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¿Qué
libros deben leer nuestros hijos en verano?
José
Javier Ávila, orientador familiar: "Los padres y educadores
debemos fomentar el interés por la lectura"
Niños
y jóvenes deben seguir leyendo durante las vacaciones de verano
¿Cómo encontrar
el equilibrio entre su obsesión por la tecnología y la necesidad
de que lean?
No
siempre son lecturas más ligeras. En verano leemos lo que tenemos
pendiente del resto del año
¿Puede
perjudicar una mala postura al leer a nuestra salud?Los ciudadanos carecen
de una información adecuada
¿Qué
libros deben leer nuestros hijos en verano?
Ha llegado el verano y los padres nos encontramos en la necesidad de conseguir
que nuestros hijos utilicen el tiempo de forma saludable. Y nada mejo
que un buen libro. No se trata de que se pasen el día leyendo,
pero sí que pasen un buen rato cada día disfrutando de una
buena novela o cualquier otro género literario.
En esta época
estival los libros no deben ser una imposición sino un placer para
los chicos. Ellos deben elegir, bajo la supervisión paterna, lo
que quieren leer. Pero los padres tienen que lograr que lean, porque si
no se pone cierta firmeza en esta actividad los chavales preferirán
irse a la calle con los amigos o a la piscina: porque ellos no se dan
cuenta de que hay tiempo para todo. Muchos piensan que como han aprobado
todas las asignaturas tienen derecho a no hacer nada durante tres meses,
algo que es contraproducente de cara al próximo curso.
Para hablar sobre estas cuestiones ALBA se ha puesto en contacto con diversos
profesionales e instituciones, con el fin de que nos den unas pautas a
seguir durante estos meses. Así, para saber las lecturas más
recomendables durante el verano, el Servicio de Orientación Universitaria,
Universidad CEU - Cardenal Herrera, señala que "serán
aquellas que, en sus contenidos, se acerquen en mayor medida a la maduración
propia de cada momento evolutivo, y estén más vinculadas
a los intereses particulares de cada edad".
Hay diferencias sustanciales en los diferentes tramos de edades. Los más
pequeños, por ejemplo, estarán aún centrados en historias
que no les alejen en exceso de su propia vida cotidiana, aunque introduzcan
algunos elementos de fantasía. Pero más adelante, según
señalan desde esta universidad, se tienen en cuenta aspectos relacionados
con "el desarrollo de sus propios hábitos y aficiones, que
representarán intereses especiales que podrán tener su reflejo
en las lecturas. Y los más mayores, cuyas competencias cognitivas
estarán mucho más desarrolladas, podrán afrontar
lecturas más complejas y diversas".
La lectura según
la edad
Además de estar centrada en sus intereses, es imprescindible adecuarse
al nivel de comprensión lectora de cada niño, para permitirles
tener experiencia de autoeficacia mientras lee, y conseguir que esa lectura
sea para ellos una experiencia positiva. El Servicio de Orientación
Universitaria, Universidad CEU - Cardenal Herrera, recuerda que, "por
otra parte, hoy en día todas las editoriales de literatura infanto-juvenil
proporcionan indicaciones de adecuación por niveles que es importante
consultar".
Los niños más pequeños prefieren libros más
próximos a su propia vida, con algún elemento fantástico,
pero que les acompañen, de cierta manera, en los pequeños
logros que necesitan conseguir. "Los más mayores se decantan
por libros acerca de sus intereses personales, y aquellos que les proporcionan
de algún modo un apoyo en su proceso de crecimiento, bien sea permitiéndoles
la identificación con el protagonista de la historia, la resolución
de algún conflicto que ellos mismos puedan estar viviendo, o el
desarrollo de su imaginación" señala este Servicio
de Orientación Universitaria.
No obstante, a veces encontramos que, sobre todo los más mayores,
también se dejan llevar por las modas literarias del momento, y
será ahí donde los padres tengan que poner un interés
especial en asegurarse de que la lectura tiene el contenido y la calidad
adecuados.
¿Debemos
imponer las lecturas?
