Especial Lectura en verano
Suplemento especial del semanario ALBA
29 de junio de 2007

¿Qué libros deben leer nuestros hijos en verano?
José Javier Ávila, orientador familiar: "Los padres y educadores debemos fomentar el interés por la lectura"
Niños y jóvenes deben seguir leyendo durante las vacaciones de verano
¿Cómo encontrar el equilibrio entre su obsesión por la tecnología y la necesidad de que lean?
No siempre son lecturas más ligeras. En verano leemos lo que tenemos pendiente del resto del año
¿Puede perjudicar una mala postura al leer a nuestra salud?Los ciudadanos carecen de una información adecuada

 

¿Qué libros deben leer nuestros hijos en verano?
Ha llegado el verano y los padres nos encontramos en la necesidad de conseguir que nuestros hijos utilicen el tiempo de forma saludable. Y nada mejo que un buen libro. No se trata de que se pasen el día leyendo, pero sí que pasen un buen rato cada día disfrutando de una buena novela o cualquier otro género literario.

En esta época estival los libros no deben ser una imposición sino un placer para los chicos. Ellos deben elegir, bajo la supervisión paterna, lo que quieren leer. Pero los padres tienen que lograr que lean, porque si no se pone cierta firmeza en esta actividad los chavales preferirán irse a la calle con los amigos o a la piscina: porque ellos no se dan cuenta de que hay tiempo para todo. Muchos piensan que como han aprobado todas las asignaturas tienen derecho a no hacer nada durante tres meses, algo que es contraproducente de cara al próximo curso.
Para hablar sobre estas cuestiones ALBA se ha puesto en contacto con diversos profesionales e instituciones, con el fin de que nos den unas pautas a seguir durante estos meses. Así, para saber las lecturas más recomendables durante el verano, el Servicio de Orientación Universitaria, Universidad CEU - Cardenal Herrera, señala que "serán aquellas que, en sus contenidos, se acerquen en mayor medida a la maduración propia de cada momento evolutivo, y estén más vinculadas a los intereses particulares de cada edad".
Hay diferencias sustanciales en los diferentes tramos de edades. Los más pequeños, por ejemplo, estarán aún centrados en historias que no les alejen en exceso de su propia vida cotidiana, aunque introduzcan algunos elementos de fantasía. Pero más adelante, según señalan desde esta universidad, se tienen en cuenta aspectos relacionados con "el desarrollo de sus propios hábitos y aficiones, que representarán intereses especiales que podrán tener su reflejo en las lecturas. Y los más mayores, cuyas competencias cognitivas estarán mucho más desarrolladas, podrán afrontar lecturas más complejas y diversas".

La lectura según la edad
Además de estar centrada en sus intereses, es imprescindible adecuarse al nivel de comprensión lectora de cada niño, para permitirles tener experiencia de autoeficacia mientras lee, y conseguir que esa lectura sea para ellos una experiencia positiva. El Servicio de Orientación Universitaria, Universidad CEU - Cardenal Herrera, recuerda que, "por otra parte, hoy en día todas las editoriales de literatura infanto-juvenil proporcionan indicaciones de adecuación por niveles que es importante consultar".
Los niños más pequeños prefieren libros más próximos a su propia vida, con algún elemento fantástico, pero que les acompañen, de cierta manera, en los pequeños logros que necesitan conseguir. "Los más mayores se decantan por libros acerca de sus intereses personales, y aquellos que les proporcionan de algún modo un apoyo en su proceso de crecimiento, bien sea permitiéndoles la identificación con el protagonista de la historia, la resolución de algún conflicto que ellos mismos puedan estar viviendo, o el desarrollo de su imaginación" señala este Servicio de Orientación Universitaria.
No obstante, a veces encontramos que, sobre todo los más mayores, también se dejan llevar por las modas literarias del momento, y será ahí donde los padres tengan que poner un interés especial en asegurarse de que la lectura tiene el contenido y la calidad adecuados.

