Los tiempos cambian y
la vida cada vez está mas difícil. Al menos la vida on line. Hasta
hace poco más de un año, todo aquello que sonara a Internet encontraba
financiación sin excesivas dificultades. Tanto los inversores como los
gestores estaban dispuestos a pagar astronómicas cantidades de dinero
y a invertir sin demasiados miramientos en campañas publicitarias con
la única intención de atraer visitas a su sitio de Internet. Ahora
todo es diferente porque le hemos visto las orejas al lobo.
Publicado en julio de 2001
Unos meses atrás
la publicidad online era la máxima expresión de las bondades de
la nueva economía, y el banner se había convertido en el rey de
todo ese proceso. Sin embargo, las cosas han cambiado y los expertos coinciden
ahora en señalar que hay que buscar nuevas fórmulas, porque tanto
la publicidad online como el banner se han mostrado incapaces de hacer rentable
un sitio web. Y no olvidemos que la rentabilidad es el objetivo número
uno de cualquier negocio. La situación ha obligado a experimentar con
nuevas posibilidades como pueda ser el patrocinio, la esponsorización
o el cobro por servicios o contenidos.
Algunos expertos consideran que basar un negocio en el número de usuarios
y los ingresos publicitarios ya no es rentable, y hay que buscar otras vías
para mejorar la cuenta de resultados.
Hasta ahora el negocio en Internet se había presentado como algo atípico
porque generaba un beneficio para el usuario que pagaba un tercero: el anunciante.
Ahora, lo que se pretende es que cada uno pague por los beneficios que reciba,
o al menos por parte de esos beneficios. Quienes apuestan por esta formula consideran
que cobrar por sus servicios permitirá aumentar los ingresos y, a su
vez, se hará posible una mejora de esas prestaciones.
En estos momentos, las puntocom están buscando desesperadamente alternativas
viables que les saquen del túnel al que se han visto empujadas por la
crisis financiera y publicitaria que ha vivido Internet en los últimos
meses. Las firmas piensan que ha llegado el momento de hacer caja, y tanto las
grandes como las pequeñas compañías se plantean cobrar
por sus servicios como única fórmula para capear el temporal de
una recesión que amenaza su superviviencia.
¿CÓMO DEBEN SER ESOS SERVICIOS DE PAGO?
El problema surge precisamente
al plantearse esos servicios de pago, porque las diversas partes implicadas
en el proceso no se acaban de poner de acuerdo y no coinciden en las características
que deben tener. Sin embargo, buscando un punto intermedio de las diferentes
opiniones se podría decir que ese servicio de pago, para que tenga éxito,
debe ser nuevo, orientado a profesionales y con un alto valor añadido.
Claro que en eso no todo el mundo está de acuerdo, porque algunas empresas
que han prestado sus servicios de forma gratuita empiezan a cobrarlos y parece
que la cosa funciona. Claro que han tenido que aportar un importante valor añadido
a lo que ofrecían antes de cobrar porque en caso contrario la gente no
estaría dispuesta a pagar por lo mismo que antes recibían de forma
totalmente gratuita.
En realidad lo primero que hemos apreciados es un cambio de mentalidad en los
sitios web, algo que todavía no ha ocurrido con los usuarios. El cobro
de contenidos no ha tenido excesivo éxito porque se lleva poco tiempo
en el empeño y porque el usuario de Internet está acostumbrado
a recibir todo gratis, excepto la factura telefónica y la cuota de conexión
a la Red. El usuario tiene la percepción de que los contenidos que se
le ofrecen actualmente les resultan muy baratos a quienes los facilitan, por
lo que consideran que estos deben ser gratuitos. Opinión que por supuesto,
no comparten los proveedores de contenidos y servicios.
Por su parte, los creadores de contenidos de alto valor han decidido mantener
sus productos fuera de Internet por temor a que se copien y distribuyan ilegalmente,
lo que les supondría un elevado perjuicio económico.
En el punto intermedio nos encontramos con aquellos que han decidido poner sus
contenidos en la red y venderlos. Evidentemente no se cuelga el total de los
contenidos sino una parte o referencia de los mismos. Aquí el problema
es la escasa rentabilidad en la venta de contenidos de exiguo valor: los costes
que tiene el vendedor al hacerse una transacción mediante tarjeta de
crédito son demasiado elevados. Las comisiones destruyen el escaso margen
de venta a través de Internet y pueden llegar a ocasionar pérdidas.
Los profesionales que gestionan los portales en Internet tienen muy claro que
la publicidad sólo es una buena solución para aquellos sitios
que tienen un considerable número de visitas, en caso contrario lo que
hay que conseguir es que el visitante esté dispuesto a pagar por unos
contenidos. Es probablemente el único mecanismo que podrá evitar
la quiebra de muchas de las empresas puntocom que están en la Red y ofrecen
sus contenidos. Precisamente esos contenidos serán de mayor calidad cuando
se pague por ellos, porque se podrá dedicar más tiempo y medios
a su elaboración.
