Querido papá
ESPECIAL PAPAS
Suplemento especial del semanario ALBA
26 de MARZO de 2007

 

Las dudas y anhelos de un futuro papá. Como colaborar con la esposa embarazada.
César, esposo, padre, amo de casa y trabajador por cuenta ajena. Cuenta su experiencia.
¿Qué implica ser padre en la vida diaria?
La autoridad del padre puede crear hijos sumisos, posesivos o equilibrados. Cuestiones esenciales a tener en cuenta.
La adicción al trabajo afecta negativamente a los hijos. Algunos padres trabajan mucho para no estar en casa.
Los hijos necesitan a su padre no sólo para preguntarle dudas y plantearle problemas, sino para disfrutar con él del tiempo libre.

Las dudas y anhelos de un futuro papá
"Como es mi obligación y mi derecho, quiero y debo colaborar en todo lo que pueda"
Jesús Alberto Calvo espera su primer hijo con cuarenta años. Su mujer, Aroa, de 28, está embarazada de siete meses. Han estado intentando ser padres durante un año, más o menos. Recibió la noticia del embarazo de su mujer con mucha alegría. Durante este tiempo los cambios físicos han corrido a cargo de la esposa, sin embargo, ambos han compartido su experiencia en los cambios psíquicos. Ahora ven la vida de una manera diferente.

Con vistas al nacimiento de su primer hijo Alberto tiene como principal preocupación "que todo vaya bien en el parto y que todo sea normal. Además, me preocupa poder proporcionarle una educación adecuada, que disfrute de una infancia sana y que sepa ser una persona responsable".
Y hablando de educación, tanto el padre como la madre ya se han planteado en más d euna ocasión el tema de la guardería y el colegio al que van a llevar al pequeño Marcos, aunque, de momento "hay otras prioridades en el embarazo"
Un embarazo en el que no ha habido los típicos antojos. Es una situación nueva en la que Alberto ha visto como su esposa experimenta ciertos cambios y situaciones poco habituales en otras circunstancias de la vida. Él cree entender estas situaciones "y comprendo que estas se puedan producir. De todas formas no son muchas",
Ahora es un momento en el que está aprendiendo de todo. Hay que saber qué hacer en ciertas situaciones una vez que el niño venga al Mundo. "tengo que aprender muchas pequeñas cosas que, poco a poco, los más experimentados me van contando. De todas formas, mucha gente pasa cada día por esta situación y sabe adaptarse. Espero que yo también sepa aprender rápido en la nueva situación".

La colaboración en casa
Cuestión importante es la colaboración y ayuda que Aroa, su mujer, va a necesitar durante los próximos meses, porque no hay que olvidar que la paternidad es cosa de dos. Alberto pedirá los días libres que le correspondan "como es mi obligación y mi derecho. Quiero y debo colaborar en todo lo que pueda".
También piensa que no le será difícil compaginar su vida profesional y su paternidad, algo qe no será tan sencillo para Aroa: "Supongo que mucho más fácil que a mi mujer. Estoy seguro de que a ella le costará infinitamente más". De hecho nadie puede negar que la carga más pesada, y no sólo durante los nueve meses de embarazo, la lleva la mujer. "Cada uno tiene que ser consecuente y responsable con sus decisiones. Con esto quiero decir que espero ser capaz de colaborar en lo que como padre me corresponde, pues el hijo es de los dos".
De momento prefiere no pensar en algunas de las dificultades que se va a encontrar durante los próximos meses "ya veremos cómo se van solventando".
Pero hay miedos, miedo a "que algo, en la vida del futuro Marcos, no vaya bien". Pero él va a poner todos los medios y se ocupará de todo aquello que sea positivo para la educación de su hijo: "cariño, una buena orientación y un ambiente de armonía. Estos tres elementos deben estar presentes siempre en la educación de un niño".

