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¿Qué
deben saber unos padres para educar a sus hijos desde que nacen?
La
influencia de los dos padres en la educación de los hijos.
Javier
Ávila, profesor y orientador familiar. La necesaria aportación
de los valores de ambos.
La
difícil tarea de elegir colegio y conjugar excelencia académica
y valores de la familia.
La
función del castigo. ¿Qué podemos hacer cuándo
van mal en el colegio?
Deporte,
lectura y maquinitas, diferentes formas de ver el tiempo libre. El ocio
no debe ser una excusa para perder el tiempo.
Los
hijos deben asumir tareas en el hogar para colaborar con toda la familia.
Las
actividades extraescolares, como medio de formación de los hijos.
Una
comunión puede costar más de tres mil euros. Se olvida la
celebración religiosa en favor de la social.
"Hay
que evitar que nuestros hijos se hagan adictos a las maquinitas".
¿Cómo
luchar contra el acoso escolar? Muchos niños sufren en silencio
el maltrato de sus compañeros.
Los
primeros años de la educación
¿Qué deben saber unos padres para educar
a sus hijos desde que nacen?
Los padres tienen el derecho y el deber de cuidar y educar a sus hijos.
Deben ser conscientes de sus necesidades afectivas y facilitarles la suficiente
seguridad y protección física. No se puede dejar de lado
la imprescindible función educativa del padre y la madre, porque
según se desarrollen estas funciones tendremos unos hijos con unos
u otros comportamientos.
Los padres deben tener
muy presente que el afecto, la interacción y la sensibilidad ante
las demandas de los hijos son los elementos relacionados con su nivel
de desarrollo, que les permitirán construir la capacidad de confianza,
empatía y compasión hacia los demás.
La educación de los hijos es algo muy complicado, según
señala José Martínez Máster en Matrimonio
y Familia por la Universidad de Navarra y orientador familiar, que ha
comentado a ALBA que "como se suele decir: no le dan a uno el manual
de instrucciones cuando se es padre. Lo cual quiere decir, más
o menos, que lo primero es reconocer que debe aprender a ser padre, día
a día, teniendo presente que en la medida en que uno sea mejor
padre, esto será mejor para sus hijos".
Algunos educadores coinciden a la hora de afirmar que quizá lo
primero de todo sea tomar conciencia de la grandeza de la misión
que se nos ha encomendado al traer un hijo al mundo. Esa es la opinión
de Pablo Garrido, Profesor de Enseñanza Media y autor de "Educar
en el orden", de Ediciones Palabra, colección Hacer Familia
que saldrá a la calle en las próximas semanas. En la obra
se pretende ayudar a los padres en su tarea de educadores, y para ello
toma como pauta de actuación el orden. Pablo Garrido señala
que "el orden implica todos los ámbitos de la vida del hombre:
una persona ordenada sabe aprovechar el tiempo de modo eficaz, sabe organizarse
a corto y medio plazo, y, sobre todo, tiene en su cabeza criterios y prioridades
claras a la hora de actuar. El orden juega un papel esencial, pues, en
la vida del hombre, porque, si dejamos que el desorden invada nuestra
existencia, llevaremos una vida estéril y no seremos felices".
Formación
de un adulto responsable
Todo el proceso educativo se viene a basar en la formación de ese
niño para que en el "futuro sea un adulto responsable y libre,
que sepa dirigir su vida por la senda del bien y ser feliz y hacer felices
a quienes le rodean", señala Garrido que se refiere también
a las diferentes edades de la educación porque, "hasta los
doce años estamos en la edad de oro de la educación y a
un niño, cuanto más pequeño sea, más sencillo
será educarle".
En esa labor los padres no están solos. Lo cierto es que cuentan
con mucha ayuda. José Martínez recuerda que "hay miles
de libros que tratan de ayudar (otros no tanto) en esta labor, también
hay cursos de educación familiar, etc., pero no debemos olvidar
que en la educación hablamos de personas, por lo que cada una es
irrepetible".
Por su parte, Pablo Garrido quiere dejar muy claro que "ser padre
es una tarea para la que debemos formarnos, pues no basta ya sólo
con el mero sentido común. Además, sobre educación
hoy día sabemos más de lo que nuestros padres sabían,
y todo ese caudal de conocimientos hemos de aprovecharlo. Por poner un
ejemplo, ¿saben lo que son los períodos sensitivos, y que
el mejor momento para educar en el orden a un niño es cuando éste
tiene entre uno y tres añitos?", concluye Garrido
Cada
caso es un mundo diferente
Desde su experiencia de educador y autor de la obra Educar en el orden,
Pablo Garrido se refiere a los diferentes métodos para educar a
los hijos. "Educar es una ciencia, pero también un arte. Cada
ser humano es diferente, y por tanto, la educación de cada hijo
ha de tender a ser personalizada. No podemos educar "en manada".
Hemos de tener en consideración que son bastantes los factores
que hacen que cada hijo sea diferente (su carácter, sus puntos
fuertes y débiles, su sexo, su edad, ser el mayor o el pequeño,
etc.), y por eso, no siempre podemos aplicar la mismas pautas de actuación
con unos niños y con otros".
Desde luego, métodos hay muchos. Existen métodos autoritarios,
basados en el control y obediencia a los padres. Otros son tolerantes,
con padres indulgentes que tratan de no traumatizar a los hijos. Los más
utilizados son los ambivalentes que alternan la permisividad con el autoritarismo,
según el caso. En los sistemas familiares democráticos,
el consenso sustituye a la autoridad y, por último, los métodos
educativos se basan en que la autoridad de los padres está al servicio
del aprendizaje de los hijos. Se trata de padres eminentemente educadores
que ejercen su autoridad desde el amor hacia sus hijos. Los métodos
son reglas del juego. Después, cada familia elaborara sus estrategias
para alcanzar los objetivos educativos.
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Su
labor conjunta facilita la educación de los pequeños de
la casa
La influencia de los dos padres en la educación
de los hijos
Una de las dudas que surge en los padres a la hora de educar a sus hijos
es saber quién influye más en ellos, el padre o la madre.
Porque lo que no cabe duda es que cada uno tiene un papel específico,
aunque ambos se complementen. Siempre se ha pensado que el padre ha estado
más unido a los hijos, y entre ellos se han comprendido mejor,
y la madre a las hijas; algo que no es del todo cierto y que sólo
se produce en situaciones muy concretas.