¿Debemos imponer las lecturas?
Los especialistas en educación consideran que, en principio, no se deben imponer las lecturas de los hijos, sino guiarlas. Esa es la opinión de Pablo Gil, profesor de enseñanza media y asesor familiar. Gil considera que no se deben "imponer las lecturas, sino más bien encauzarlas con habilidad y un poco de mano izquierda por nuestra parte. Si alguna vez vemos que cae en sus manos un libro desaconsejable, será necesario que le expliquemos por qué lo es para ir formándoles el criterio. Lo ideal es que los libros que ellos lean los hayamos leído nosotros antes; sin embargo, como ello no siempre es posible, es necesario que nos dejemos guiar por referencias bibliográficas de confianza".
Por su parte, desde el Servicio de Orientación Universitaria, Universidad CEU - Cardenal Herrera, se recuerda que "especialmente en las etapas más sensibles del crecimiento, habrá que estar atentos a la adecuación de contenidos y calidad de las lecturas de nuestros hijos. Deberemos atender a cuestiones tanto de formato -que a veces son, en sí mismos, muy agresivos- como de contenido, analizando qué tipo de valores los sustentan, qué actitudes se proponen, qué imágenes sociales se proyectan, etc.".
En definitiva, se trata de trabajar con los niños y adolescentes una capacidad crítica que van a necesitar siempre, y especialmente al enfrentarse a la información que reciben, en gran parte procedente de los distintos medios de comunicación. "Leer con ellos, acompañándoles en la actividad y en el análisis, es la mejor idea, como lo sería también ver la televisión, leer la prensa o ir al cine con ellos", concluyen los especialistas consultados por ALBA del Servicio de Orientación Universitaria, Universidad CEU - Cardenal Herrera.
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José Javier Ávila, orientador familiar
"Los padres y educadores debemos fomentar el interés por la lectura"
Con la llegada del verano los padres se encuentran ante la necesidad de fomentar la lectura en sus hijos para que no se pasen todas las vacaciones en blanco. Para conocer más sobre esta situación ALBA ha hablado con José Javier Ávila Martínez, profesor de Primaria, Máster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra y orientador familiar.