Alberto Calvo, futuro papá
¿Cuáles son las principales etapas que deben tener presente los padres sobre la educación de los hijos?
Preverlas a priori creo que sería equivocado. A medida que las cosas se vayan sucediendo, habrá que adaptarse a la evolución de tu hijo.
¿En que forma influye la autoridad paterna en la educación de los hijos?
Debe influir igual que la de la madre. Ambos papeles son esenciales para el desarrollo equilibrado del niño.
¿Crees que sabrás proyectar correctamente la figura paterna y su autoridad sobre tu hijo?
Eso espero…!!!!
¿Cuál debe ser la participación del padre en la educación cristiana de un hijo?
Igual que la de la madre. Hay que transmitirle los principios más importantes de la vida para conseguir que en su madurez tenga criterios claros.
Da la impresión de que en ese aspecto los padres suelen dejarlo en manos de las madres. ¿Es esto así? ¿Qué repercusiones puede tener en el niño que su padre no se ocupe de estas cuestiones?
Si el niño observa que su padre se desentiende de una parte de la educación, sea cual sea esta parte, evidentemente se resentirá y tendrá efectos no deseados.
En cuanto a la educación de los hijos ¿debemos intentar desde pequeños orientarles para que trabajen en lo mismo que nosotros o debemos dejarles decidir sin presiones?
Bajo ningún concepto. Debemos educarle en la libertad de sus opciones. Cualquier presión en este sentido puede volverse en contra del futuro del niño. La libertad es el principal valor.
¿Suelen querer los hijos desarrollar la misma profesión que los padres?
No se puede generalizar. Siempre hay un efecto llamada de sus padres en este sentido, pero eso no es concluyente. Cada uno debe tomar sus decisiones.
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César, esposo, padre, amo de casa y trabajador por cuenta ajena
"Si un hombre quiere a su pareja, tiene la obligación moral, y además lo hará con gusto, de involucrarse en las tareas de llevar una familia y una casa".
César Carro tiene 36 años, está casado desde hace once con Sol. Tiene tres hijos, Fede, de 10, Belén de ocho y Marta de ocho meses. Empezó a trabajar muy joven como empresario para sacarse un dinerillo, porque no le gustaba pedir dinero en casa. Se casó muy temprano y el comienzo de su matrimonio coincidió con su máxima pujanza laboral. Ganaba dinero y no podía parar de trabajar. Estar con la familia, que es lo que realmente le gusta, suponía un sobreesfuerzo que terminaba pasando factura. Se sentía cansado, con la motivación perdida y desorientado.

Tenía su oficina cerca del Santuario de Nuestra Señora de Schondstadt, en Pozuelo (Madrid), y allí acudía todas las mañanas a pedir a la Virgen que le iluminara. César cuenta que "Nuestra Madre nunca falla, y me hizo ver algo que nunca contemplé. Dejar esa empresa, con la ilusión que había puesto en montarla, y lo más complicado, irme sin saber donde. Sin embargo, no había incertidumbre. Me acogió un sentimiento de total confianza, y abandono a la voluntad de Dios, y como no podía ser de otra forma, todo cambió a mejor."
Los nuevos propietarios iban a tirar algunos muebles y les pidió permiso para darles un uso útil. A través de una amiga, surgió la posibilidad de regalárselos a los Legionarios, por lo que acompañado de un Hermano Legionario, fueron a la oficina a recogerlos. "Había que ver las caras de la gente de un centro de negocios, al ver a un sacerdote cargando conmigo mesas en una furgoneta. Ahí intervino la Providencia. Ellos se enteraron de que me iba a casa a pensar sobre mi futuro, y me abrieron las puertas de trabajar con ellos. Ni más ni menos que llevando campamentos de niños, posiblemente lo que más me gusta del mundo, trabajando a mi ritmo como estaba acostumbrado ¡y desde casa!, lo que me permitía tener mucho tiempo para disfrutar de mi familia. Me considero un privilegiado".