¿CÓMO COBRAR LOS SERVICIOS?
El cobro online de los servicios y contenidos, tiene varias opciones. Una
de ellas es la suscripción, que consiste en cobrar de forma periódica
una cuota. Hasta ahora ha sido la fórmula más utiliza de venta
de contenidos. Es una buena fórmula para generar ingresos anticipados,
porque los suscriptores pagan por adelantado. En estos casos el precio suele
ser lo suficientemente elevado como para que no suponga ningún problema
cobrar a través de tarjeta de crédito, que lleva unas considerables
comisiones bancarias.
Una segunda opción es el pago por uso. Aquí el proveedor de contenidos
cobra una cantidad, generalmente pequeña, por permitir ver o utilizar
durante un periodo de tiempo limitado un producto o servicio. Este sistema tiene
una gran ventaja y un importante inconveniente. La ventaja es que el usuario
suele estar más habituado a pagar por contenidos concretos. El inconveniente
es que, por el momento, no se dispone en el mercado de un estándar para
efectuar estos micropagos.
La tercera posibilidad es la venta completa, que consiste en cobrar una cantidad
por permitir bajarse al disco duro un servicio o contenido. Una vez abonada
la cantidad el cliente podrá usar el producto cuantas veces quiera. Sin
embargo, en este apartado hay algunas limitaciones importantes. Por ejemplo
en el caso de los libros electrónicos, e-book¸ sólo se permite
bajar ese producto en una ocasión y a un ordenador determinado porque
si no se podría duplicar el contenido tantas veces como se quisiese y
la piratería podría actuar sin problemas.
En cuarto lugar nos encontramos con la posibilidad de mantener la gratuidad
de los contenidos y que sea una tercera persona o empresa la que pague. Se trata
de obtener ingresos a partir del patrocinio por parte de otro, que no paga ni
el proveedor de contenidos ni el usuario.
DIFERENTES POSIBILIDADES
Esto de cobrar ya se ha puesto en práctica en algunas de las grandes
puntocom. Un buen ejemplo de ello es Amazon que sigue teniendo grandes pérdidas
económicas. Para evitar parte de esos malos resultados los responsables
de la mayor librería virtual del mundo han optado por le método
tradicional de despedir personal, pero también han decidido cobrar por
algunos de sus servicios. De esta forma, la firma ha comenzado a cobrar, por
ejemplo, por la colocación de libros en un buen lugar de la web. Es lo
mismo que ocurre en los hipermercados, dónde se cobra diferente precio
por colocar los productos en un buen o mal lugar.
Otra opción es la de Yahoo, que ha puesto en marcha un servicio instantáneo
de información de las cotizaciones bursátiles. Yahoo cobra una
cantidad a todas aquellas personas que quieran recibir esa información
en tiempo real. Esa misma información se facilita de forma gratuita a
cualquier persona que la solicite, pero con quince minutos de retraso.
Terra es otro buen ejemplo de la nueva política de cobros. Desde hace
varias semanas ofrece sitio para colgar tiendas electrónicas por 9.995
pesetas mensuales. Además, ha cambiado la política de su tarifa
plana. Hasta hace un par de meses los usuarios podían conectarse a la
tarifa plana de Terra desde cualquier lugar de España, pero ahora se
exige que la conexión se realice desde un número de teléfono
determinado, por lo que quien quiera conectarse desde dos lugares diferentes
tendrá que pagar dos cuotas. Es una forma de conseguir más ingresos,
aunque los responsables de Terra afirman que el cambio se debe a la nueva legislación
que obliga que las conexiones a Internet se realicen a través de un teléfono
908.
CAMBIAR LA MENTALIDAD DEL PÚBLICO
El problema que ahora se
plantea es que la gente está acostumbrada a la gratuidad y piensa que
el proveedor de servicios se financia a través de publicidad. Las empresas
de Internet se ven en la obligación de moverse para buscar dinero, aunque
sólo generarán ingresos aquellos servicios que gusten mucho o
sean muy necesarios. A este respecto hay que tener muy en cuenta la opinión
del internauta, que es fundamental a la hora de que una empresa decida cobrar
o mantener la gratuidad de sus diferentes servicios o contenidos. Por el momento
las encuestas demuestran claramente que los consumidores muestran reticencias
a la hora de pagar por contenidos en Internet; siete de cada diez están
en contra.
A diferencia de los medios
tradicionales, los contenidos digitales no se limitan a informaciones textuales
o gráficas elaboradas periodísticamente. El contenido digital
incluye también otros elementos como bases de datos, animaciones, informaciones
numéricas que se cruzan y archivo de sonido e imagen, entre otros. Esto
se traduce en un proceso de distribución más rápido y en
una capacidad superior de manipulación y explotación. A esto hay
que añadir otra característica hasta ahora prácticamente
inexistente: estamos ante contenidos multiplataforma. Todos estos contenidos
se pueden distribuir, después de las correspondientes adaptaciones tecnológicas,
en cualquier soporte como ser web, wap o Palm Pilot.
