
en cuenta las más mínimas reglas de la economía para gestionar
sus compañías y los medios de comunicación hemos ayudado
a crear un ambiente de euforia desmesurada, que ahora ya no existe.
Tras la experiencia de los últimos meses parece claro que las empresas
de Internet tienen que acatar las reglas de la vieja economía para sobrevivir.
El boom de las puntocom a principios del año 2000 hizo olvidar a muchos
directivos aspectos tan fundamentales en cualquier negocio como son la rentabilidad
y los beneficios. Nos encontramos con que el primer obstáculo para el
desarrollo del negocio electrónico no es, ni mucho menos, la falta de
ideas, sino la poca visión de muchos directivos para aprovechar la ventajas
que ofrece un medio nuevo.
DE LA EUFORIA AL DESENCANTO
Si hace apenas un año
todo eran alegrías en torno a las empresas de tecnología e Internet,
ahora la situación ha cambiado. Se ha pasado del todo a la nada en pocos
meses. Hace un año cualquier proyecto de Internet encontraba más
dinero proveniente de inversores del que pudiera imaginar y necesitar. Ahora
resulta muy difícil que un inversor ponga su dinero en negocios tecnológicos,
y cuando lo hace es bajo unas condiciones muy estrictas. A principios de 2000
todo el mundo creía que era muy fácil ganar dinero en Internet;
a finales de 2000 la gente había comprobado que es mucho más fácil
perderlo.
Hace poco más de un año el secretario del Tesoro de Estados Unidos
con el gobierno Clinton, Larry Summers, afirmaba medio en broma medio en serio
que en la nueva economía estadounidense "un emprendedor puede generar
los primeros 100 millones de dólares antes de comprarse su primer traje".
Algo que hoy suena a escarnio para muchos inversores que han perdido ingentes
cantidades de dinero en las puntocom.
Una vez más el mercado ha dado la razón al presidente de la Reserva
Federal de Estados Unidos, que sirve de referente a las economías accidentales,
quién ha repetido hasta la saciedad la necesidad de que los inversores
tuviesen mucho más cuidado a la hora de destinar ingentes cantidades
de dinero para el desarrollo de unas empresas cuya característica esencial
era la imposibilidad de lograr beneficios a corto plazo. La nueva realidad ha
obligado a muchas firmas a desinvertir y vigilar de forma muy estricta las sociedades
que tienen incubadas, para cortar el flujo de capital si estas no logran despegar.
Además de un endurecimiento sustancial por parte de las sociedades de
capital riesgo para invertir en firmas tecnológicas, los emprendedores
se encuentran con más dificultades para obtener créditos, porque
las entidades financieras se lo ponen cada vez más difícil. De
esta forma hemos presenciado como se reduce considerablemente la liquidez destinada
a los proyectos de la nueva economía. A esto hay que añadir el
gigantesco y grave endeudamiento al que se encuentran sometidas muchas de las
compañías Internet.
LOS PROBLEMAS DE WAP
Durante el último
año el sector tecnológico ha permitido ver la cruda realidad y
hemos comprobado que gran parte de las expectativas creadas luego no se han
cumplido. Así, la economía real ha provocado una corrección
a la baja del volumen de negocio que mueve el comercio electrónico lo
que se ha unido al fracaso del WAP, que es el primer dispositivo móvil
que permite el acceso a la red. Muchas de estas culpas se las llevan las consultoras
que habían avanzado una cifras de negocio que luego no se han cumplido,
lo mismo en Estados Unidos que en el resto de la sociedad occidental.
Por ejemplo, en el caso del WAP, además de otros factores económicos
no hay que olvidar que se han realizado inversiones millonarias en publicidad
para dar a conocer una serie de servicios. Estas prestaciones en la mayoría
de las ocasiones todavía no están al alcance de unos usuarios
que tienen que conformarse con hacer consultas a través del móvil
y enviar mensajes. Esto se debe a que muy pocos portales permiten realizar operaciones
de comercio electrónico. Esta situación ha desilusionado a los
consumidores que no tienen acceso a todos los servicios que les habían
prometido las diversas firmas en sus costosas campañas publicitarias.
La reducción de ingresos sobre las previsiones iniciales han obligado
a muchas firmas a apretarse el cinturón, algo que afecta de una forma
muy especial a las compañías de publicidad, que van a ver ralentizado
su crecimiento, según opinan los expertos del sector. Los más
afectados serán los canales de televisión y los llamados medios
de comunicación urbanos como es el caso de las vallas publicitarias y
la publicidad en emisoras de radio.
A las grandes inversiones en marketing, sin los resultados esperados, se ha
unido un segundo problema, más grave aún que el primero: muchas
de estas puntocom han estado o están gestionadas por gente poco profesional,
personas que tienen una idea y creen saber como llevarla a cabo. Pero una cosa
es pensar y otra muy distinta gestionar, porque para gestionar hay que seguir
unos criterios de rentabilidad.