¿Cuáles son los libros que ellos suelen preferir?
Depende de las edades. Los más pequeños prefieren lecturas donde ellos puedan actuar, buscando algo, respondiendo a alguna pregunta, etc. Todo lo que tiene que ver con el mundo animal, les fascina.
Los mayores se sienten cautivados por las aventuras, en las que se introducen para estar al lado de los protagonistas. Acompañar a Harry Potter resulta emocionante (en otra época fueron "Los cinco") En el caso de las chicas, prefieren aventuras y novelas, donde se resalta más el lado humano e intimista de los protagonistas.
¿Suelen coincidir esas preferencias con lo que los padres consideran adecuado para ellos?
En términos generales sí suele producirse esa coincidencia, además, hoy día tenemos una amplia lista de publicaciones, que permiten "encajar" los gustos de los hijos, con lo que los padres consideramos adecuado para ellos.
Muchos niños se niegan a leer durante las vacaciones. ¿Por qué?
Después del periodo escolar, los niños piensan que todo lo que tiene que ver con las tareas escolares y el estudio, debe dejarse a un lado. Por eso, tanto los padres como los educadores debemos fomentar el interés por la lectura, no como algo obligatorio sino como parte de su vida diaria.
¿Qué podemos hacer para evitarlo?
Tenemos que aficionar a los niños a la lectura, y la manera más adecuada es con lecturas que les interesen. A los niños les resultará normal leer, si ven en sus padres y hermanos, un ambiente de lectura.
Podríamos decir que hay dos formas de conseguir que lean: a la fuerza o mediante el convencimiento. ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas?
Es evidente que lo más conveniente es conseguir que el niño se convenza de la necesidad de leer, pero en un primer momento habrá que ejercer una cierta presión para conseguirlo. Cuando un niño lee sistemáticamente por obligación, vincula la lectura a castigo. Por eso hay que ir cultivando día a día su afición, con un tiempo previsto para leer, comentar en familia lo leído, tener en cuenta sus gustos, etc.
¿Por qué los niños no deben dejar sus hábitos de lectura durante las vacaciones?
Los hábitos se consiguen con la repetición de actos. Un atleta que está un mes sin entrenar, pierde su forma física. Un niño que no lea nada durante todo un verano, al inicio de curso habrá perdido interés por la lectura, tendrá menos velocidad lectora y su comprensión lectora será peor.
Muchas veces intentar pasar todo el día con las maquinitas. ¿Es esto contraproducente?
Las maquinitas, además de entretenerles, les ayudan a conseguir más reflejos, rapidez de decisión, etc., pero su uso debe ser limitado, pues en caso contrario, les produce una gran dependencia, además de evitarles hacer otro tipo de actividades.
¿Dónde podemos encontrar el punto intermedio entre su deseo y obsesión por la tecnología y la necesidad de que lean?
Todo es cuestión de orden, y para ayudarles en distribuir su tiempo, los padres tienen un papel decisivo. Es muy conveniente que tanto una cosa como otra se hagan en familia, pues tanto la tecnología como la lectura, son para disfrutar. Se puede hacer un horario de verano, en el que unas tardes se juegue al ordenador y otras se organice un tiempo de lectura.
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Lecturas recomendables según la edad
A los niños muy pequeños hay que leerles libros adecuados a su edad, sumamente sencillos, que ellos puedan memorizar. Para iniciarse en la lectura son muy buenos, por ejemplo los de la serie El zoo de las letras, de Bruño. También son excelentes los cuentos de toda la vida y las fábulas, de los que podemos encontrar ediciones por doquier. Igualmente les divierten mucho los libros de adivinanzas y trabalenguas, con los cuales ejercitan además el ingenio. Hemos de leerles miles de cuentos nosotros, pues es la forma de que ellos luego se animen a leer solitos.
Para que se suelten a leer ya a partir de los seis o siete años son excelentes las revistas Leo leo, de la editorial Bayard. Se adquieren por suscripción y se publica una por mes, y aseguramos que el poco dinero que cuestan se ve compensado con creces. Igualmente en esta época se pueden aficionar a los cómics, lo cual no es malo en absoluto: es un primer paso para que luego se lancen ya a leer libros como tales. Hay cómics excelentes, como los de Astérix o el Capitán Trueno, que son los mismos que leíamos nosotros de pequeños, pero que no se pasan de moda y siguen gustando a los niños. Otros, como los Mortadelo son sin duda de menor calidad, pero tampoco son desaconsejables.
Últimamente se están reeditando en algunas editoriales las versiones en cómic de los clásicos de la literatura juvenil (La isla del tesoro, El último mohicano, o las novelas de Salgari o Julio Verne, etc.). Estas versiones son auténticas maravillas, que los chavales de diez, doce o catorce años devoran con auténtica pasión.
Además, a partir de los nueve o diez años, pueden dar el salto a los libros. Pueden empezar con series de libros como las que leíamos sus padres: Los cinco, Alfred Hitchcock y los tres investigadores, Elige tu propia aventura, etc. Ahora ya también pueden leerse los clásicos juveniles como La isla del tesoro, Tom Sawyer, etc. en su versión original. Pero también son muy buenos otros libros más actuales como las series de Harry Potter, Narnia, Iván de Aldénuri, Las crónicas de Arendar de Tyrion, Eragon etc. A las niñas les suelen encantar las aventuras de Kika superbruja. Todos estos libros sumergen a los niños en un mundo de misterio, fantasía y aventuras que les encanta. Luego ya, un poco más mayores, pueden dar el salto a Tolkien.
Nos dejamos muchísimos libros, pero esto es sólo un botón de muestra, para ilustrar la cantidad de obras atractivas que tenemos a nuestro alcance. Lo esencial es que nuestros hijos descubran el inmenso placer que puede esconderse tras la lectura de un libro apasionante.
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Niños y jóvenes deben seguir leyendo durante las vacaciones de verano
Muchos niños se niegan a leer durante las vacaciones. Generalmente son los mismos a los que se les ha hecho muy cuesta arriba leer durante el curso escolar. Esto se produce, principalmente, porque el niño no disfruta con la lectura, lo ve como una obligación e intenta quitárselo de en medio. Si ha disfrutado leyendo durante todo el año, seguirá disfrutando en verano. Los padres tienen que conseguir que no pierda ese hábito.

