LOS BANCOS PIERDEN DINERO EN INTERNET

Las estrategias de las entidades financieras para hacerse un hueco en el mercado de Internet ha provocado que ofrezcan productos que no les reportan beneficios. Y todo para conseguir más clientes en la Nueva Economía.
Publicado en diciembre de 2000

La política de captar clientes de las entidades financieras en Internet esta favoreciendo de forma muy clara a los ahorradores que encuentran en las cuentas corrientes y en los depósitos virtuales unas rentabilidades superiores a las ofrecidas en las sucursales tradicionales. El interés de las entidades por hacerse un hueco en el mercado on line ha provocado la aparición de jugosas ofertas que ocasionan perdidas en unos bancos que se han topado de bruces con la imperiosa necesidad de posicionarse en la banca electrónica.

El ahorrado se encuentra así con una situación excepcional que le permite sacar a su dinero una rentabilidad hasta ahora impensable. Esta tan claro que algunos bancos pierden dinero que Uno-e decidió en su momento limitar a cinco millones de pesetas la cantidad que se puede colocar en uno de sus depósitos con el fin de limitar las pérdidas por cliente. En casos como éste se ofrecen rentabilidades superiores a las que las propias entidades pueden lograr colocando el dinero en el mercado interbancario, donde los tipos de interés son más bajos que los que ellos ofrecen.

Muchos bancos han modificado radicalmente sus productos tradicionales. Eso es lo que ha ocurrido con entidades como Uno-e y Patagon-Open, que han sido creadas exclusivamente para la banca electrónica. Otros como e-bankinter apenas han tenido que hacer pequeñas modificaciones a su oferta tradicional. Todos ellos tienen muy claro que el gran enemigo a batir no son los bancos nacionales, sino la gran banca internacional; una experiencia que ya tuvieron en la banca tradicional.

La falta de beneficios unido a las pérdidas ha provocado cierta decepción en las altas esferas de los grandes bancos españoles porque, a pesar de las magníficas ofertas, los españoles seguimos pegados a las formas tradicionales de llevar a cabo las operaciones bancarias: sucursales, cajeros automáticos o teléfono. Las principales causas de este fracaso temporal de la banca virtual en nuestro país podemos encontrarlas, al menos en parte, en la desconfianza que nos suscita dar nuestros datos a través de Internet, la baja penetración de la informática en los hogares y la escasez de los productos y servicios ofertados.

Los bancos necesitan hacerse con parte de la tarta de este nuevo mercado y para ello no han reparado en gastos promocionales. Pero quizá uno de los problemas que han dificultado la penetración de este sector haya sido precisamente que las promociones y campañas publicitarias se han dirigido a un mercado on line maduro en vez de dirigirse a un sector novedoso y todavía bastante alejado de la percepción de muchos ciudadanos a quienes, a la hora de poner su dinero en un depósito, les gusta ver la cara del comercial o, al menos, oír su voz.

Y a estos problemas se añade la cuestión de la seguridad. Las operaciones por Internet son percibidas como poco seguras por la mayoría de los ciudadanos. Una desconfianza que se acrecienta cuando se producen situaciones como el atraco cibernético sufrido hace unos meses por el banco británico Egg. Esta situación dejó en evidencia las medidas de seguridad de la banca electrónica.
Tanto los expertos en seguridad como las empresas implicadas afirman que hay que medir el tema de la seguridad en sus justos términos y que no se cometen más delitos en Internet; son los mismos delitos de siempre, pero en un medio distinto. El problema no radica tanto en la delincuencia informática como en la falta de inversión en seguridad por parte de las empresas.

Resulta difícil pasear por un centro comercial con una tarjeta de crédito en el bolsillo sin caer en la tentación de utilizarla. Sin embargo, en Internet los posibles consumidores se lo piensan dos veces antes de adquirir cualquier producto. La Red es el centro comercial más grande y surtido del mundo, y está llena de gente que pasea por sus escaparates con grandes reticencias a la hora de facilitar su tarjeta de crédito.

Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es