Una de vuestras desventajas es que la jornada laboral puede durar 24 horas, no descansáis ningún día a la semana. En tu caso eres un hombre y esto no es habitual pero imagino que a las mujeres las comprendes perfectamente.¿Qué opinas?
Toda esta idea de la conciliación laboral ha venido porque no podía sostenerse más una situación tan injusta como la que venía sufriendo la mujer. Ideas tan oportunistas y manipuladas como la liberación de la mujer, sólo les habían llevado a incorporarse al mundo laboral, eso si, sin tener ningún tipo de ayuda en casa. ¡Pues vaya liberación! Sin embargo, la situación sigue planteándose equivocada e injusta, porque se entiende tácitamente, que esta conciliación tiene que ir dirigida a la mujer. Otro error. Por descontado que la figura de una madre en casa para sus hijos es insustituible, pero también es imprescindible la referencia del padre para un niño. Si no, ahí se entienden muchos comportamientos agresivos y poco integrados de no pocos chavales. Además, si un hombre realmente quiere a su pareja, tiene la obligación moral, y además lo hará con gusto, de involucrarse en las tareas que comporta llevar una familia y una casa. Y no me estoy refiriendo a comprar el pan los domingos, ja,ja.
¿Reconocen en tu familia la labor que desarrollas?
Por supuesto. Los dos valoramos la ayuda que nos prestamos el uno al otro en un fin común, y yo veo que mis hijos sienten la cercanía de sus padres.
¿Crees que la sociedad en general reconoce esa labor?
No. Como decía antes, antiguamente toda la labor doméstica y educacional de los niños, salvo honrosas y modernas (de verdad) excepciones, recaía en las madres, porque se entendía que el padre ya hacía bastante deslomándose en el trabajo. Por lo menos, antes la madre tenía tiempo para dedicar cantidad y calidad de su tiempo en los hijos. Hemos ido a peor, y ahora la mujer no dispone de ese tiempo. Debemos tender a racionalizar el reparto entre los cónyuges. La paridad tan nombrada demagógicamente ahora, tendente no a dar más responsabilidades a la mujer en el ámbito laboral, sino al hombre en la educación de los hijos; no sólo a llevar al niño al partido del sábado. Y también en las tareas de una casa, abandonando de una vez, ideas trasnochadas y egoístas por parte del hombre. Es importante y urgente.
¿De que aspectos te ocupas habitualmente?
Como dispongo de más tiempo que mi mujer, suelo ser yo el que hace la compra de casa, yo llevo a los niños al médico, dentista, etc.,voy a las reuniones del colegio...Y como soy un maniático del orden, suelo ser el gruñón que hace que las cosas estén en su sitio. De las faenas del hogar, mi favorita es pasar el aspirador. La que más odio, un clásico, planchar.
Podríamos decir que además de comprador eres lavandero, limpiador, cocinero, gestor educador y psicólogo entre otras cosas?
Las que más me definen son las dos últimas, educador y psicólogo.
¿Cómo es una jornada laboral cada día?
Empiezo a las 9, como cualquier oficina. Antes hemos desayunado juntos, y mi mujer se lleva a la prole al colegio. Si ella no puede, les llevo yo encantado. Así salgo de casa pronto, y lo del atasco lo llevo bien porque es muy de vez en cuando. Trabajo durante unas horas, y para descansar, voy a hacer las compras y recados del día. Mucho mejor que por la tarde, que hay mucha más gente. Tenemos ayuda para la comida, porque me quita tiempo, y sé hacer cuatro platos, mi asignatura pendiente. Tenemos la suerte de que habitualmente mi mujer puede venir a comer a casa conmigo. Suelo dejar las reuniones para después de comer, y cuando vuelven los niños del cole, puedo estar en casa para ayudarles con los deberes. Eso si, los hacen ellos, no yo. Cenamos juntos, se acuestan pronto, y mientras mi mujer ve una peli, yo planto el portátil en el cuarto de estar, y trabajo un poco, a veces, hasta las tantas.