El problema se plantea porque después de un periodo lectivo intenso, en el que la lectura muchas veces se vive como una tarea más, sin el carácter lúdico y de entretenimiento que se le puede dar en vacaciones, es frecuente que los niños prefieran realizar otro tipo de actividades que, a lo largo del curso, han podido tener más restringidas.
Los padres deben intentar acercar la lectura a sus hijos, pero nunca imponérsela. Es fundamental comprometerles a ellos en la actividad misma, desde su origen: hablando de las cosas que más les interesan, buscando los cuentos o libros juntos, haciendo alguna excursión a la biblioteca o asistir a una sesión de cuentacuentos, sobre todo con los más pequeños.
Sobre esta cuestión sabe mucho Pablo Garrido, profesor de Enseñanza Media, especializado en latín y griego, Master en Educación por el IEEE y asesor familiar. Garrido es además autor del libro Educar en el orden, de Ediciones Palabra dentro de la colección Hacer Familia nº 79. En esa obra se dan pautas a los padres para la educación de sus hijos en el orden desde el nacimiento hasta la adolescencia, centrándose en todos los ámbitos de la persona: el orden material, el orden de la inteligencia, el de la voluntad, y el orden moral, con su apertura a la trascendencia. Y desde luego, la lectura es una parte esencial de esa educación.
Garrido, que además es padre de familia numerosa y pone en práctica todo lo que recomienda, tiene muy claro que "nosotros, los padres, tenemos que fomentar el gusto por la lectura… "leyendo nosotros". Si un padre no lee, ¿cómo va a pretender que sus hijos sean lectores? Si en una casa se ve la televisión por norma como única alternativa para llenar el tiempo libre, es muy difícil que los niños se rebelen a esa rutina y se pongan a leer por su cuenta".
Por eso, este especialista en educación familiar considera que los padres, y más ahora en verano, que hay más tiempo, "debemos llevar a nuestros hijos, desde antes de que sepan leer, a la biblioteca pública más cercana. Yo con mis hijos siempre lo he hecho, y puedo asegurar que es algo muy agradecido: se pasarían la tarde entera allí si les dejáramos. Además, el coger la rutina de ir a la biblioteca dos o tres veces al mes les anima a sacar nuevos libros para leer. Mi hijo, que está en 5º de Primaria, se puede llegar a leer ocho o diez libros al mes si tiene tiempo, y eso es porque lleva yendo a la biblioteca un buen número de años".

¿Lectores a la fuerza?
Lo que si parece claro es que a los niños hay que convencerles y no se les puede hacer lectores a la fuerza. Hay que motivarles para que lean, y presentarles la lectura como algo atractivo, y no como una imposición gravosa. "Si a un niño se le obliga a leer estaremos creando en ellos un evidente rechazo a esta actividad. Y para motivarles a leer tenemos que buscar libros atractivos para ellos, e informarnos e interesarnos nosotros por esta actividad".
Parece claro que no podemos considerar que conseguir que lean a la fuerza tenga alguna ventaja, porque la buena disposición es fundamental para que la lectura sea una actividad placentera y alcancemos el objetivo que perseguimos, que consiste en crear un buen hábito lector. Esto hay que ir construyéndolo desde abajo y sin impaciencia, tratando de crear un clima favorable para la lectura, despertando curiosidades e intereses, y respetando el ritmo lector de cada uno.
Por eso, el ejemplo de los padres y hermanos mayores como lectores tendrá un efecto fundamental y positivo sobre el hábito de los más pequeños de la casa.