La pregunta que nos
planteamos es sencilla: ¿En qué influye más el padre
y en qué influye más la madre? ¿Cuáles son
los roles de uno y otro? La respuesta la obtenemos de Javier Ávila,
Profesor de Educación Primaria y Orientador Familiar, que señala
a ALBA que "la educación corresponde a los dos, por lo que
ninguno puede escudarse en la falta de tiempo, poca paciencia, etc. Los
padres pondrán al servicio de los hijos, las mejores capacidades
de cada uno. En el único campo, donde resulta más conveniente
que las madres ayuden a sus hijas, y los padres a los hijos, es en la
educación de la sexualidad, pues nadie mejor que una madre con
su hija, para transmitirle estos propios conocimientos, y viceversa".
Esto viene a demostrar que, a pesar de que las directrices que la actual
ideología de género pretenden borrar las líneas divisorias
que ha marcado la naturaleza al crear los dos sexos, no podemos rebelarnos
contra la Biología. Según, Pablo G. Gil, profesor de educación
secundaria con dos décadas de experiencia en la docencia y padre
de tres hijos menores de doce años, "los varones y las mujeres
no somos iguales, y existen una feminidad y una masculinidad que son irrenunciables,
si bien ello no implica que se adscriban mecánicamente a la mujer
las tareas propias del hogar".
La maduración
afectiva
Esta situación nos lleva a diferentes realidades que se están
concibiendo, potenciando y apoyando legislativamente en los últimos
años. Una de ellas son las monoparentales, formadas por un adulto
y uno o varios hijos menores. Estas familias pueden generarse por fallecimiento
de uno de los cónyuges, divorcio o porque la madre o el padre deciden
adoptar o tener un hijo sin el concurso del otro sexo.
Según Javier Ávila, "resulta patente que en las familias
donde sólo hay un padre o una madre, toda esta labor recae en una
sola persona, por lo que debe hacer de padre y de madre, con las carencias
que eso conlleva". Porque no hay que olvidar que el hijo necesita
la presencia implicada y activa del padre y la madre para lograr su correcta
maduración en el terreno afectivo. Por ello, lo deseable para todo
niño es sin duda criarse en un hogar bien estructurado, para evitar
consecuencias negativas en un futuro no lejano.
Cuestión aparte es la que afecta a los niños que se educan
en otras tipos de organización familiar como es el caso de las
parejas homosexuales, ya sea de hombres o de mujeres. "En este caso
-señala Javier Ávila--, nos hallamos ante una situación
bien distinta, pues el niño se encuentra con dos padres o dos madres,
por lo que carecerá del modelo paterno o materno, y todo lo que
ese modelo le proporciona".
Sobre esta situación, Pablo G. Gil, señala que le parece
"gravísimo que una pareja de personas del mismo sexo adopte
un hijo. No se puede experimentar con seres humanos a ver lo que pasa.
Hemos de rebelarnos contra ese absurdo relativismo que lleva a tantas
personas a pensar que "da todo igual" o del "¿y
por qué no?". La obligación del hombre es buscar sincera
y honestamente la verdad y no dejarse llevar por el pensamiento que esté
de moda en el momento".
La
poligamia en España
Durante los últimos años, y especialmente en este 2007 se
empiezan a alzar voces que pretenden legalizar la poligamia en España.
Una poligamia que no beneficia o perjudica de forma igual a ambos sexos.
Sus principales promotores son musulmanes, que se encuentran con el entusiasta
apoyo de algunos partidos de la izquierda política española.
En este caso la perjudicada sería la mujer, algo que no parece
muy progresista y que seria negativo para los hijos.
"Legalizar la poligamia sería un grave retroceso en la civilización
occidental. La mejora en los derechos de la mujer, no pueden verse vulnerados.
Los hijos necesitan de una familia, formada por sus padres (y hermanos)
para su adecuado desarrollo, en caso contrario, esa persona carecería
de muchas cosas, especialmente de la más importante: el amor y
su capacidad de amar", concluye Javier Ávila.
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Javier
Ávila, profesor y orientador familiar
La necesaria aportación de los valores de ambos
¿En qué forma puede influir en un niño o niña
tener dos padres varones?
Si son varones, faltarán los valores que aporta la mujer
¿Y la ausencia del padre porque tenga dos madres?
En este caso, faltará la valiosa aportación del varón.
Y la ausencia del padre por fallecimiento, separación, divorcio,
abandono, etc.?
En este caso, el cónyuge que quede al frente de la familia, tendrá
que hacer de padre y de madre, pero sabiendo que este hecho ha sobrevenido,
no ha sido buscado conscientemente.
¿Es cierto que los niños repiten muchas de las conductas
de sus padres. Por ejemplo, si un padre es violento y pega a la madre
se puede repetir esa conducta en su hijo cuando sea mayor?
Los datos estadísticos así lo reflejan, pero también
puede suceder lo contrario, que se vuelvan sumisos (en menor porcentaje).
Lo que es evidente es que les faltará equilibrio emocional en sus
relaciones de pareja.
¿Cuál debe ser la participación del padre en la
educación cristiana de un hijo?
El padre, junto con la madre, tiene el principal papel en la educación
cristiana de sus hijos. Juan Pablo II, al recordar a su padre, comentaba
que no le había dicho muchas cosas sobre esto, pero al verle rezar
hincado de rodillas, era más que suficiente.
Da la impresión de que ese aspecto los padres suelen dejarlo
en manos de las madres. ¿Es esto así? ¿Qué
repercusiones puede tener en el niño que su padre no se ocupe de
estas cuestiones?
Muchos hemos aprendido el "Jesusito de mi vida" de labios de
nuestras madres, pero como varones, nuestra mirada también se dirige
al padre, por eso, resulta indispensable su labor.
En cuanto a la educación de los hijos ¿debemos intentar
desde pequeños orientarles para que trabajen en lo mismo que nosotros
o debemos dejarles decidir sin presiones?
Es claro, que los hijos deben tener total libertad para elegir su profesión.
Los padres deben preocuparse de transmitirles el amor por el trabajo bien
hecho.
¿Suelen querer los hijos desarrollar la misma profesión
que los padres?
Antes era más frecuente, ahora no es tan corriente.
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Debe
conjugarse la excelencia académica con los valores de la familia
La difícil tarea de elegir el mejor colegio para
nuestros hijos
¿Cómo deben platearse el tema de la elección del
colegio, en función de los criterios familiares para que la formación
que se ofrezca en el centro sea similar a la que reciben en casa? Parece
razonable pensar que unos padres consecuentes no llevarán a sus
hijos a cualquier colegio, sino a aquel que siga la misma línea
educativa que ellos quieren para sus hijos. Los padres deben enterarse
del ideario de ese colegio, que debe estar disponible para su conocimiento.