¿Y los fines de semana?
Tengo la suerte de tener la despensa llena por poder hacer las compras entre semana, y me ahorro las largas colas que se chupa la gente. Llevo a los niños a sus actividades de fin de semana, y dejo que mi mujer duerma hasta tarde. Intento pasar la mayor parte del día con ellos, pero en los tiempos muertos...saco el ordenador, y ¡a trabajar!
¿Colaboran todos en casa? ¿De qué se ocupa cada uno de ellos?
La verdad es que si. Mi obsesión siempre ha sido que los niños se den cuenta que la comida no se hace sola, que la casa no está limpia porque si, etc., para que cuando ellos lleven una casa, tengan el hábito de hacerlo sin esfuerzo
¿Conoces tus derechos como amo de casa?
¿Existen?
¿Qué te hace más feliz del trabajo del hogar?
Es muy ingrato como todo el mundo sabe, pero te hace sentir muy útil, ¿por qué no?
¿Si tuvieras que defender tu labor, que argumentos utilizarías?
Que para que las cosas funcionen, todo el mundo debe arrimar el hombro.
¿Cómo convencerías a otros hombres para que sigan tu ejemplo y se queden en casa?
Que calibren su vida y vean donde está su sitio. Si les gusta su cotidianidad, perfecto. Si no es así, que no tengan miedo a cambiar.
¿Qué es lo que más feliz te hace de toda tu labor familiar y profesional?
Ver un hogar en armonía y feliz.
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¿Qué implica ser padre en la vida diaria?
Ser padre día tras día implica atender a los hijos con cariño y autoridad en sus necesidades vitales como el alimento, casa, comida, vestido, colegio y pequeños caprichos, que también son necesarios. Pero también atenderle en sus otras necesidades interiores, que le van a ayudar a formarse como persona responsable y útil para la sociedad en la que vive.
El padre debe enseñar a sus hijos a valerse por si mismos y que aprendan a resolver sus problemas sin tener que recurrir a cada momento a papá o mamá.
También debe enseñarles el padre a ser libres y responsables, para que sepan que la libertad no es hacer lo que a cada uno de le la gana. Tendrán que pensar y juzgar por si mismos y asumir la responsabilidad de su elección.
A todo ello ayudará mucho que el padre sea un buen ejemplo para sus hijos, porque con ese comportamiento les marcará las pautas a seguir.
Hay una regla de oro importante para los niños: obra comenzada, obra terminada. Esto significa que si deciden apuntarse a unas clases que duran todo el curso deberán ir todo el curso, aunque se aburran al mes. Que lo hubiesen pensado antes; aquí el padre no puede ceder. S ellos han decidido ir debe asumir su decisión con todas las consecuencias.
Para lograr llevar a buen puerto esta difícil tarea, que durará al menos hasta que el hijo se emancipe, el padre debe tener conciencia de la importancia y magnitud de la paternidad y saber distinguir perfectamente entre los diferentes tipos de paternidad. No es lo mismo la paternidad biológica, que consiste en engendrar al hijo, que la paternidad legal, que es cuando las autoridades y la sociedad reconocen al hijo como tal, aunque no se le haya engendrado. Y no hay que olvidar la otra paternidad, la espiritual, que es aquélla que se da cuando se ejerce una influencia positiva sobre el hijo o la hija, cuando el padre le ayuda a ser mejor.
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La autoridad del padre puede crear hijos sumisos, posesivos o equilibrados.
Hay algunas cuestiones esenciales que el padre debe tener en cuenta a la hora de educar a sus hijos, desde su más tierna infancia. Pero antes que educar debemos pensar que lo más importante es el lugar y el ambiente en el que se debe educar, y este debe ser de amor y también de exigencia, según la edad.