El tiempo libre en vacaciones
Pablo Garrido recuerda que en tiempo de vacaciones los niños tienen mucho tiempo libre. "Los padres tenemos que intentar planificarles ese tiempo libre, para que en él haya un sitio para muchas actividades: los deberes, el deporte, la lectura, el juego, etc. de un modo equilibrado. Lo que no debemos hacer es dejarles hacer lo que les dé la gana, pues entonces lo que harán será perder el tiempo y aburrirse".
Y es esencial lograr que los chavales no dejen los buenos hábitos, entre los que la lectura es uno de los principales, durante las vacaciones. Porque, además, con la lectura, sobre todo en los primeros niveles es fundamental reforzar los aprendizajes adquiridos, sobre todo mirándolo desde el punto de vista de la adquisición de habilidad y competencias de lectura y comprensión. Luego, cuando los niños son más mayores y las habilidades y competencias básicas ya están asentadas, es fundamental no perder el hábito para aprovechar las experiencias de retroalimentación positiva que proporciona la actividad en sí.
Al final, la conclusión todo esto podría ser que dedicar un tiempo a la lectura en vacaciones es fundamental para equilibrar los diferentes tipos de actividades a que los niños se dedican en los periodos vacacionales. Es importante conceder un espacio de tiempo a actividades de tipo cognitivo como la lectura, que con los más pequeños puede ir acompañada de expresión plástica o dramatizaciones.
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¿Cómo encontrar el equilibrio entre su obsesión por la tecnología y la necesidad de que lean?
La principal preocupación de nuestros hijos durante el verano no parece ser la lectura sino los juegos electrónicos Es una difícil batalla que los padres tenemos que librar contra unos aparatos que, en principio, tienen ganada la partida. Será imposible que la maquinita pierda frente al libro en cuanto a las preferencias de los niños y adolescentes, pero se puede lograr una convivencia pacífica entre ambas formas de pasar el tiempo libre.

Pablo Garrido, Profesor de Secundaria, Master en Educación por el IEEE, asesor familiar y autor del libro Educar en el orden, de Ediciones Palabra ha señalado a ALBA que, "por desgracia, sobre todo los niños más que las niñas, en esta época de verano, en la que hay tanto tiempo libre, corren el peligro de ser engullidos por los videojuegos. La capacidad de adicción de este tipo de actividades es la base de su éxito entre los niños y los no tan niños. Un niño, si no se le ponen límites, él no será capaz de ponérselos a sí mismo, no lo olvidemos".
Garrido pone en guardia a los padres porque "si no le decimos lo contrario, se podría pasar la tarde entera jugando con la Play o con el ordenador. El problema es que para muchos padres es muy cómodo mandar al niño a jugar con la Play, pues así se libran de él y no les da problemas. Para otros padres, es más cómodo dejar a su hijo jugar que tener que enfrentarse con él o buscarle alternativas más sanas de ocio".
Considera Garrido que los padres no tenemos que prohibir, pero sí tratar de sustituir esta actividad por otras, para evitar que su ocio acabe polarizado por los videojuegos hasta llegar a obsesionarles. "Para ello, lo esencial es poner en el hogar unas pautas claras y, sobre todo, unos límites horarios de juego que el chaval acepte y tenga muy claros".
Por su parte, desde el Servicio de Orientación Universitaria, Universidad CEU - Cardenal Herrera, han señalado a ALBA que "permitir que el niño pase todo el día con las maquinitas en vez de jugar a otras cosas o leer es del todo contraproducente. Hay que dar prioridad a la variedad de actividades, y buscar el justo equilibrio entre todos los intereses de nuestros hijos".
Es necesario encontrar un punto intermedio y razonable entre el deseo de pasarse todo el día con el ordenador y la necesidad de que lean para mejorar su formación. Sobre esta cuestión tan compleja, en la Universidad CEU - Cardenal Herrera afirman que "los más pequeños, lógicamente, van a guiarse más fácilmente por las pautas que los adultos les marquemos. Las dificultades surgirán con los más mayores, y entonces será necesario intentar llegar a compromisos, estableciendo un sensato equilibrio entre todas las actividades: la lectura y la tecnología, pero también el deporte, la ayuda en casa, estar con los amigos, hacer deberes y jugar".
Por su parte, Pablo Garrido denuncia que "con frecuencia, los videojuegos son contraproducentes para el hábito lector, pues no requieren esfuerzo intelectual alguno para el niño: te lo dan todo hecho, en tanto que, con los libros, eres tú mismo el que, con la imaginación, tienes que recrear la historia, lo cual es mucho más creativo".
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No siempre son lecturas más ligeras
En verano leemos lo que tenemos pendiente del resto del año
A punto de empezar las vacaciones de verano muchas familias ya preparan las maletas. Algunos incluso han pensado en hacer un pequeño hueco para los libros, aquellas obras que no han tenido tiempo de leer durante el año y cuya lectura podrán afrontar ahora con mayores garantías de éxito. Con respecto a la lectura estival se tiene la idea, más o menos generalizada, de que se leen libros más ligeros que durante le resto del año, algo que no es del todo cierto.