Los especialistas en educación consideran que, en principio, no
se deben imponer las lecturas de los hijos, sino guiarlas. Esa es la opinión
de Pablo Gil, profesor de enseñanza media y asesor familiar. Gil
considera que no se deben "imponer las lecturas, sino más
bien encauzarlas con habilidad y un poco de mano izquierda por nuestra
parte. Si alguna vez vemos que cae en sus manos un libro desaconsejable,
será necesario que le expliquemos por qué lo es para ir
formándoles el criterio. Lo ideal es que los libros que ellos lean
los hayamos leído nosotros antes; sin embargo, como ello no siempre
es posible, es necesario que nos dejemos guiar por referencias bibliográficas
de confianza".
Por su parte, desde el Servicio de Orientación Universitaria, Universidad
CEU - Cardenal Herrera, se recuerda que "especialmente en las etapas
más sensibles del crecimiento, habrá que estar atentos a
la adecuación de contenidos y calidad de las lecturas de nuestros
hijos. Deberemos atender a cuestiones tanto de formato -que a veces son,
en sí mismos, muy agresivos- como de contenido, analizando qué
tipo de valores los sustentan, qué actitudes se proponen, qué
imágenes sociales se proyectan, etc.".
En definitiva, se trata de trabajar con los niños y adolescentes
una capacidad crítica que van a necesitar siempre, y especialmente
al enfrentarse a la información que reciben, en gran parte procedente
de los distintos medios de comunicación. "Leer con ellos,
acompañándoles en la actividad y en el análisis,
es la mejor idea, como lo sería también ver la televisión,
leer la prensa o ir al cine con ellos", concluyen los especialistas
consultados por ALBA del Servicio de Orientación Universitaria,
Universidad CEU - Cardenal Herrera.
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José
Javier Ávila, orientador familiar
"Los padres y educadores debemos fomentar el interés
por la lectura"
Con la llegada del verano los padres se encuentran ante la necesidad de
fomentar la lectura en sus hijos para que no se pasen todas las vacaciones
en blanco. Para conocer más sobre esta situación ALBA ha
hablado con José Javier Ávila Martínez, profesor
de Primaria, Máster en Matrimonio y Familia por la Universidad
de Navarra y orientador familiar.
¿Cuáles
son los libros que ellos suelen preferir?
Depende de las edades. Los más pequeños prefieren lecturas
donde ellos puedan actuar, buscando algo, respondiendo a alguna pregunta,
etc. Todo lo que tiene que ver con el mundo animal, les fascina.
Los mayores se sienten cautivados por las aventuras, en las que se introducen
para estar al lado de los protagonistas. Acompañar a Harry Potter
resulta emocionante (en otra época fueron "Los cinco")
En el caso de las chicas, prefieren aventuras y novelas, donde se resalta
más el lado humano e intimista de los protagonistas.
¿Suelen coincidir esas preferencias con lo que los padres consideran
adecuado para ellos?
En términos generales sí suele producirse esa coincidencia,
además, hoy día tenemos una amplia lista de publicaciones,
que permiten "encajar" los gustos de los hijos, con lo que los
padres consideramos adecuado para ellos.
Muchos niños se niegan a leer durante las vacaciones. ¿Por
qué?
Después del periodo escolar, los niños piensan que todo
lo que tiene que ver con las tareas escolares y el estudio, debe dejarse
a un lado. Por eso, tanto los padres como los educadores debemos fomentar
el interés por la lectura, no como algo obligatorio sino como parte
de su vida diaria.
¿Qué podemos hacer para evitarlo?
Tenemos que aficionar a los niños a la lectura, y la manera más
adecuada es con lecturas que les interesen. A los niños les resultará
normal leer, si ven en sus padres y hermanos, un ambiente de lectura.
Podríamos decir que hay dos formas de conseguir que lean: a
la fuerza o mediante el convencimiento. ¿Cuáles son las
ventajas e inconvenientes de cada una de ellas?
Es evidente que lo más conveniente es conseguir que el niño
se convenza de la necesidad de leer, pero en un primer momento habrá
que ejercer una cierta presión para conseguirlo. Cuando un niño
lee sistemáticamente por obligación, vincula la lectura
a castigo. Por eso hay que ir cultivando día a día su afición,
con un tiempo previsto para leer, comentar en familia lo leído,
tener en cuenta sus gustos, etc.
¿Por qué los niños no deben dejar sus hábitos
de lectura durante las vacaciones?