Leer el periódico, escuchar música y otros muchos servicios de
Internet nos han habituado a disfrutar de la Red gratuitamente. Son servicios
por los que en el mundo real pagamos ciertas cantidades de dinero y que hasta
ahora nos ha sido ofrecido sin coste alguno en la Red. Pero la rentabilidad
va a obligar al cambio de estos hábitos.
Parece que el único secreto es que el precio sea asequible, porque si
el producto no es caro y aporta un valor añadido tendremos ganado un
buen trecho del camino.
¿QUÉ OCURRE EN ESTADOS UNIDOS?
En Estados Unidos, como
de costumbre, van muy por delante con respeto a Europa en el cobro de servicios.
Algunos medios impresos abandonaron su cautelas hace más de dos años
y obligan a pagar por ojear sus páginas digitales. New York Times, USA
Today y Wall Street Journal son los pioneros más conocidos, aunque les
han seguido otros muchos. En unas ocasiones se trata de vender el acceso al
formato digital y otras veces la hemeroteca digital. En cualquier caso a estos
medios se han ido añadiendo otros aún más especializados
como, por ejemplo, el servicio de noticias diarias y personalizadas de la agencia
PR Newswire.
La suscripción anual a Wall Street Journal¸ cuesta 59 dólares,
30menos que lo que deben pagar los clientes de la edición impresa. New
York Times no cobra por entrar en la edición digital, y ha basado parte
de su negocio en el cobro de las consultas de sus archivos. En ese caso el coste
es de 1,5 dólares por artículo seleccionado.
Algo parecido ocurre con Los Angeles Times, la revista Forbes o Le Monde Interactive,
por citar sólo algunos casos, y que cobran por consultar los textos de
sus archivos.
Lógicamente estas empresas antes de sacar a la venta todos o parte de
sus contenidos se lo habrían pensado mucho y habrán estudiado
cuidadosamente la cantidad a pedir, porque cualquier proveedor de contenidos
debe valorar, en primer lugar, la utilidad del producto, porque cuando más
útil sea para el usuario más valor tendrá para este y más
posibilidades habrá de que esté dispuesto a pagar por él.
Un segundo aspecto a tener en cuenta es la especialización, ya que a
mayor especialización mayor valor. La actualidad es el tercer punto a
considerar pues cuanto más actual sea más valdrá. La cuarta
cuestión es la vida útil de ese producto o contenidos, porque
si su vida es duradera su valor será mayor, por regla general. Sin embargo,
en este aspecto igual que en el anterior hay que pensar que algunos contenidos
son valiosos precisamente por lo efímero de su duración, es lo
que ocurre con la información bursátil, muy actual pero extremadamente
perecedera.
Una última cuestión es el número de usuarios que van a
servirse de ese contenido, porque no es lo mismo vender ese contenido a un usuario
individual que a uno múltiple. Además, si a un usuario se le concede
exclusividad sobre ese contenido, o ha sido elaborado especialmente para él,
ese producto tendrá un valor mayor.
Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es
LA SEGURIDAD DE LOS PAGOS
Uno de los problemas que surgen a la hora de efectuar micropagos es la seguridad.
La gente sigue teniendo miedo a dar su número de tarjetas a través
de Internet y, además, las comisiones bancarias pueden resultar excesivas.
Para este problema ya se están aplicando soluciones. La empresa Qpass
ha presentado una solución sencilla que minimiza las comisiones bancarias.
El usuario sólo tiene que abrir una cuenta en esta empresa con su tarjeta
de crédito, y posteriormente, cuando visite alguna web asociada a este
sistema podrá comprar los contenidos que considere oportunos. Qpass facilita
un código de acceso que es en el que se cargan los costes generados por
las compras y a fin de mes se pasa el cargo de todo lo consumido por el cliente.
Esto hace que los costes de comisiones bancarias nos sean tan gravosos como
si cada vez que se hace un cargo hubiese que pagar. Se trata de un sistema que
sería un buen estándar y que está siendo utilizado por
Wall Street Journal y New York Times.
Por supuesto, para que estos u otros sistemas de pago sean rentables hay que
conseguir fidelizar al cliente. De momento nos encontramos con el problema de
que es número de usuarios que podrían llegar a convertirse en
clientes todavía es escaso, por lo que primero hay que crear en ellos
unos hábitos y necesidades que permitan que, más adelante, estén
dispuestos a pagar por esos servicios. Y por supuesto garantizarles la seguridad
en sus transacciones, ya se trate de considerables cantidades de dinero o simples
micropagos.