Es esencial que el
centro educativo apoye la labor que se impulsa desde el hogar. Así
lo señala Pablo Garrido, profesor de Enseñanza Secundaria
y educador familiar. "De ahí que, en mi opinión, merezca
la pena que la familia haga el esfuerzo de llevar a sus hijos al colegio
que más se identifique con su ideario de vida. Conozco a algunas
familias que primero buscaron el colegio adecuado para sus hijos, y, luego,
una vivienda cercana a éste".
En cualquier caso, dependerá de las creencias y valores de cada
familia. Es una situación que se ha estudiado en diferentes ocasiones.
Así, en el Departamento de Orientación
Del Colegio CEU San Pablo han llegado a la conclusión de que "no
se puede olvidar que, por mucha formación integral que ofrezca
el colegio, la familia sigue siendo el núcleo central de la estructuración
de la personalidad, que refuerza o descalifica lo que el niño aprende
en la escuela".
La formación
integral
Esto significa que unos padres medianamente sensatos intentarán
buscar una formación integral; es decir aquella que no sólo
aporta rendimientos académicos, sino que persigue formar personas
con valores. Si un alumno recibe unos criterios determinados en el colegio,
distintos a los que recibe en casa, acabará desorientado.
Es una situación que tiene muy clara Lourdes Bilbao, que a su profesión
de trabajadora de jardín de infancia, administrativo y auxiliar
de clínica una la experiencia de ser madres de siente hijos de
entre ocho años y cinco meses. Para ella no hay duda de que si
se lleva a los hijos a un colegio con un ideario diferente o contradictorio
con el familiar, "les vendrán mensajes contradictorios y distintos
que les pueden crear una gran confusión. La escala de valores sobre
los que se deberán asentar su futuro y su vida no los tendrán
claros".
Al final esta situación vendrá a suponer una incoherencia,
"fruto, tal vez, de que esa familia no tiene en realidad muy arraigadas
esas convicciones. Por otra parte, me parece que ello supone añadir
una dificultad más al proceso educativo de nuestros hijos, pues
no es bueno que escuchen una cosa en casa y otra diferente en el colegio",
señala Pablo Garrido.
Las actividades
extraescolares
Las actividades extraescolares son situaciones que, muchas veces, traen
de cabeza a padres e hijos. Da la impresión de que hay que apuntarse
a muchas de ellas, y lo cierto es que cuando los niños legan a
casa están reventados y no tienen ganas de nada, y mucho menos
de hacer los deberes para el día siguiente o de estudiar. Javier
Ávila, Profesor de Educación Primaria y Orientador Familiar
considera que "no hay reglas fijas, pues hay alumnos que pueden realizar
2 ó 3, mientras que hay otros que con una es suficiente. Me parece
que una actividad deportiva de 2 horas semanales (más el partido
del fin de semana) es conveniente. En algunos casos se puede compaginar
con otras 2 horas de música, ajedrez, etc.".
Entretanto, Pablo Garrido se refiere también a las ventajas de
las actividades tanto deportivas como artísticas porque "es
bueno despertar el interés de nuestros hijos por ellas desde muy
pequeños. Este tipo de actividades son una excelente escuela de
virtudes, y, por eso mismo, la experiencia nos dice que casi siempre los
chicos que participan en este tipo de actividades suelen ser también
buenos estudiantes".
Pero no hay que abusar, y tenemos que estar pendientes porque, como señala
Javier Ávila, "aunque depende de cada persona, la alarma se
enciende cuando el hijo no tiene tiempo para hacer los deberes escolares,
merendar, jugar
, con cierto sosiego".
Además, resulta difícil que un niño pueda destacar
a la vez en muchas cosas. "Por ello --según Pablo Garrido--,
hemos de detectar cuál pueda ser la actividad en la que él
se sienta más a gusto y contento. Lo que no debemos hacer es llevar
a un niño a música a la fuerza, al igual que tampoco, creo,
debemos apuntar a un niño a tantas cosas que el pobre no tenga
tiempo para jugar o para estar con sus hermanos".
Las
diferentes funciones de familia y colegio
En los últimos años las familias dejan un poco de lado el
tema de la educación de sus hijos y lo confían plenamente
a los colegios. Un grave error porque, según comenta a ALBA Javier
Ávila, Profesor de Educación Primaria y Orientador Familiar,
"los padres son los primeros y principales educadores, el colegio
realiza una función subsidiaria de los padres, de los que debe
ser su principal colaborador".
Algo parecido señala Pablo Garrido que deja muy claro que "la
influencia de la familia es la principal, y esto es algo que reconocen
los mismos chicos: lo que se vive en el hogar marca a la persona para
el resto de su vida. La escuela cumple un papel subsidiario, consistente
en aportar lo que la familia no puede dar al niño (sobre todo,
conocimientos). Pero lo que difícilmente puede hacer la escuela
es suplir a la familia".
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La
función del castigo
¿Qué podemos hacer cuándo van mal
en el colegio?
Hay ocasiones en que los niños van mal en el colegio, ya sea por
comportamiento o porque no quieren estudiar ni prestar atención
en clase. En esos momentos los padres se plantean cuál es la mejor
solución. Existe la posibilidad de hacerle cambiar de actitud con
varios métodos, los principales son el premio y el castigo. Por
supuesto, se trata del premio por resultados obtenidos.
Estos premios no suelen
ser bien vistos por los educadores que consideran que los niños
deben ser conscientes de sus responsabilidades y obligaciones y no se
les debe premiar por hacer algo que es su obligación. Una cosa
es felicitarles y otra muy distinta darles un premio. Es habitual que
un padre prometa una PlayStation, un móvil o cualquier otro aparato
o juguete a sus hijos si aprueban todo en junio. Así, el niño
no será consciente de que es su obligación estudiar y siempre
querrá más premios.
En cualquier caso, tanto los premios como los castigos deben ser conocidos.
Los niños deben ser conscientes del resultado de sus acciones,
sobre todo cuando esas obligaciones les corresponden. Y en el caso de
traer malas notas, el castigo debe centrarse en solventar esa situación.
Para Luis Elejalde, profesor de Educación Física y psicopedagogo,
"familia-colegio tiene que ser un binomio fundamental en la educación
de los hijos, con una comunicación fluida y una estrecha relación.
Las acciones o castigos a tomar tienen que ser asumibles, razonados y
cumplidos".
Yendo un poco más allá, Carmen Jiménez, desde el
Departamento de Orientación del Colegio CEU San Pablo (Valencia)
deja constancia de que "los deberes del colegio deben implicar a
los padres. El contacto con el tutor del hijo, el intercambio de información
y la detección de dificultades escolares es crucial para ayudar
a los niños o adolescentes. Se deberá establecer un horario
de trabajo en casa, que será supervisado por los padres y, pasado
ese tiempo, si no ha terminado, deberá asumir las consecuencias
en el colegio".