Algunos padres, más los hombres que las mujeres, consideran que la educación de los hijos debe ser distinta a la de las hijas en cuestiones cotidianas como los trabajos del hogar y situaciones similares. Una realidad que hoy en día está cambiando. José Javier Ávila, profesor y orientador familiar, considera que "hoy día, esa diferencia de las tareas del hogar resulta muy pequeña, pero es verdad que hay que tener en cuenta la sensibilidad del varón y de la mujer. Por ejemplo, a la hora de bañar a un hermano (o hermana) pequeño, lo hará mejor y con más responsabilidad la hermana mayor.
Son cuestiones puntuales porque en el resto de las relaciones entre padres e hijos se ha notado un cambio sustancial, pues ya no hay casi ningún padre que piense que los hijos deben trabajar fuera de casa y las hijas deben buscarse un buen marido. En la actualidad, la educación de sus hijas no la enfocan hacia el matrimonio, exclusivamente. "Esto significa que ahora la educación está siendo, en general, más acorde con unos valores abiertos e igualitarios, en lo que se refiere al género", señala Ávila.

Las etapas en la formación del hijo
Otra cuestión importante son las diferentes etapas que debe tener en cuenta un padre con respecto a la educación de sus hijos y que son, principalmente la infancia y la adolescencia. En esta última resulta muy importante, empezar en el periodo preadolescente. Y este es, precisamente, uno de los momentos de la vida de los hijos en los que se va a notar de forma especial la educación de los padres. Según José Javier Ávila, "dependiendo de la forma de ejercer la autoridad, tendremos unos hijos sumisos, posesivos o equilibrados".
Por eso el padre debe ser muy cuidadoso para proyectar su autoridad en su término justo, porque nos vamos a encontrar situaciones de autoritarismo, cuando se ejerce una autoridad mal utilizada, y de permisivismo, cuando falta esa necesaria autoridad.
Esto lo estamos viendo durante los últimos años cuando los estilos educativos están sufriendo un giro hacia el permisivismo y todo lo que sea ejercer la autoridad con nuestros hijos se suele considerar autoritarismo. "Se nota una dejación de autoridad por parte de los padres, y esto es una notable carencia para los hijos, que tendrá consecuencias en su vida", señala Ávila.
En muchas ocasiones hemos oído decir, e incluso lo hemos pensado, que el padre es el malo de la película y la madre la buena. Ella deja hacer muchas más cosas que el padre y castiga menos. Sobre este aspecto, José Javier Ávila considera que "en general sigue siendo así, pero también es verdad que se nota cierto cambio en esta forma de plantear los roles del padre y de la madre. Lo que de verdad interesa, es que los dos tengan los mismos criterios de actuación".
Y por eso hay que cambiar algunas costumbres, sobre todo de las madres, que suelen decir aquello de "se lo voy a decir a tu padre" o "cuando venga tu padre te vas a enterar". Se trata de un error muy grave porque "en bastantes casos, es una manera de transmitir a los hijos, que el padre es el que tiene la autoridad, lo cual no es del todo correcto. Por eso es mejor decir, cuando venga papá, hablaré con él de lo que ha sucedido, para determinar lo que decidiremos", concluye José Javier Ávila.
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La adicción al trabajo afecta negativamente a los hijos
Muchos hijos se enfrentan en la actualidad a la triste realidad de tener un padre adicto al trabajo. Una situación que no tiene por qué producirse a causa de necesidades económicas de la familia, sino porque a muchos padres les gusta más su trabajo que estar en casa. Estos adictos al trabajo no están a gusto en casa y cualquier excusa es buena; se trata de escurrir el bulto, porque es más cómodo estar en la oficina que atendiendo a los hijos.