Algunos analistas, más cautos ahora que a principios de 2000, afirman
que las consultoras se han equivocado en sus predicciones por una cuestión
de tiempo. Estas previsiones están desfasadas en el tiempo y se irán
cumpliendo dentro de unos años, pero no dentro de unos meses como se
dijo en un principio. El hecho de que no se hayan cumplido algunas de estas
expectativas de negocio en el B2B se debe a que muchas empresas no han sido
capaces de reducir costes a través del servicio online y se han limitado
a duplicar sus canales, en un mercado como el de Internet que todavía
no cuenta con la suficiente masa crítica como para animar a las compañías
a apostar por el negocio online.
Otro de los problemas con que se han encontrado las puntocom ha sido la falta
de infraestructura necesaria para cumplir sus compromisos. Muchas empresas se
han dedicado a hacer ofertas muy interesantes pero luego no han sabido entregar
al comprador el producto en el tiempo establecido, lo que ha creado una gran
desconfianza y malestar en el usuario que se lo piensa dos veces antes de arriesgarse
a que su regalo no llegue a tiempo y se decide por visitar el comercio tradicional.
A esto se añaden los largos formularios que hay que rellenar cada vez
que queremos comprar en una tienda; y todo ello sin olvidar que cuatro de cada
cinco intentos de compra a través de Internet no llegan a materializarse
por abandono del comprador que se aburre de los problemas que se surgen en las
tiendas virtuales, muchas de las cuales tienen sus sitios web muy mal organizados.
QUIEBRAS EN TODO EL MUNDO
La primera quiebra sonada
de una empresa puntocom fue Boo.com dedicada, principalmente, a la venta de
ropa deportiva. La gestión realizada por sus directivos merecería
estar en los libros de texto para que los estudiantes aprendan lo que nunca
se debe hacer en una empresa a no ser que se pretenda llevar a esa compañía
a la quiebra. Sin embargo, Boo.com no había sido la primera, antes habían
caído otras como Healthshop.com o Reel.com. Y tampoco fue la última.
Meses después el portal británico Breathe.com quebraba y se ponía
en manos de la consultora PriceWaterhouseCoopers para que le buscase un comprador.
Breathe.com era el quinto proveedor de acceso en importancia en el Reino Unido
y quebró ante la imposibilidad de obtener financiación. Breathe.com
acumulaba una deuda de 50 millones de libras que traducidas a pesetas asciende
a 13.000 millones.
También Yupi.com, una red de sitios en español, ha pasado dificultades.
La empresa se ha visto obligada a despedir a 170 trabajadores y ha cerrado sus
filiales de Bogotá, Buenos Aires, Quito, México y Madrid, donde
despidió a 9 de sus 10 empleados. Su plantilla quedó reducida
a 90 personas, la mayoría de ellas ubicadas en su sede de Miami.
En total, durante el año 2000 alrededor de 130 empresas de tamaño
medio o grande han echado el cierre en Internet. Una de ellas ha sido Letsbuyit.com,
especializada en aglutinar demandas comerciales de diversos usuarios para conseguir
más poder de negociar los precios con los proveedores. La mayoría
de estos cierres los han provocado gestiones desastrosas que se basaban en unos
planes de negocio sin fundamento más cercanos al mundo de los deseos
que de la realidad. Un 60 por ciento de las empresas de Internet que han tenido
que cerrar se dedicaban al comercio electrónico, según un estudio
realizado por Webmergers.com, que señala que "las causas de la crisis
hay que centrarlas en el retraso de la llegada de la rentabilidad al sector
y en las fuertes inversiones realizadas.
La crisis ha afectado de forma especial a las pequeñas y medianas empresas,
que no cuentan con la suficiente infraestructura y capacidad económica
como para aguantar el tirón. Sin embargo, paradójicamente, son
las mejor posicionadas porque las que ya actúan en la economía
tradicional tienen un sector del mercado muy concreto al que dirigirse y saben
como hacerlo. Ahora solo es necesario trasladar el modelo de negocio a la economía
digital respetando las características específicas de este nuevo
medio.
Eso es lo que hizo más o menos Carlos Barrabés, creador de Barrabes.com
una tienda virtual dedicada a la venta de material deportivo que surgió
como complemento de una tienda familiar en Huesca. Barrabés afirma que
"algunos negocios de B2C se han gestado sobre expectativas infundadas,
a las que siguieron sueldos desorbitados e inversiones publicitarias que superaban
la propia capacidad de la empresa, decisiones que en un negocio tradicional
nunca se hubieran llevado a cabo".
¿QUÉ HA PASADO EN ESPAÑA?