Se castiga para
educar
Y en cuanto a los castigos propiamente dichos, según Jiménez,
el objetivo no es sancionar sino educar en la responsabilidad y la satisfacción
del deber cumplido. "Las acciones derivadas del incumplimiento de
las normas y reglas establecidas se pueden pactar mediante un contrato
que el niño firmará comprometiéndose a cumplirlo.
De no ser así, tendrá que asumir las consecuencias negativas
estipuladas en dicho contrato que variarán según las edades
(desde no ver los dibujos animados esa tarde, a no salir el sábado
por la noche). La clave reside en captar su atención, hablar del
problema y hacerles comprender las razones y el modo de afrontar las cosas
de una manera diferente".
No hay que olvidar que el castigo es, simplemente, un medio temporal de
obtención de logros. Hay que conciliarlo con el refuerzo de buenas
conductas que harán que el niño piense cómo debe
comportarse y en lo que ha hecho para merecer el castigo. Carmen Jiménez
considera que "el castigo debe ser empleado de una forma racional
para mejorar las conductas del niño. Se elegirán con prudencia
y será proporcionado a la falta. No puede ser indiscriminado y
nunca atentará contra los derechos y dignidad de los niños".
Cuestión aparte es la frecuencia y la motivación de los
castigos, porque muchos padres imponen castigos indiscriminadamente en
un momento de ofuscación y luego se ven obligados a quitarlos.
ALBA ha hablado sobre este tema con algunos padres, profesores y educadores.
La mayoría de ellos coinciden en que "los castigos se deben
poner con la cabeza fría, hablando el padre y la madre, para que
sean justos, proporcionados y educativos. Lo mejor, ante una determinada
situación, es que uno de los dos diga a su hijo: hablaré
de esto con papá (o mamá) y ya te diremos lo que hemos decidido".
La gravedad del
castigo
Luis Elejalde tiene muy claro que "hay que pensar muy bien el castigo
a imponer para que pueda cumplirse y ejecutado en un periodo corto de
tiempo. Si no se cumple la consecuencia será contraria a la que
pretendemos y además perderemos nuestra autoridad sobre nuestros
hijos".
Carmen Jiménez señala que "a la hora de imponer una
sanción, hay que pensar antes si va a poderse cumplir. En ocasiones,
dejado llevar por un estado emocional alterado, se imponen castigos desproporcionados,
inadecuados y nada sostenibles. Cuando los padres recuperan su equilibrio
perdonan y no cumplen con lo pactado. Esta situación genera en
los chicos una deslegitimación de la autoridad y una confusión
frente a las reglas y los valores que les sustentan. (Otras veces piensan:
"aguantaré el sermón, porque luego sé que no
va a pasar nada")".
Es importante el momento en que deben imponerse esos castigos. Ha de ser
en un tiempo inmediato a la realización de la falta, si no, no
tienen sentido para el niño, porque no lo relacionan con el hecho
y, además, pierden efectividad.
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El
ocio no debe ser una excusa para perder el tiempo
Deporte, lectura y maquinitas, diferentes formas de ver
el tiempo libre
Muchos niños entienden el tiempo de ocio como la posibilidad de
pasar toda la tarde con el videojuego o conectados a Internet, y no caen
en la cuenta de que hay otras opciones importantes y muy saludables como
es el caso de la lectura o el deporte. La función de los padres
es orientarles e intentar aficionarles hacia esas otras opciones.
En la actualidad,
el mercado de videojuegos, con todo tipo de juegos y avances, es el que
se lleva la palma en preferencias de los hijos. Dedicar un tiempo a este
tipo de juegos (y si es en familia, mejor) no resulta pernicioso, pero
lo que más enriquece a un niño es jugar con los demás.
Por eso, uno de los grandes retos de las familias actualmente consiste
en promover opciones y alternativas de ocio saludable a sus hijos. Es
algo que hay que lograr mucho antes de que los hijos alcancen la adolescencia
y se vayan "de botellón" con los que dicen que son sus
amigos. Algunos educadores consideran que éstos, más que
amigos, son cómplices. Por eso, jugar entre los hermanos y disfrutar
de la naturaleza y del deporte es una opción muy sana.
El ocio de los hijos debe ser al mismo tiempo divertido y formativo. Son
innumerables las alternativas de ocio que cumplen ambos requisitos. Lo
esencial es que los niños tengan formada su conciencia, para que
no llenen su tiempo de ocio de actividades que no les ayudan a mejorar
como personas.
Según Luis Elejalde, profesor de Educación Física,
psicopedagogo y padre de siete hijos todos menores de diez años,
"el ocio debe estar orientado y, a veces, organizado por los padres,
aunque sin quitarles iniciativa y creatividad: excursiones, pintar, leer,
televisión controlada, etc. Una caja de leche para tirar a la basura
puede ser un juego enriquecedor utilizándolo como trineo, carro
de muñecas o portería de fútbol".
El ocio y tiempo libre debe servir, además, para educar a los hijos
y que no tengan necesidad de enfrentarse a ciertas situaciones que pueden
ser desagradables o peligrosas como es el caso de las drogas, el tabaco,
alcohol y delincuencia, principalmente. Se trata de criar unos hijos sanos
en el amplio sentido de la palabra. Luis Elejalde considera esencial "intentar
que practiquen deporte, para que el uso del tiempo libre sea utilizado
de forma divertida y educativa. Si mantenemos a nuestros hijos practicando
deporte con asiduidad evitaremos en gran medida muchos de estos problemas.
También una buena forma de evitar ciertos riesgos es conocer a
los amigos y sus padres, organizando actividades conjuntas con ellos:
excursiones, partidos de fútbol, etc. Mantener abierta la casa
para sus amigos y de esa forma irlos conociendo: merendar, ver una película,
estudiar, etc.".
La lectura y el
deporte
Pasar unas horas leyendo durante el tiempo libre es una excelente opción
para los hijos. Pero esto no se logra sin esfuerzo. Lo padres tienen que
predicar con el ejemplo. Si los padres leen los hijos también suelen
leer. Para aficionar a un niño a la lectura hay que empezar desde
que es muy pequeño. Para ello hay que leerles muchos miles de cuentos.
Si a un niño, desde que tiene un año se le leen sólo
cinco cuentos al día, cuando tenga ocho años habrá
escuchado muchísimos cuentos. Ese niño, lo más seguro
es que tenga en el cuerpo el "gusanillo" de la lectura para
el resto de su vida. Para Luis elejande lo mejor es "leer con ellos,
contarles cuentos y que nos vean coger algún libro en nuestros
ratos libres".