Algunas personas, muchos de ellos padres de familia, centran tanto su vida en el trabajo y le dedican tal cantidad de tiempo que desatienden otros quehaceres y obligaciones. A veces se olvidan de que también son padres y esposos. Llegan a obsesionarse hasta el punto de que sus relaciones sociales desaparecen o las limitan a personas relacionadas con su vida laboral.
La adicción al trabajo puede aparecer en cualquier etapa y ámbito de la vida laboral. Sin embargo, lo habitual es que esta situación se pueda producir a partir de los 30 años en personas con un nivel social y económico medio o medio alto. Hay ocasiones en que esta adicción al trabajo no es más que un modo de escapar a un vacío existencial, porque no se encuentra motivación alguna fuera del ámbito laboral.
La vida familiar de este padre queda totalmente afectada por su falta de atención y dedicación. Y eso lo sufren todos los miembros de la unidad familiar, especialmente los hijos, que no entienden por qué su padre pasa tanto tiempo fuera de casa y por qué al llegar a casa no tiene ganas de nada. Son personas que se dedican al trabajo en cuerpo y alma y pierden el interés por cualquier otra actividad. Sus pensamientos giran siempre en torno al trabajo y no saben disfrutar de las vacaciones ni de los fines de semana; se agobian cuando tienen tiempo libre y esperan ansiosos su vuelta al trabajo.

La buena imagen social de los adictos al trabajo
En la actualidad es una de las formas de adicción legal sin droga más habituales. Generalmente no tienen mala imagen porque estamos viviendo en una sociedad en la que priman, por encima de otras consideraciones de índole moral o personal, valores como la búsqueda de bienes materiales, el éxito social, la competitividad o la productividad. Y en la empresa se valora, y mucho, la dedicación al trabajo.
Aunque esta adicción al trabajo se pueda ver como una vía de escape a ciertas necesidades humanas, tanto personales como profesionales, lo cierto es que tiene sus repercusiones en el ámbito de la salud; y a veces muy graves.
Francisco Alonso-Fernández, presidente de la Sociedad Europea de Psiquiatría Social y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, señala en su libro Las nuevas adicciones que las diferentes consideraciones antropológicas, históricas y sociales del trabajo han ido variando notablemente con el paso del tiempo.
Según Alonso-Fernández, se ha demostrado que alrededor del 25% de enfermos coronarios de entre 40 y 60 años son adictos al trabajo, con una entrega desproporcionada e irrefrenable a la actividad laboral a costa de suprimir la vida personal y familiar y de sacrificar otros aspectos gratificantes de la existencia humana". Estas personas, además de la adicción al trabajo, suelen presentar otros factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, alteraciones de los lípidos, sedentarismo, obesidad y consumo de drogas químicas.
Este catedrático considera que "sólo puede entenderse el trabajo como un objeto adictivo en tanto que hoy es una fuente de placer indirecto, que aporta al individuo una compensación material, una independencia económica, un reconocimiento social y la catapulta hacia el éxito y el poder".
Por su parte, la psiquiatra Rosa Sender, ex profesora de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, afirma en su libro El trabajo como adicción que "para llegar a ser un laboroadicto es fundamental poseer rasgos de personalidad que impliquen un alto nivel de actividad y de receptividad a los logros obtenidos, con grandes toques de hostilidad e impaciencia".
Esta adicción se ha llegado a relacionar con una situación que se produce en Japón con un problema social denominado Karoshi. Se trata de la muerte ocasionada por un exceso de trabajo. Generalmente las víctimas de este tipo de fallecimientos son hombres: 95 por ciento frente al cinco por ciento de las mujeres.
Ese desenlace fatal suele producirse cuando el afectado tiene entre 40 y 60 años, a través de una hemorragia cerebral o una enfermedad coronaria como pueda ser la angina de pecho, infarto de miocardio o muerte súbita. Al final de todo ello la triste realidad es que sus hijos quedan huérfanos.