Los padres ya piensan que podrán disfrutar de un par de horas diarias de lectura a la sombra de un árbol, en la montaña o al borde de la piscina o del mar. Son momentos de relax donde están dispuestos a disfrutar del placer de leer. Todos los veranos se publican muchas listas de los libros más recomendables según el interés del lector, porque pueden ser novelas, historia, ciencia o cualquier otra variedad de la literatura.
Los adultos también necesitan, igual que los niños y jóvenes, dar una cierta variedad a sus actividades y romper, de alguna manera, con el ritmo de trabajo y estrés que se sufre a lo largo de todo el año. Acudir a libros más ligeros puede ser una forma de descanso, y no tiene por qué suponer ningún problema si son libros elegidos con buen criterio y que no renuncien a la calidad literaria.
Pero es que, además, el adulto agradece especialmente poder zambullirse en la lectura de obras que están muy próximas a sus intereses personales, bien sean laborales o de ocio. Y las vacaciones pueden ser un momento excelente para la lectura y trabajo sobre materiales que puedan ayudarles en la educación de sus hijos, que, probablemente, es y debería ser su principal meta en la vida.

Aprovechar el tiempo para leer
Los padres deben aprovechar ese tiempo libre para leer. Y, desde luego, no es malo, ni mucho menos, utilizar esta época del año para leer libros más fáciles y ligeros. Al fin y al cabo, la lectura no debe ser una dura y traumática obligación sino un agradable acto de intimidad personal. Leer es un placer del que hay que disfrutar, y es en verano cuando se puede hacer en mejores condiciones que el resto del año, porque hay más tiempo libre y menos obligaciones laborales e, incluso, familiares.
Así, en estos meses no es raro que muchos adultos cojan esa novela que durante todo el año se les ha resistido porque nunca tenían tiempo de continuarla. Aunque también puede ser un buen momento para leer cosas interesantes relacionadas con lo profesional para ponerse al día y comenzar en septiembre con ilusión renovada y nuevos conocimientos.
En el caso de los adultos el abanico de posibilidades lectoras es muy amplio: alguna biografía, ensayos, poesía, best-seller o historia; aunque una buena novela no debería faltar nunca al lado de la tumbona.
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Los ciudadanos carecen de una información adecuada
¿Puede perjudicar una mala postura al leer a nuestra salud?
Durante los meses de verano lo habitual es que niños y adultos leamos más que durante el resto del año. Tenemos más tiempo libre y podemos pasar horas con nuestra novela favorita, un libro de historia o el último cómic de nuestro personaje favorito. Esto es una gran ventaja porque nos permite disfrutar del tiempo libre, descubrir nuevos mundos o adquirir conocimientos. Sin embargo, también tiene sus posibles problemas para la salud. Nunca se nos ocurre pensar que pasar demasiadas horas leyendo puede provocarnos lesiones si, por ejemplo, adoptamos una mala postura que esté dañando a alguna parte de nuestro cuerpo durante horas. Pero el peligro existe.

¿Quién nos lo iva a decir? Leer puede ser malo para la salud. Todo depende del hábito que adquiramos en la playa, montaña o lugar de vacaciones donde nos encontremos, Hay una serie de consejos básicos que vamos a conocer para que el placer de la lectura no se convierta en una lesión que nos pueda causar problemas durante el resto del año.
Lo cierto es que en verano, igual que en cualquier otra época del año, es aconsejable adoptar una postura lo más correcta posible a la hora de leer. Hay que tener cuidado con esas posturas cómodas pero incorrectas, ya que, a corto y largo plazo pueden dañar nuestra salud. Para conocer más sobre estas posibles dolencias nada mejor que acudir a los especialistas que tratan estos problemas cuando se producen. ALBA ha hablado con Carlos Peña Fernández, fisioterapeuta y director del Centro de Fisioterapia Carlos Peña, quien afirma que, "en verano concretamente, hay que tener especial atención en la postura que adoptamos al leer en hamacas y tumbonas. Estos sitios no son muy recomendables, ya que sufre la columna cervical y dorsal".