En España, uno de
los más claros ejemplos del cambio que se ha producido en la Nueva Economía
ha sido Ecuality. Se trata de una empresa que suspendió pagos a finales
de Diciembre de 2000 y que en año y medio pasó de ser pionera
y representante indiscutible de la carrera fulgurante de las puntocom españolas,
a convertirse en el principal ejemplo de su veloz y dura caída.
El hundimiento de Ecuality resume el fracaso del negocio del comercio electrónico
en España. Esta era la compañía que, según los analistas,
tenía más futuro dentro del B2C y ha sido victima de falsas expectativas
de negocio que no han permitido hacer los adecuados planes al equipo gestor.
Claro que los gestores no se pueden ir de rositas porque ellos son los últimos
y máximos responsables del desastre.
El caso de Ecuality podemos explicarlo, al menos en parte, por los enormes gastos
de promoción, expansión y marketing que generó con el fin
de hacerse un hueco en el mercado nacional; errores promovidos por el equipo
de gestión de una sociedad que llego a la suspensión de pagos
con un activo de 5.000 millones de pesetas y un pasivo de 4.000, lo que representa
un patrimonio neto de 1.000 millones de pesetas.
Ecuality ya había tenido un primer aviso de los problemas que se podría
encontrar en las navidades de 1999. Los clientes de su tienda Alcoste.com tuvieron
problemas para recibir sus encargos a tiempo para el día de Reyes de
2000. Esta tienda dedicada a la venta de libros y música dejó
a muchos de ellos en la estacada y eso no se perdona. Su gran error fue ofrecer
unos productos a buen precio y no disponer de la suficiente logística
para llevarlos a casa de los clientes en el plazo convenido. Y todo ello a pesar
de que Ecuality contaba con la financiación necesaria porque, durante
meses, fue el baluarte de los negocios online en España. La empresa había
demostrado que un grupo de emprendedores con buenas ideas era capaz de captar
más de 3.000 millones de pesetas en su primera ronda de financiación.
En nuestro país se convirtió rápidamente en uno de los
modelos a seguir en el campo del comercio electrónico; era la envidia
de la competencia y una de las firmas más deseadas para conseguir empleo.
Hasta que llegó la cruda realidad y todo se fue a pique.
La suspensión de pagos de Ecuality ha puesto en estado de alerta al resto
de las puntocom españolas. Netjuice, que es una de las mas veteranas
en el mercado se ha aplicado el cuento y, por el momento, ha anunciado que paraliza
todos sus proyectos en Iberoamérica con el fin de reducir inversiones
y también riesgos.
Otro ejemplo de España es el caso de Terra, que durante el mes de marzo
de 2000 llegó a cotizar a 155 euros por acción, mientras que a
finales de año su cotización rondaba los 11 euros, y todo ello
a pesar de que Terra es, casi con toda seguridad, una de las pocas empresas
del sector que parece tener asegurada su viabilidad.
Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es
LAS PUNTOCOM PASAN EL EXÁMEN DE NAVIDAD
Las empresas puntocom se
jugaban mucho estas pasadas navidades. Después de la experiencia del
año anterior cuando todo había prever una explosión del
comercio electrónico, en esta ocasión se ha ido con más
cuidado. No se han cometido grandes errores como en la anterior campaña,
cuando muchos clientes se quedaron sin su pedido para el día acordado.
Ahora la logística ha pasado a primer plano por encima de otras muchas
consideraciones; muchas empresas prefieren perder dinero o ganar sólo
para cubrir costes en ciertos pedidos antes que quedar mal con el cliente y
perderlo para siempre.
Los usuarios han sido mucho más cuidadosos y han elegido compañías
que les ofrecían seguridad, porque no olvidemos que el comercio electrónico
se basa en la confianza mutua cliente-vendedor.
Durante este periodo de tiempo se esperaba una facturación que supusiese,
al menos, la cuarta parte del total de año. Algo que han conseguido empresas
como Viaplus.es, que en Navidad registro 8.000 pedidos por un valor de 250 millones
de pesetas, la cuarta parte de su facturación durante todo el ejercicio.
Todotoys.com, una tienda electrónica dedicada a los juguetes logró
7.500 pedidos, con un volumen de facturación de cien millones de pesetas,
lo que ha cubierto las expectativas de los directivos, que no se van a dormir
en los laureles; este portal de juguetes tiene que seguir vendiendo todo el
año, por eso a partir de ahora sus esfuerzos se van a centrar en la tienda
de artículos para el bebé, lo que les permitirá resistir
los periodos en los que los juguetes no se venden demasiado.
Por su parte, Submarino.com, tienda virtual dedicada a la venta de libros, discos
y ocio en general ha superado sus expectativas al haber recibido 9.300 pedidos
por un valor de 125 millones de pesetas. Según la empresa, el 97 por
ciento de estos pedidos fueron servidos en el plazo previsto. Unas buenas cifras,
aunque habría que preguntar la opinión de ese tres por ciento
que no recibió su producto en el tiempo convenido.