El deporte es otra buena opción. Tiene muchas ventajas y, además,
como hay gran variedad de actividades deportivas, se puede animar a los
hijos para que practiquen aquellos para los que estén más
capacitados y en los que disfruten más. Esto facilitará,
también, el trato con otros niños de su edad.
Sobre el deporte, Luis Elejalde considera que "casi todo son ventajas.
Adaptado a su edad disfrutan con él, les ayuda a desarrollarse
y participar como uno más del grupo. Un buen ejemplo es una excursión
o paseo en bici, triciclo o moto con propulsión de los propios
pies del conductor."
A los padres se les plantea la duda de si habrá deportes que sólo
puedan practicar los chicos y otros exclusivamente las chicas. Según
Elejalde, los deportes se practican "por separado, pero casi todos
son practicados por ambos sexos. Algunas excepciones podrían ser
el fútbol en chicos y la natación sincronizada en chicas".
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Las
tareas deben se acordes con su edad y capacidad
Los hijos deben asumir tareas en el hogar para colaborar
con toda la familia
Los hijos deben asumir una serie de responsabilidades durante su tiempo
libre para colaborar en las tarareas de la casa. Desde poner la mesa hasta
recogerla, limpiar el polvo o tirar la basura y cuidar de los hermanos
menores cuando tienen suficiente capacidad para ello. Son pequeños
trabajos que pueden y deben hacer para que asuman responsabilidades y
no piensen que sus padres son sus criados.
Lo cierto es que la
casa es de todos, y sería injusto que lo fuera sólo de la
madre, o del padre. Los educadores piensan que un niño que no ayuda
en casa, ni tiene encargos concretos y adecuados a su edad es, sencillamente,
un niño mal educado. En esto, como en todo, hay que empezar muy
pronto. Por ejemplo, excepto casos excepcionales, no han ningún
niño de diez años que no sea capaz de hacer su cama todos
los días.
Las tareas no tienen que ser difíciles. Lourdes Bilbao, desde su
experiencia como trabajadora de jardín de infancia, administrativo
y auxiliar de clínica señala que los niños deben
"recoger los juguetes al terminar el juego, ayudar a poner la mesa,
doblar la ropa y no dejarla tirada, etc. En mi caso, tengo 4 niños
y 3 niñas y todos hacen las tareas que he enumerado anteriormente".
Las tareas por
edades
Carmen Jiménez, miembro del Departamento de Orientación
del Colegio CEU San Pablo (Valencia), se refiere a las diferentes etapas
por las que pasan los niños a la hora de asumir tareas, según
sus edades. "En la primera etapa, de dos a tres años: Aproximación
a las tareas, se les da a conocer de forma sencilla, por primera vez,
las tareas de autocuidado que será necesario que realicen solos
cuando sean mayores. Deber ser presentadas como un juego y realizarlas
dentro del horario adecuado. Algunas de ellas son: lavarse las manos,
desayunar y, jugar, principalmente".
Luego llegamos a una segunda etapa que va de los cuatro a los seis años,
y que podemos calificar como el momento de la Enseñanza de las
tareas de autocuidado. "Se les pide mayor autonomía en la
realización de las mismas. Se sienten importantes participando
con la familia. Deben comenzar a conocer las consecuencias positivas o
negativas de la realización o no de esas tareas. Algunas de ellas
son: recoger sus juguetes, recoger el baño, no romper cosas o comérselo
todo", señala Carmen Jiménez.
En la tercera etapa, de siete a once años nos encontramos con la
Enseñanza de las tareas familiares. Desde el Departamento de Orientación
del Colegio CEU San Pablo de Valencia señalan a ALBA que aquí
los niños "pueden elegir, por ejemplo, qué ropa ponerse,
experimentando las consecuencias de sus decisiones. Algunas tareas son:
ayudar a poner y quitar la mesa, barrer, hacer la lista de la compra,
hacerse la cama, recoger el cuarto de baño y la ropa sucia o realizar
tareas para los otros, que es lo que más les cuesta".
Negociar las tareas
Y llegamos a la etapa más compleja porque los hijos ya tienen un
considerable grado de autonomía y toman decisiones. Esta cuarta
etapa va desde los doce a los diecisiete años y podemos calificarla
como el momento de la Negociación de tareas. Según Carmen
Jiménez, es un momento en el que ya "saben realizar la mayoría
de las tareas pero les cuesta esforzarse y realizarlas con regularidad.
Hay que negociar con ellos en qué tareas quieren participar y qué
ocurrirá tanto si colaboran como si no. Algunas tareas son: encargarse
del aseo y orden de su cuarto, pasar la aspiradora, fregar, hacer recados,
bajar la basura, poner y recoger el lavavajillas, planchar, etc.".
Antes de mandar tareas caseras a los niños, los padres deben enseñarles
como hacerlas y la responsabilidad que eso implica. Deben hacerles entender,
que la casa la sacan adelante todos los miembros de la familia. Y deben
predicar con el ejemplo. Para Lourdes Bilbao, queda claro que "todos
los miembros de la familia deben tener responsabilidades, encargos y tareas
que realizar. El ejemplo de los padres realizando sus encargos o tareas
es fundamental para que los hijos cumplan los suyos".
Cuestión importante es el reparto sexista de estas tareas, que
ha cambiado en los últimos años, según deja constancia
la propia Carmen Jiménez. "Hasta no hace mucho, el peso cultural
inclinaba la balanza hacia repartos sexistas y tradicionales. La tendencia
actual es hacia un mayor equilibrio igualitario entre sexos. La actitud
del padre de familia y su ejemplo condicionará grandemente los
resultados".
¿Cómo
habituarlos a colaborar en casa?
Los hijos deben habituarse a realizar las tareas todos los días,
hasta que las hagan suyas. No cabe duda de que para ello los padres deben
armarse de paciencia, sobre todo al principio porque nadie nace enseñado.
Lo que da muy buen resultado siempre es el ser positivos y felicitar a
los hijos cada vez que hagan algo bien. Esta es la única manera
de que experimenten la relación que existe entre el esfuerzo, el
bien y la alegría que ambos conllevan.
La opinión de Carmen Jiménez miembro del Departamento de
Orientación del Colegio CEU San Pablo (Valencia) es que "lo
mejor es enseñarles a compartir las tareas desde que son pequeños.
Es positivo que vean que todos los miembros de la familia colaboran. En
primer lugar, se seleccionarán las tareas adecuadas a su edad.
Se les explicará qué deben hacer, cómo, dónde
y cuándo. Se les animará a realizarlas regularmente, reconociendo
su esfuerzo. Deberemos tener paciencia y no recriminar excesivamente los
fallos. Corregiremos su conducta de una forma positiva y les recordaremos
la mejor manera de realizarla. Y, lo más importante, es reconocer
su contribución al bienestar familia".