Cambiar de postura
Una de las primeras dudas que surgen cuando abordamos este tema es si es bueno cambiar de postura regularmente o debemos mantener aquella en la que nos encontremos cómodos. Carlos Peña considera que "es recomendable cambiar de postura cada cierto tiempo, y cada aproximadamente media hora, levantarse, dar un paseo, y estirar las piernas". Esto servirá para evitar los principales problemas que pueden aparecer y que son el dolor en la columna a corto y largo plazo y las sobrecargas musculares.
Por su parte, Miguel Ángel Ruiz Guerra, director del centro M.A.R. de Fisioterapia y Rehabilitación de Madrid y fisioterapeuta especializado en columna vertebral y osteópata amplía esta información al afirmar que "generalmente si la postura es buena, suele ser cómoda, pero si resulta con el paso de un rato ingrata o incómoda no era tan buena".
Para evitar los posibles problemas hay que lograr que el lector se conciencie y conozca cuáles son las posturas correctas y cuáles las perjudiciales para su salud. Peña piensa que "cada vez más la gente está concienciada de cuales son esas posturas correctas, aunque la mayoría de las veces la gente se olvida y adopta posturas que no son correctas".
Estos problemas se podrían solucionar, en parte, con buenas campañas de concienciación algo que, en España al menos, no se produce. Carlos Peña señala que aunque a nivel global no existe ninguna campaña de este tipo, "lo que si existe es una información individual en cada consulta de los profesionales".

La falta de información
Esta falta de información se nota especialmente en las consultas después del verano, cuando los especialistas se encuentran con un considerable aumento de estas dolencias en comparación con el resto del año. Miguel Ángel Ruiz señala que "existe una incidencia clara, porque además es coincidente con los cambios climáticos otoñales a los que se culpa con mucha frecuencia, y tras una buena anmnesis descubre uno la falta de buenas posturas". La anamesis es el conjunto de los datos clínicos relevantes y otros del historial de un paciente.
Aunque no es una situación exclusiva de los meses de vacaciones, según señala Carlos Peña porque "las malas posturas no solo se adoptan en verano. Durante todo el año gran cantidad de personas sufren debido a esas malas posturas, aunque gracias a la gran cantidad de información que posee el ciudadano, estos dolores son tratados por profesionales".
Migue Ángel Ruiz se queja de que por regla general, de "posturología y ergonomía se sabe muy, muy poco". Y considera que se debería" incidir mas en los colegios, en los empresas y en todos los departamentos de prevención, centros deportivos, de fisioterapia etc.".

Los daños de las malas posturas
En principio estas malas posturas no provocan daños irreversibles aunque pueden darse casos concretos en los que sí. Carlos Peña señala que "para poder provocar un mal irreversible una mala postura, ésta debería ser adoptada durante un largo periodo de tiempo durante meses y/o años. Existen muchos casos, debido al trabajo, la casa….Pero que se provoquen solo en verano es poco probable".
Estos males irreversibles que pueden aparecer debido a malas posturas son muy variados y van desde hernia cervical y lumbar, hasta contracturas musculares crónicas, pasando por mareos, vértigos y dolores de cabeza, principalmente. Aunque todas éstas patologías pueden ser tratadas por un profesional.
Una última recomendación de Miguel Ángel Ruiz es "cambiar frecuentemente de postura, las rodillas dobladas cuando se lee tumbados boca arriba, una almohada o cojín debajo del ombligo cuando se lee boca abajo, y en general no dejarse ir cuando se lleva un rato en cualquier posición porque se obtienen en la huida otras posturas peores".

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