Las excusas del padre adicto
El padre adicto al trabajo justifica su ausencia del hogar por las responsabilidades profesionales. Lo grave es que muchas familias aceptan, también, esta justificación cuando la ausencia o falta de atención se debe a cuestiones de trabajo. Estos adictos viven los momentos familiares con ansiedad, no saben disfrutar de sus hijos y están deseando volver al trabajo.
El adicto considera que la familia le exige demasiado y no se da cuenta realmente de cuánto le necesitan sus hijos, que echan de menos al padre. Hay ocasiones en las que el origen de todo el problema es la propia familia, y se utiliza el trabajo como una forma de evitar conflictos y para no tener que resolver problemas con los hijos y su educación, que es un proceso largo y difícil. Son muy infelices en su vida personal pero no ponen remedio a esta situación, muchas veces porque no saben que son adictos. Al final los hijos y su cónyuge son los que pagan el pato.
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Los hijos necesitan disfrutar de su padre
El ocio es imprescindible para estar más tiempo con la familia
El padre es una atracción para todos los niños, aunque sólo sea porque no pasa mucho tiempo en casa, y tiene menos ocasiones para mandarles hacer algo o disfrutar de parte del tiempo libre de que disponen los hijos. Ese deseo de compartir tiempo con el padre lo convierte en interesante, y muy deseado y querido. "Papá siempre es el mejor haga lo que haga". No se trata tanto de la cantidad de tiempo que dedique a sus hijos como de la calidad. Pasear un rato por el parque, cogerles de la mano, descubrir juntos el mundo que les rodea, hablarles de sus juegos infantiles cuando eran como sus hijos... hará las delicias de los niños. Y mejorará mucho la imagen, ya de por sí idealizada, que los pequeños tienen de su padre.

Pero lo primero de todo es que los padres tengan muy claro qué es el ocio, y cómo se puede aprovechar en la educación de sus hijos. No se trata sólo de divertirse sino, también de hacer algo útil. Una cosa no tiene por qué estar reñida con la otra, y el padre debe saberlo. El ocio, no es un simple espacio de tiempo entre las actividades profesionales o académicas, tampoco es "no hacer nada". Es un tiempo imprescindible que todos necesitamos, para desarrollar nuestras aficiones, estar más tiempo con la familia, relacionarnos con los amigos, etc.
Por supuesto, según las circunstancias de cada padre y cada hijo las actividades idóneas para esos momentos de entretenimiento compartido, variarán mucho. Javier Martínez, Máster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra y orientador familiar, ha señalado a ALBA que esas "actividades dependerán de cada familia y de cada uno de los miembros de esa familia. Es bueno que exista variedad en las mismas, teniendo en cuenta los distintos gustos de todos: lectura, cine, deporte, excursiones, juegos, visitas culturales, colecciones variadas, etc.".
En cualquier caso, parece claro que el juego es el mejor medio de conocer a los hijos y de que ellos conozcan a su padre, en esos raros momentos en los que ambos disponen de tiempo libre a la vez. Sobre esta cuestión, Carmen Jiménez López. Pedagoga del Gabinete de Orientación del Colegio CEU San Pablo de Valencia, manifiesta a ALBA que "no importa de qué juego se trate. El mejor regalo que podemos hacerles es jugar y divertirnos con ellos y, al mismo tiempo, es una gran forma de educar. También se pueden preparar actividades al aire libre pero lo más importante es compartir un rato y dedicarles atención y cariño. Es interesante leerles cuentos, de esta manera al mismo tiempo fomentamos la lectura".
La proximidad, la dedicación y el tiempo que el padre dedica a sus hijos son valores que no se compran. Los hijos son muy emprendedores y están dispuestos a acompañar al adulto en todo cuanto hace, desde un pastel, hasta arreglar el coche. De la misma manera aprecian la presencia de los padres en sus partidos de fútbol o en las clases de ballet, por ejemplo.

Mantener el interés de los hijos hacia el padre
Llega un momento en la vida de los chavales en que se empiezan a alejar de su padre, porque crecen y tienen otras amistades e inquietudes. Es un momento difícil que se pasará satisfactoriamente sin hacer nada especial." Si los padres han dedicado lo mejor de su tiempo en fomentar estas actividades, sobre todo para disfrutar en familia, los hijos habrán aprendido a valorar lo más importante de esas actividades, que es la relación personal que hay detrás de cada una de ellas, y en el caso de la familia se habrán fomentado las relaciones paterno-filiales y las fraternales", afirma Javier Martínez.
Por su parte, Carmen Jiménez comenta que lo principal es "crear una atmósfera de "complicidad" y transmitir a los hijos los sentimientos de bienestar y satisfacción de compartir la vida con ellos, sabiendo que la filiación es una de las motivaciones básicas del ser humano".
Cuando llegue ese momento en que los hijos prefieran pasar menos tiempo con su padre y más tiempo con sus amigos, el padre deberá recordar que las necesidades y expectativas de los distintos miembros de la familia no coinciden siempre. Será necesario hacer concesiones y conseguir un equilibrio que permita a todos sentirse a gusto. "Negociar y escuchar a todos va a ser una pieza clave: nadie sobra en la familia", concluye Carmen Jiménez.