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Las
actividades extraescolares, como medio de formación de los hijos
Las actividades extraescolares son situaciones que, muchas veces, traen
de cabeza a padres e hijos. Da la impresión de que hay que apuntarse
a muchas de ellas, y lo cierto es que cuando los niños llegan a
casa están reventados y no tienen ganas de nada, y mucho menos
de hacer los deberes para el día siguiente o de estudiar.
Javier Ávila, profesor de Educación Primaria y Orientador
Familiar considera que "no hay reglas fijas, pues hay alumnos que
pueden realizar 2 ó 3, mientras que hay otros que con una es suficiente.
Me parece que una actividad deportiva de 2 horas semanales (más
el partido del fin de semana) es conveniente. En algunos casos se puede
compaginar con otras 2 horas de música, ajedrez, etc.".
Se trata de no abusar, y tenemos que estar pendientes porque, como señala
Javier Ávila, "aunque depende de cada persona, la alarma se
enciende cuando el hijo no tiene tiempo para hacer los deberes escolares,
merendar, jugar
, con cierto sosiego".
Los pedagogos consideran esencial detectar cuál pueda ser la actividad
en la que él o ella se sientan más a gusto y contentos.
Piensan que no se debe llevar a un niño a música a la fuerza,
al igual que tampoco hay que apuntarlo a tantas cosas que el pobre no
tenga tiempo para jugar o para estar con sus hermanos.
El periodo vacacional
Por su parte, José María Galindo, miembro del equipo directivo
del club Juvenil Valderribas (www.valderribas.org) se refiere a las actividades
extraescolares enfocándolas hacia las próximas vacaciones.
Señala que "los chavales deben realizar aquellas en las que
puedan mejorar su formación personal. Los jóvenes deben
invertir en su futuro. Además, en una cultura tan individualista,
el verano debe ser un momento propicio, porque hay más tiempo,
para convivir con otras personas".
En este aspecto hay que ser especialmente cuidadoso en la preadolescencia
y adolescencia. Esas edades son cruciales en la educación del carácter.
"Por ese motivo es muy recomendable que los jóvenes participen
en actividades de este estilo".
Galindo señala que podemos considerar actividades extraescolares
tanto las que se realizan a diario fuera del horario escolar como las
que tienen lugar durante los periodos de vacaciones. "Extraescolar
es un calificativo que no se refiere tanto al tiempo como al concepto
de actividad".
Afirma que la principal diferencia entre unas y otras y otras se basa,
simplemente, "en que las del horario escolar son aquellas que se
encuadran dentro de lo obligatorio o perentorio. Las que se hacen fuera
de ahí se ven principalmente como algo más voluntario, con
un interés más personal. Esta característica facilita
mucho el aprovechamiento que se hace de las mismas".
Chicos receptivos
Lo cierto es que los chicos son muy receptivos para estas últimas
hasta el extremo de que "les pesa que se terminen y siempre les gustaría
seguir un poco: se sorprenden de que ocupando el tiempo en muchas actividades
se sienten útiles y hacen más amigos".
Ahora con la llegada del verano es el tiempo de nuevas actividades. Por
poner sólo un ejemplo, aunque hay otros muchos, el club Valderribas
organiza actividades extraescolares para jóvenes de entre 10 y
18 años. En el tramo de 10-12 la actividad es un campamento en
la sierra de Teruel; de 13-16 hay cursos de inglés; y de 17 y 18
años actividades de solidaridad e idiomas en el extranjero.
Llegados a este punto ALBA tenía mucho interés por conocer
la opinión de Galindo como especialista en estas cuestiones sobre
la postura de algunos padres que consideran que los hijos cuando aprueban
deben estar todo el verano sin hacer nada, porque se lo han ganado, aunque
otros piensan todo lo contrario. "Creo que es tirar, dilapidar, toda
la inversión que se ha hecho durante tantos meses. Tantos valores
buenos como el espíritu de trabajo, de equipo, de constancia, alcanzados
durante ese tiempo ... para llegar al final y abandonarlos", concluye
Galindo.
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Mucha
celebración social y poca celebración religiosa
Una comunión puede costar más de tres mil
euros
Estamos en época de comuniones y los niños se afanan en
pedir sus regalos, probarse los trajes y esperar que llegue el ansiado
día. Sin embargo, muchos desconocen el verdadero significado de
esa Primera Comunión. Se deja de lado el aspecto religioso y esa
celebración se convierte en un acto social, donde ambos padres
se empeñan pidiendo créditos para dar un buen banquete y
quedar bien con la familia y los amigos. Las madres, además, aumentan
esas deudas comprando carísimos trajes para lucir ese día.
Lo cierto es que las
comuniones dejan en números rojos a muchas familias que se endeudan
para todo el año. Esta temporada, el gasto al que tendrán
que hacer frente las familias españolas ha subido un cuatro por
ciento con respecto al año anterior, según ha señalado
la Confederación Española de Consumidores y Usuarios (CECU).
Su portavoz, Antonio López afirma que la mayor parte del gasto
de esta "cantidad importante" va destinada en primer lugar al
banquete y posteriormente, a sufragar el importe de los vestidos y complementos.
El estudio realizado a nivel nacional por esta asociación de consumidores
muestra variaciones entre el gasto que generan los niños y las
niñas. Así, el desembolso medio se sitúa en 3.500
euros si se trata de chicas y 3.200 si son chicos. Las sencillas celebraciones
que acompañaban al acto religioso han quedado ya muy atrás,
y hoy en día se celebran festejos que exigen preparativos muy similares
a los de una boda, con un número de invitados parecido y unos platos
de igual calidad, lo que supone un desembolso de unos 40 euros por comensal
aproximadamente.
2.000 euros para
el banquete
El banquete, suponiendo que haya unos 50 invitados, que no es una cifra
excesiva para estas ocasiones, implica "un gasto medio de 2.000 euros",
mientras que el traje puede llegar a costar 400 euros si es para chicos
y 500 euros en el caso de las niñas. Todo ello sin contar otros
conceptos como peluquería, recordatorios o chucherías para
los niños más pequeños.
Desde la propia CECU se han visto obligados a recordar que "las comuniones
son actos religiosos que tienen que ver con la fe" por lo que "no
es necesario" que los niños y niñas "lleven trajes
fabulosos y muy caros". Su portavoz recomienda que se compare entre
varios restaurantes para evitar que el coste suba en exceso.
Los gastos, sin embargo, no acaban aquí, porque la comunión,
igual que una boda, se celebra como una fiesta que sólo se vive
una vez en la vida; y para que no deje de ser un día especial en
la vida de los pequeños, los padres continúan invirtiendo
dinero, que ya se verá luego como lo pagan. En ocasiones la fiesta
se prolonga hasta los parques de atracciones o con payasos, aunque esta
opción parece quedarse obsoleta y ahora lo que se lleva es regalar
un viaje, una consola o una moto.