Los hábitos se consiguen con la repetición de actos. Un
atleta que está un mes sin entrenar, pierde su forma física.
Un niño que no lea nada durante todo un verano, al inicio de curso
habrá perdido interés por la lectura, tendrá menos
velocidad lectora y su comprensión lectora será peor.
Muchas veces intentar pasar todo el día con las maquinitas.
¿Es esto contraproducente?
Las maquinitas, además de entretenerles, les ayudan a conseguir
más reflejos, rapidez de decisión, etc., pero su uso debe
ser limitado, pues en caso contrario, les produce una gran dependencia,
además de evitarles hacer otro tipo de actividades.
¿Dónde podemos encontrar el punto intermedio entre su
deseo y obsesión por la tecnología y la necesidad de que
lean?
Todo es cuestión de orden, y para ayudarles en distribuir su tiempo,
los padres tienen un papel decisivo. Es muy conveniente que tanto una
cosa como otra se hagan en familia, pues tanto la tecnología como
la lectura, son para disfrutar. Se puede hacer un horario de verano, en
el que unas tardes se juegue al ordenador y otras se organice un tiempo
de lectura.
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Lecturas
recomendables según la edad
A los niños muy pequeños hay que leerles libros adecuados
a su edad, sumamente sencillos, que ellos puedan memorizar. Para iniciarse
en la lectura son muy buenos, por ejemplo los de la serie El zoo de las
letras, de Bruño. También son excelentes los cuentos de
toda la vida y las fábulas, de los que podemos encontrar ediciones
por doquier. Igualmente les divierten mucho los libros de adivinanzas
y trabalenguas, con los cuales ejercitan además el ingenio. Hemos
de leerles miles de cuentos nosotros, pues es la forma de que ellos luego
se animen a leer solitos.
Para que se suelten a leer ya a partir de los seis o siete años
son excelentes las revistas Leo leo, de la editorial Bayard. Se adquieren
por suscripción y se publica una por mes, y aseguramos que el poco
dinero que cuestan se ve compensado con creces. Igualmente en esta época
se pueden aficionar a los cómics, lo cual no es malo en absoluto:
es un primer paso para que luego se lancen ya a leer libros como tales.
Hay cómics excelentes, como los de Astérix o el Capitán
Trueno, que son los mismos que leíamos nosotros de pequeños,
pero que no se pasan de moda y siguen gustando a los niños. Otros,
como los Mortadelo son sin duda de menor calidad, pero tampoco son desaconsejables.
Últimamente se están reeditando en algunas editoriales las
versiones en cómic de los clásicos de la literatura juvenil
(La isla del tesoro, El último mohicano, o las novelas de Salgari
o Julio Verne, etc.). Estas versiones son auténticas maravillas,
que los chavales de diez, doce o catorce años devoran con auténtica
pasión.
Además, a partir de los nueve o diez años, pueden dar el
salto a los libros. Pueden empezar con series de libros como las que leíamos
sus padres: Los cinco, Alfred Hitchcock y los tres investigadores, Elige
tu propia aventura, etc. Ahora ya también pueden leerse los clásicos
juveniles como La isla del tesoro, Tom Sawyer, etc. en su versión
original. Pero también son muy buenos otros libros más actuales
como las series de Harry Potter, Narnia, Iván de Aldénuri,
Las crónicas de Arendar de Tyrion, Eragon etc. A las niñas
les suelen encantar las aventuras de Kika superbruja. Todos estos libros
sumergen a los niños en un mundo de misterio, fantasía y
aventuras que les encanta. Luego ya, un poco más mayores, pueden
dar el salto a Tolkien.
Nos dejamos muchísimos libros, pero esto es sólo un botón
de muestra, para ilustrar la cantidad de obras atractivas que tenemos
a nuestro alcance. Lo esencial es que nuestros hijos descubran el inmenso
placer que puede esconderse tras la lectura de un libro apasionante.
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Niños
y jóvenes deben seguir leyendo durante las vacaciones de verano
Muchos niños se niegan a leer durante las vacaciones. Generalmente
son los mismos a los que se les ha hecho muy cuesta arriba leer durante
el curso escolar. Esto se produce, principalmente, porque el niño
no disfruta con la lectura, lo ve como una obligación e intenta
quitárselo de en medio. Si ha disfrutado leyendo durante todo el
año, seguirá disfrutando en verano. Los padres tienen que
conseguir que no pierda ese hábito.