Falsos mitos en la relación padre-hijos
En muchas ocasiones hemos oído comentar que los padres-varones conectan mejor con los hijos que con las hijas, tanto para el ocio como para el resto de las actividades. Pero lo cierto es que se trata de una generalización muy poco sostenible, porque depende de las edades de los hijos y de las características individuales de ambas partes. Carmen Jiménez López. Pedagoga del Gabinete de Orientación del Colegio CEU San Pablo de Valencia, afirma que "los padres-varones mantienen un vínculo especial con sus hijas, aunque a nivel relacional pueda haber diferencias, en algunos casos, entre las actividades que los padres realizan con sus hijos y con sus hijas. A medida que los hijos/as crecen, los varones tienden a identificarse y a querer ser como sus padres y las hijas tienen como referente a sus madres".
Una situación que se produce por cuestiones de psicología evolutiva, lo cual demuestra que el proceso desde ser niño o niña, a ser hombre o mujer, pasa, necesariamente, por ser hijo o hija.


¿Qué no debe hacer nunca un padre con sus hijos?

Disfrutar del tiempo libre con los hijos es muy sano. Pero hay algunas cosas que un padre no debe hacer nunca, como ocurre cuando ese padre utiliza el ocio como un medio para tener a su hijo ocupado, sin más. "Por ejemplo, alquilarle una película del vídeo club, y dejarle toda la tarde pegado al televisor. En ese caso en lugar de educar, se está produciendo lo contrario. El ocio debe facilitar un mayor tiempo, tanto en calidad como en cantidad, entre los miembros de la familia", señala Javier Martínez, Máster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra y orientador familiar.
Por supuesto, nunca debe imponerle sus propios gustos y expectativas, ni proyectar sus ilusiones frustradas en él. No deberá descalificar las opciones de ocio propuestas por el hijo o la hija. Habrá que procurar no confundir los medios con los fines, llegando a desconectarse del mundo de los hijos. El padre no debe saturar el tiempo de ocio de sus hijos, llenándolo con actividades extra escolares. Hay que ser moderados prudentes.

¿Por qué los hijos de repente, no quieren estar con su padre?
Llega un momento en que el hijo parece no querer estar con su padre durante su tiempo libre, aunque durante años haya disfrutado de esa compañía. Pueden suceder varias causas, y habrá que indagar en cada una de ellas, pues no siempre tienen la misma consideración. Por ejemplo, cuando un hijo llega a la preadolescencia, resulta comprensible que la pandilla de amigos tenga "más tirón". En ese caso, en lugar de prohibírselo, el padre, y también la madre, deben compaginar el tiempo del ocio del hijo, buscando nuevas actividades de interés para ambos, con el fin de seguir manteniendo esa relación familiar, sabiendo que poco a poco, las relaciones de amistad de su hijo, irán teniendo mucho más peso.
El hijo necesita que se respete su parcela de intimidad. Normalmente aparece en la adolescencia, cuando los iguales (compañeros y amigos) pasan a ocupar lugares importantes en el mundo interior de los hijos. No es un fenómeno que deba preocupar a los padres porque una vez que se ha establecido la confianza, las exploraciones que realizan los hijos están aseguradas por un apego seguro hacia sus padres. Esto significa que, ante cualquier contingencia, el hijo sabe que puede contar con su padre, y con su madre.
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