La improvisación
Algo que influye negativamente tanto en el desarrollo y la organización
de todo el evento como en su coste económico es la improvisación.
Según Antonio López, en España "la gente no
suele planificar con tiempo" los preparativos de este tipo de celebraciones
y debido a esto, acuden "a última hora" para organizar
las comuniones y por ello "se gastan más".
Pero hay otros gastos que se realizan ese día. Por ejemplo, inmortalizar
el momento sale por un dineral. Las fotos pueden costar unos cien euros
y un video llegará a los 200. En esto también han cambiado
las costumbres porque hace no muchos años la avalancha de reporteros
haciendo fotos llegaba a convertir a la iglesia en un espectáculo;
ahora se comparte un solo fotógrafo para todos los niños,
igual que ocurre con el video.
A esto hay que sumar las estampas y figuras que los padres regalan a los
invitados como recordatorios, normalmente una o dos por cada persona,
lo que puede suponer otros 200 euros. Los crucifijos, pendientes o pulseras
elevan en 80 euros el gasto en las niñas y en 70 el de los niños.
Por eso, montar una celebración de estas características
lleva a muchas familias a vaciar sus cuentas y pedir un crédito
al banco, con el fin de contentar a sus hijos en ese día de la
Primera Comunión y dejar una buena imagen entre los familiares
que asisten. Hasta hace unos años sólo se pedían
créditos para comprar una casa o un coche, algo que ha cambiado
radicalmente en este siglo XXI.
Otra
forma de celebrarlo
Celebrar la Primera Comunión no tiene porqué suponer un
gasto excesivo., Sólo hay que organizarse y actuar con cabeza.
Por ejemplo, en las comunidades neocatecumenales es costumbre que la celebración
del ágape se haga en una sala en la que cada uno de los miembros
de la comunidad lleva algo de comer y beber. En estos casos la comida
es variada y cada uno cocina lo que mejor se le da. No sólo se
comparte ese ágape con el resto de los hermanos sino que se colabora
a que los padres del niño no tengan que asumir un gasto excesivo.
Queda claro que aquí lo importante no es el acto social que sigue
a la celebración religiosa, ni tampoco los regalos que va a recibir
el niño o la niña y que seguro que serán muchos y
les van a encantar. Lo importante es que el niño recibe, por primera
vez, el Cuerpo de Cristo. La fiesta es para él, no para sus padres
y los amigos de éstos. Con estos ágapes se le da sentido
al hecho de compartir cada uno lo que tiene para celebrar algo tan importante.
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Juan
Romero, especialista en tecnoadicciones
"Hay que evitar que nuestros hijos se hagan adictos
a las maquinitas"
La posibilidad de que nuestros hijos se conviertan en unos adictos a todo
lo que está relacionado con la tecnología es algo que debe
preocupar a cualquier padre. La sociedad actual promociona este tipo de
actividades y a muchos padres les supera todo lo que tenga que ven con
un ordenador, teléfono móvil o videojuegos. Y si hablamos
de Internet, la situación es aún mucho más compleja.
Hay padres que no
son conscientes de los problemas que pueden provocar las adicciones de
sus hijos a la tecnología. "En muchas ocasiones son los propios
padres quienes impulsan a sus hijos a pasarse horas frente a estos aparatos
para que les dejen en paz". Así lo señala Juan Romero,
Director de Comunicación de Construcciones Digitales (www.construccionesdigitales.com),
organización que se dedica a la promoción saludable de las
nuevas tecnologías. Imparte charlas y conferencias en colegios
y grandes y medianas empresas para concienciar a padres, educadores y
profesionales de la necesidad de tener sentido común a la hora
de incorporar a los hijos a las nuevas tecnologías. "El problema
surge -señala Romero-porque los hijos saben mucho más de
todos estos temas que sus propios padres. Han nacido con la PlaySation,
el móvil y el ordenador en sus manos y es algo habitual para ellos.
Lo que hay que lograr es que sepan diferenciar entre el uso y el abuso
de la tecnología".
Por su parte, Santiago García Gutiérrez, Master en Matrimonio
y familia por la Universidad de Navarra y Director de FP de Tajamar afirma
que esto "puede hacer que padres e hijos vivan en dos mundos separados,
con poca conexión entre ellos. Los padres pueden perder totalmente
el control sobre lo que hacen los hijos, y no entender en absoluto el
mundo en el que viven. Esto provoca un déficit educativo importante".
Por ello, los padres tienen que formarse en esas nuevas tecnologías,
para poder educar a sus hijos en su uso saludable y responsable. Santiago
García considera fundamental que logren "perder el miedo a
enfrentarse a esas tecnologías, por el bien de sus hijos. Además,
de esa forma descubrirán las inmensas posibilidades que esas tecnologías
ofrecen cuando son bien utilizadas".
Los peligros de
la tecnología
La tecnología aporta una serie de ventajas que nos hacen más
fácil la vida, pero también nos la puede amargar si no la
utilizamos con sentido común. En el caso del móvil, por
ejemplo, los hijos empiezan a pedirlo a partir de los diez años,
porque en su clase todos lo tienen. "Si no se lo compramos nos dicen
que les van a ver como bichos raros. Quizá sea un poco excesivo
comprarles el móvil tan pronto, excepto en circunstancias excepcionales,
como cuando se trata de los niños de la llave, así conocidos
porque salen del colegio y van solos a casa, ya sea en la ruta o por su
cuenta, y pasan toda la tarde solos hasta que llegan los padres",
comenta el Director de Comunicación de Construcciones Digitales.
Por su parte, Santiago García señala que el primer peligro
de las nuevas tecnologías "es que son muy atractivas, que
enganchan, y puede dedicarse mucho tiempo a ellas sin darnos cuenta, sin
necesidad de estar haciendo cosas inadecuadas. Este peligro, cuando no
se pone cuidado, puede llevar a la adicción; no saber vivir sin
ellas".
En algunos casos, esto provoca un aislamiento del mundo real, "pues
en ese mundo virtual uno es quien le gustaría ser en la realidad"
afirma García.
Esta adicción, según Juan Romero se suele producir porque
"los chavales pueden conocer muy bien estos temas pero no saben discernir
lo bueno de lo divertido, ni el uso del abuso. En ocasiones se pasan horas
mandando o enviando mensajes SMS. Hay días que envían o
reciben más de cincuenta; escriben mal porque ahorran letras en
los mensajes y eso luego se nota en el colegio". En ocasiones, incluso,
están pendientes todo el día y la noche del móvil,
por lo que no descansan convenientemente.