El problema se plantea
porque después de un periodo lectivo intenso, en el que la lectura
muchas veces se vive como una tarea más, sin el carácter
lúdico y de entretenimiento que se le puede dar en vacaciones,
es frecuente que los niños prefieran realizar otro tipo de actividades
que, a lo largo del curso, han podido tener más restringidas.
Los padres deben intentar acercar la lectura a sus hijos, pero nunca imponérsela.
Es fundamental comprometerles a ellos en la actividad misma, desde su
origen: hablando de las cosas que más les interesan, buscando los
cuentos o libros juntos, haciendo alguna excursión a la biblioteca
o asistir a una sesión de cuentacuentos, sobre todo con los más
pequeños.
Sobre esta cuestión sabe mucho Pablo Garrido, profesor de Enseñanza
Media, especializado en latín y griego, Master en Educación
por el IEEE y asesor familiar. Garrido es además autor del libro
Educar en el orden, de Ediciones Palabra dentro de la colección
Hacer Familia nº 79. En esa obra se dan pautas a los padres para
la educación de sus hijos en el orden desde el nacimiento hasta
la adolescencia, centrándose en todos los ámbitos de la
persona: el orden material, el orden de la inteligencia, el de la voluntad,
y el orden moral, con su apertura a la trascendencia. Y desde luego, la
lectura es una parte esencial de esa educación.
Garrido, que además es padre de familia numerosa y pone en práctica
todo lo que recomienda, tiene muy claro que "nosotros, los padres,
tenemos que fomentar el gusto por la lectura
"leyendo nosotros".
Si un padre no lee, ¿cómo va a pretender que sus hijos sean
lectores? Si en una casa se ve la televisión por norma como única
alternativa para llenar el tiempo libre, es muy difícil que los
niños se rebelen a esa rutina y se pongan a leer por su cuenta".
Por eso, este especialista en educación familiar considera que
los padres, y más ahora en verano, que hay más tiempo, "debemos
llevar a nuestros hijos, desde antes de que sepan leer, a la biblioteca
pública más cercana. Yo con mis hijos siempre lo he hecho,
y puedo asegurar que es algo muy agradecido: se pasarían la tarde
entera allí si les dejáramos. Además, el coger la
rutina de ir a la biblioteca dos o tres veces al mes les anima a sacar
nuevos libros para leer. Mi hijo, que está en 5º de Primaria,
se puede llegar a leer ocho o diez libros al mes si tiene tiempo, y eso
es porque lleva yendo a la biblioteca un buen número de años".
¿Lectores
a la fuerza?
Lo que si parece claro es que a los niños hay que convencerles
y no se les puede hacer lectores a la fuerza. Hay que motivarles para
que lean, y presentarles la lectura como algo atractivo, y no como una
imposición gravosa. "Si a un niño se le obliga a leer
estaremos creando en ellos un evidente rechazo a esta actividad. Y para
motivarles a leer tenemos que buscar libros atractivos para ellos, e informarnos
e interesarnos nosotros por esta actividad".
Parece claro que no podemos considerar que conseguir que lean a la fuerza
tenga alguna ventaja, porque la buena disposición es fundamental
para que la lectura sea una actividad placentera y alcancemos el objetivo
que perseguimos, que consiste en crear un buen hábito lector. Esto
hay que ir construyéndolo desde abajo y sin impaciencia, tratando
de crear un clima favorable para la lectura, despertando curiosidades
e intereses, y respetando el ritmo lector de cada uno.
Por eso, el ejemplo de los padres y hermanos mayores como lectores tendrá
un efecto fundamental y positivo sobre el hábito de los más
pequeños de la casa.
El
tiempo libre en vacaciones
Pablo Garrido recuerda que en tiempo de vacaciones los niños tienen
mucho tiempo libre. "Los padres tenemos que intentar planificarles
ese tiempo libre, para que en él haya un sitio para muchas actividades:
los deberes, el deporte, la lectura, el juego, etc. de un modo equilibrado.
Lo que no debemos hacer es dejarles hacer lo que les dé la gana,
pues entonces lo que harán será perder el tiempo y aburrirse".
