Las grandes empresas
están empezando a plantearse un cambio de estrategia en la seguridad.
Ya no les basta con tener a los más cualificados expertos del mercado,
hay que buscar en otros sitios para contratar a los mejores. Los hackers empiezan
a estar de moda.
Publicado en noviembre de 2000
Durante los últimos
meses hemos asistido a un curioso fenómeno que está poniendo en
los altares a personas que hasta hace poco eran consideradas poco menos que
apestados de Internet. Los hackers han conseguido hacerse un nombre y muchas
grandes empresas se pelean por sus servicios. Uno de los últimos casos
conocidos es el del creador del virus I Love You que, después de provocar
decenas de miles de millones de euros en pérdidas a gobiernos, empresas
y particulares de todo el mundo, ha sido contratado como parte del equipo de
seguridad de una empresa.
Se trata de luchar contra la inseguridad informática a cualquier precio
y con las mismas armas que tienen quienes intentan asaltar, espiar o destruir
equipos del gobierno o de compañías rivales. Y desde luego nadie
mejor para hacer ese trabajo que quienes antes se ha dedicado a estudiar todos
los aspectos relacionados con la seguridad en la Red, para intentar saltarse
esos sistemas de seguridad que ahora defienden.
El hacker es una persona que es feliz explorando los detalles de sistemas programables,
que programa de forma entusiasta, en ocasiones de forma obsesiva, y que disfruta
del reto intelectual de sobrepasar con creatividad las limitaciones que imponen
empresas y particulares. Pero no debemos olvidar que un hacker es también
un entrometido malicioso que intenta descubrir información sensible hurgando
en sistemas ajenos.
Con estas dos definiciones vemos claramente, que como afirma el dicho popular,
que todo es según el color del cristal con que se mire. Y está
claro que ahora al hacker se le mira con un cristal que pretende demostrar sus
virtudes en vez de sus miserias.
La seguridad es necesaria y por eso se recurre a los hackers, porque la nueva
economía exige que las empresas se organicen en redes y esto provoca
problemas de seguridad. La empresas se ve obligada a ampliar los puntos de entrada
en sus redes y eso es precisamente lo que aumenta su vulnerabilidad. La integridad
de la firma no sólo puede ser atacada por hackers, sino también
por crackers, que generalmente buscan un beneficio económico en sus acciones,
o por empresas de la competencia. Lo mismo ocurre con los gobiernos, que guardan
la información sensible en sus sistemas informáticos mientras
intentan descubrir la información de otros países.
La presencia de hackers con fines políticos la estamos comprobando estos
últimos días como consecuencia de los enfrentamientos entre palestinos
e israelíes. Los enfrentamientos físicos, que provocan muertos
y heridos, han dado paso a la guerra digital. Los palestinos han empezado a
hacer uso de la intifada informática. Cientos o miles de estudiantes
palestinos, de diversos países árabes, han atacado puntos estratégicos
de Israel. Uno de los casos más llamativos ha sido el de la firma israelí
Netvision, que en pocas horas recibía miles de llamadas de usuarios por
el colapso que sufrió su servicio de correo electrónico.
Es una forma más
de lucha política.
La prueba de la importancia de los hackers en esta estrategia de seguridad la
ha demostrado el propio presidente de Estados Unidos. Bill Clinton acudió
a una reunión con responsables de las más importantes empresas
informáticas del mundo para tratar cuestiones de seguridad, acompañado
de un antiguo hacker, ahora reconvertido.
En estos momentos todas las previsiones apuntan a que el sector de la seguridad
informática experimentará una explosión en los próximos
cinco años. Algunos rebajan esta cifra hasta los dos o tres años.
Ahora las empresas empiezan a darse cuenta de que cada vez han que cuidar más
la información sensible que afecta a esas empresas o sus clientes, y
para ello hay que contratar a los mejores. Y los mejores, son quienes antes
se han dedicado a romper esos sistemas de seguridad. Saben cómo se hace
y como evitarlo.
En la actualidad se buscan hackers, pero no para llevarlos encadenados a la
cárcel, sino para contratarlos, en ocasiones por sueldos millonarios.
El hacker, por su parte, se encuentra como pez en el agua, porque le pagan por
hacer lo que siempre ha querido: curiosear en redes y ordenadores.
Los hackers provienen del submundo informático y lo que las empresas
pretenden es aprovechar sus conocimientos y su entrega como personas que son
apasionadas por el mundo de la seguridad. Las empresas tienen muy claro que
la capacidad de aprendizaje y de entrega de un hacker es difícil de encontrar
en otros profesionales.
Juan Manuel Romero
romero.j@apmadrid.es