Contenidos
no recomendables
Uno de los aspectos que los padres deben tener muy presentes son los contenidos
que llegan al ordenador de sus hijos, sobre todo a través de Internet.
Juan Romero señala que "en el ordenador de casa puede entrar
de todo, desde pornografía hasta mensajes racistas, violentos o
correos fraudulentos que se hagan pasar por nuestro banco y consigan que
les digamos nuestras claves". Santiago García amplía
esta cuestión señalando que aunque representa un grave peligro
la cantidad de contenidos inapropiados a los que se puede tener acceso,
"creo importante resaltar que hay peligro aun cuando no se acceda
a estos contenidos".
La consecuencia de que lleguen hasta nuestros hijos contenidos violentos,
racistas o que promuevan el delito puede llevarlos a tener problemas con
la Justicia. Sobre esta cuestión, Juan Romero, comenta que una
de las principales preocupación que muestran los padres en las
charlas que Construcciones Digitales imparte a lo largo de toda España
es "la forma de evitar que los hijos, inconscientemente, se metan
en esos líos". Una solución, aunque parcial, es la
"instalación de filtros, muchos de los cuales tienen un nivel
de seguridad muy alto, aunque no la garantizan al cien por cien",
concluye Romero.
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¿Cómo
luchar contra el acoso escolar?
Muchos niños sufren en silencio el maltrato físico y psíquico
de sus compañeros
Cuando los padres enviamos a nuestros hijos al colegio siempre nos queda
un pequeño resquemor de pensar si les ira bien allí, si
tendrán buenos amigos y si serán felices. A veces nuestras
dudas se convierten en duras realidades que nos pueden llegar a amargar
la vida, al comprobar que nuestro hijo está siendo acosado o maltratado
por otros.
El acoso puede ser
psicológico, con insultos y otro tipo de agresiones como hacer
el vacío al chico. En otra ocasiones a esto se suma la agresión
física con empujones, golpes o palizas. Lo que hay que lograr es
poner fin a esa situación antes de que se produzca; algo realmente
difícil.
Aunque el maltrato físico pueda ser más grave, porque también
conlleva el psíquico, lo cierto es que es mayoritario este último.
Según Juan Antonio Díaz Sosa, profesor de ESO y FP, con
varios lustros de experiencia en el mundo de la enseñanza, "el
psicológico es el que puede llegar a causar problemas personales
al agredido, ya que es más difícil de detectar y en ocasiones
el agredido lo es durante años enteros".
¿Por qué
se producen las agresiones?
Los agresores se convierten en tales para suplir sus propias deficiencias
y esconderlas ante el grupo con el que se mueven habitualmente. Normalmente
agraden por "el deseo de los agresores de tapar determinadas carencias
personales, tanto intelectuales como afectivas, y demostrar la fortaleza
y la superioridad frente a los que son iguales a el", señala
Díaz Sosa.
Las victimas son, generalmente, aquellos alumnos que destacan de manera
importante en los estudios o son especialmente retraídos, con problemas
de socialización, lo que les hace estar fuera del grupo o ser diferentes
a éste". En ocasiones estos chicos puede llegar a bajar a
propósito su rendimiento escolar, e incluso suspender todas las
asignaturas, para que los agresores dejen de meterse con ellos.
Detectar el acoso
En los últimos años se han dado pasos importantes para impedir
que estas situaciones de violencia escolar se produzcan, pero siguen existiendo.
El escenario ha mejorado considerablemente por la concienciación
general de todos los estamentos implicados en el proceso educativo, desde
el propio afectado y su familia hasta los responsables del centro escolar
y las autoridades educativas.
En ocasiones la denuncia de estos hechos corre a cargo del propio agresor,
pero en otras éste calla y hay que darse cuenta en su entorno,
preferentemente en casa y el colegio. "Es difícil detectarlo,
pero podemos darnos cuenta si, por ejemplo, observamos cambios bruscos
en el rendimiento del alumno, falta de motivación para asistir
a clase, soledad o estados de animo decaídos" señala
Díaz Sosa.
Medidas a adoptar
Probablemente el medio más importante para evitar que se produzca
el acoso es la educación y concienciación de los propios
alumnos, para que si alguno detecta estas situaciones pueda denunciarlo
a los responsables educativos. Según Díaz Sosa, "probablemente
el medio más importante para evitarlos es, fundamentalmente, la
educación de los hijos, en casa".
Las medidas que se pueden adoptar desde el colegio, la familia, las autoridades
o el propio acosado pasan, en primer lugar, porque el afectado denuncie
el problema que está sufriendo. Los centros escolares deben tener
una especial sensibilidad en estos casos y buscar la manera de solucionar
el asunto sin que el acosado se sienta desprotegido. Sobre todo es importante
la comunicación dentro de la familia y, también, de la familia
con el centro escolar; "esa relación ha de ser fluida y continua",
concluye Díaz Sosa.
Los
cambios de comportamiento social
El acoso escolar es otra de esas situaciones que muestran los cambios
de comportamiento que se han producido en los últimos años.
Antes siempre había alguien que se metía con alguien, pero
no era de forma sistemática y tras una pelea en el patio del colegio
se solía solucionar el problema. Incluso se hacían buenos
amigos. Ahora todo es más complejo, porque se trata de acosos sistemáticos
de un grupo contra un niño, y que puede llevar al suicidio.
Son casos extremos y aislados pero que ya se han producido en diferentes
ocasiones en España. Así ocurrió hace dos años
en Elda, por ejemplo, donde una joven de 16 años, Cristina, se
tiró al vacío desde un puente después de ser objeto
continuado de acoso por parte de un grupo de compañeras. Meses
antes el problema había saltado a los medios de comunicación
con el suicidio de otro chico de 14 años, Jokin, el primer caso
conocido de acoso escolar con resultado de muerte, aunque puede que antes
hubiese otros que no se conocieron porque no se sabía de la existencia
de este problema.
Su origen es la violencia. Y son varios los factores a tener en cuenta,
principalmente relacionados con los cambios sociales que se han producido
en los últimos años: cambios en la estructura familiar;
cambios en el concepto de autoridad y en su ejercicio, tanto de los padres
como de los maestros, y de la propia sociedad en general.
Habitualmente, el agresor, que se ve amparado en un grupo, actúa
movido por un abuso de poder y el deseo de intimidar y dominar. Suele
ser un varón de temperamento impulsivo y violento hacia aquellos
que considera débiles y cobardes. La envidia también juega
un papel esencial porque mientras el acosador suele tener un mal expediente
académico, la víctima puede que tenga muy buenas notas y
eso no lo puede soportar alguien violento que te considera inferior.
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