Y es esencial lograr que los chavales no dejen los buenos hábitos,
entre los que la lectura es uno de los principales, durante las vacaciones.
Porque, además, con la lectura, sobre todo en los primeros niveles
es fundamental reforzar los aprendizajes adquiridos, sobre todo mirándolo
desde el punto de vista de la adquisición de habilidad y competencias
de lectura y comprensión. Luego, cuando los niños son más
mayores y las habilidades y competencias básicas ya están
asentadas, es fundamental no perder el hábito para aprovechar las
experiencias de retroalimentación positiva que proporciona la actividad
en sí.
Al final, la conclusión todo esto podría ser que dedicar
un tiempo a la lectura en vacaciones es fundamental para equilibrar los
diferentes tipos de actividades a que los niños se dedican en los
periodos vacacionales. Es importante conceder un espacio de tiempo a actividades
de tipo cognitivo como la lectura, que con los más pequeños
puede ir acompañada de expresión plástica o dramatizaciones.
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¿Cómo
encontrar el equilibrio entre su obsesión por la tecnología
y la necesidad de que lean?
La principal preocupación de nuestros hijos durante el verano no
parece ser la lectura sino los juegos electrónicos Es una difícil
batalla que los padres tenemos que librar contra unos aparatos que, en
principio, tienen ganada la partida. Será imposible que la maquinita
pierda frente al libro en cuanto a las preferencias de los niños
y adolescentes, pero se puede lograr una convivencia pacífica entre
ambas formas de pasar el tiempo libre.
Pablo Garrido, Profesor de Secundaria, Master en Educación por
el IEEE, asesor familiar y autor del libro Educar en el orden, de Ediciones
Palabra ha señalado a ALBA que, "por desgracia, sobre todo
los niños más que las niñas, en esta época
de verano, en la que hay tanto tiempo libre, corren el peligro de ser
engullidos por los videojuegos. La capacidad de adicción de este
tipo de actividades es la base de su éxito entre los niños
y los no tan niños. Un niño, si no se le ponen límites,
él no será capaz de ponérselos a sí mismo,
no lo olvidemos".
Garrido pone en guardia a los padres porque "si no le decimos lo
contrario, se podría pasar la tarde entera jugando con la Play
o con el ordenador. El problema es que para muchos padres es muy cómodo
mandar al niño a jugar con la Play, pues así se libran de
él y no les da problemas. Para otros padres, es más cómodo
dejar a su hijo jugar que tener que enfrentarse con él o buscarle
alternativas más sanas de ocio".
Considera Garrido que los padres no tenemos que prohibir, pero sí
tratar de sustituir esta actividad por otras, para evitar que su ocio
acabe polarizado por los videojuegos hasta llegar a obsesionarles. "Para
ello, lo esencial es poner en el hogar unas pautas claras y, sobre todo,
unos límites horarios de juego que el chaval acepte y tenga muy
claros".
Por su parte, desde el Servicio de Orientación Universitaria, Universidad
CEU - Cardenal Herrera, han señalado a ALBA que "permitir
que el niño pase todo el día con las maquinitas en vez de
jugar a otras cosas o leer es del todo contraproducente. Hay que dar prioridad
a la variedad de actividades, y buscar el justo equilibrio entre todos
los intereses de nuestros hijos".
Es necesario encontrar un punto intermedio y razonable entre el deseo
de pasarse todo el día con el ordenador y la necesidad de que lean
para mejorar su formación. Sobre esta cuestión tan compleja,
en la Universidad CEU - Cardenal Herrera afirman que "los más
pequeños, lógicamente, van a guiarse más fácilmente
por las pautas que los adultos les marquemos. Las dificultades surgirán
con los más mayores, y entonces será necesario intentar
llegar a compromisos, estableciendo un sensato equilibrio entre todas
las actividades: la lectura y la tecnología, pero también
el deporte, la ayuda en casa, estar con los amigos, hacer deberes y jugar".
Por su parte, Pablo Garrido denuncia que "con frecuencia, los videojuegos
son contraproducentes para el hábito lector, pues no requieren
esfuerzo intelectual alguno para el niño: te lo dan todo hecho,
en tanto que, con los libros, eres tú mismo el que, con la imaginación,
tienes que recrear la historia, lo cual es mucho más creativo".
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No
siempre son lecturas más ligeras
En verano leemos lo que tenemos pendiente del resto del
año
A punto de empezar las vacaciones de verano muchas familias ya preparan
las maletas. Algunos incluso han pensado en hacer un pequeño hueco
para los libros, aquellas obras que no han tenido tiempo de leer durante
el año y cuya lectura podrán afrontar ahora con mayores
garantías de éxito. Con respecto a la lectura estival se
tiene la idea, más o menos generalizada, de que se leen libros
más ligeros que durante le resto del año, algo que no es
del todo cierto.
Los padres ya piensan
que podrán disfrutar de un par de horas diarias de lectura a la
sombra de un árbol, en la montaña o al borde de la piscina
o del mar. Son momentos de relax donde están dispuestos a disfrutar
del placer de leer. Todos los veranos se publican muchas listas de los
libros más recomendables según el interés del lector,
porque pueden ser novelas, historia, ciencia o cualquier otra variedad
de la literatura.
Los adultos también necesitan, igual que los niños y jóvenes,
dar una cierta variedad a sus actividades y romper, de alguna manera,
con el ritmo de trabajo y estrés que se sufre a lo largo de todo
el año. Acudir a libros más ligeros puede ser una forma
de descanso, y no tiene por qué suponer ningún problema
si son libros elegidos con buen criterio y que no renuncien a la calidad
literaria.
Pero es que, además, el adulto agradece especialmente poder zambullirse
en la lectura de obras que están muy próximas a sus intereses
personales, bien sean laborales o de ocio. Y las vacaciones pueden ser
un momento excelente para la lectura y trabajo sobre materiales que puedan
ayudarles en la educación de sus hijos, que, probablemente, es
y debería ser su principal meta en la vida.
Aprovechar el tiempo
para leer
Los padres deben aprovechar ese tiempo libre para leer. Y, desde luego,
no es malo, ni mucho menos, utilizar esta época del año
para leer libros más fáciles y ligeros. Al fin y al cabo,
la lectura no debe ser una dura y traumática obligación
sino un agradable acto de intimidad personal. Leer es un placer del que
hay que disfrutar, y es en verano cuando se puede hacer en mejores condiciones
que el resto del año, porque hay más tiempo libre y menos
obligaciones laborales e, incluso, familiares.
Así, en estos meses no es raro que muchos adultos cojan esa novela
que durante todo el año se les ha resistido porque nunca tenían
tiempo de continuarla. Aunque también puede ser un buen momento
para leer cosas interesantes relacionadas con lo profesional para ponerse
al día y comenzar en septiembre con ilusión renovada y nuevos
conocimientos.
En el caso de los adultos el abanico de posibilidades lectoras es muy
amplio: alguna biografía, ensayos, poesía, best-seller o
historia; aunque una buena novela no debería faltar nunca al lado
de la tumbona.
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Los
ciudadanos carecen de una información adecuada
¿Puede perjudicar una mala postura al leer a nuestra
salud?
Durante los meses de verano lo habitual es que niños y adultos
leamos más que durante el resto del año. Tenemos más
tiempo libre y podemos pasar horas con nuestra novela favorita, un libro
de historia o el último cómic de nuestro personaje favorito.
Esto es una gran ventaja porque nos permite disfrutar del tiempo libre,
descubrir nuevos mundos o adquirir conocimientos. Sin embargo, también
tiene sus posibles problemas para la salud. Nunca se nos ocurre pensar
que pasar demasiadas horas leyendo puede provocarnos lesiones si, por
ejemplo, adoptamos una mala postura que esté dañando a alguna
parte de nuestro cuerpo durante horas. Pero el peligro existe.
¿Quién
nos lo iva a decir? Leer puede ser malo para la salud. Todo depende del
hábito que adquiramos en la playa, montaña o lugar de vacaciones
donde nos encontremos, Hay una serie de consejos básicos que vamos
a conocer para que el placer de la lectura no se convierta en una lesión
que nos pueda causar problemas durante el resto del año.
Lo cierto es que en verano, igual que en cualquier otra época del
año, es aconsejable adoptar una postura lo más correcta
posible a la hora de leer. Hay que tener cuidado con esas posturas cómodas
pero incorrectas, ya que, a corto y largo plazo pueden dañar nuestra
salud. Para conocer más sobre estas posibles dolencias nada mejor
que acudir a los especialistas que tratan estos problemas cuando se producen.
ALBA ha hablado con Carlos Peña Fernández, fisioterapeuta
y director del Centro de Fisioterapia Carlos Peña, quien afirma
que, "en verano concretamente, hay que tener especial atención
en la postura que adoptamos al leer en hamacas y tumbonas. Estos sitios
no son muy recomendables, ya que sufre la columna cervical y dorsal".
Cambiar de postura
Una de las primeras dudas que surgen cuando abordamos este tema es si
es bueno cambiar de postura regularmente o debemos mantener aquella en
la que nos encontremos cómodos. Carlos Peña considera que
"es recomendable cambiar de postura cada cierto tiempo, y cada aproximadamente
media hora, levantarse, dar un paseo, y estirar las piernas". Esto
servirá para evitar los principales problemas que pueden aparecer
y que son el dolor en la columna a corto y largo plazo y las sobrecargas
musculares.
Por su parte, Miguel Ángel Ruiz Guerra, director del centro M.A.R.
de Fisioterapia y Rehabilitación de Madrid y fisioterapeuta especializado
en columna vertebral y osteópata amplía esta información
al afirmar que "generalmente si la postura es buena, suele ser cómoda,
pero si resulta con el paso de un rato ingrata o incómoda no era
tan buena".
Para evitar los posibles problemas hay que lograr que el lector se conciencie
y conozca cuáles son las posturas correctas y cuáles las
perjudiciales para su salud. Peña piensa que "cada vez más
la gente está concienciada de cuales son esas posturas correctas,
aunque la mayoría de las veces la gente se olvida y adopta posturas
que no son correctas".
Estos problemas se podrían solucionar, en parte, con buenas campañas
de concienciación algo que, en España al menos, no se produce.
Carlos Peña señala que aunque a nivel global no existe ninguna
campaña de este tipo, "lo que si existe es una información
individual en cada consulta de los profesionales".
La falta de información
Esta falta de información se nota especialmente en las consultas
después del verano, cuando los especialistas se encuentran con
un considerable aumento de estas dolencias en comparación con el
resto del año. Miguel Ángel Ruiz señala que "existe
una incidencia clara, porque además es coincidente con los cambios
climáticos otoñales a los que se culpa con mucha frecuencia,
y tras una buena anmnesis descubre uno la falta de buenas posturas".
La anamesis es el conjunto de los datos clínicos relevantes y otros
del historial de un paciente.
Aunque no es una situación exclusiva de los meses de vacaciones,
según señala Carlos Peña porque "las malas posturas
no solo se adoptan en verano. Durante todo el año gran cantidad
de personas sufren debido a esas malas posturas, aunque gracias a la gran
cantidad de información que posee el ciudadano, estos dolores son
tratados por profesionales".
Migue Ángel Ruiz se queja de que por regla general, de "posturología
y ergonomía se sabe muy, muy poco". Y considera que se debería"
incidir mas en los colegios, en los empresas y en todos los departamentos
de prevención, centros deportivos, de fisioterapia etc.".
Los
daños de las malas posturas
En principio estas malas posturas no provocan daños irreversibles
aunque pueden darse casos concretos en los que sí. Carlos Peña
señala que "para poder provocar un mal irreversible una mala
postura, ésta debería ser adoptada durante un largo periodo
de tiempo durante meses y/o años. Existen muchos casos, debido
al trabajo, la casa
.Pero que se provoquen solo en verano es poco
probable".
Estos males irreversibles que pueden aparecer debido a malas posturas
son muy variados y van desde hernia cervical y lumbar, hasta contracturas
musculares crónicas, pasando por mareos, vértigos y dolores
de cabeza, principalmente. Aunque todas éstas patologías
pueden ser tratadas por un profesional.
Una última recomendación de Miguel Ángel Ruiz es
"cambiar frecuentemente de postura, las rodillas dobladas cuando
se lee tumbados boca arriba, una almohada o cojín debajo del ombligo
cuando se lee boca abajo, y en general no dejarse ir cuando se lleva un
rato en cualquier posición porque se obtienen en la huida otras
posturas peores".
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