Especial Padres y Madres
Suplemento especial del semanario ALBA
7 de marzo de 2008

Los primeros años en la vida del hijo
La conciliación de la vida laboral y familiar
La referencia de los padres. Los hijos necesitan a ambos
Como enfrentarse a las situaciones difíciles
Cómo evitar los accidentes doméstidos
Las guarderías ayudan a los padres trabajadores
La alimentación de los hijos
La adicción de los padres al trabajo perjudica a los hijos
Los jóvenes ya no se relacionan con los padres como antes
"Mi mujer me dijo: Tú te has casado para ahorrar tiempo"
Criar siete hijos y ser un padre feliz. Entrevista Jesús Sánchez.

 

Los primeros meses de la vida del hijo
Las dudas y temores de los padres primerizos
Los padres primerizos son los que más difícil lo tienen a la hora de enfrentarse a la nueva situación. Habrán recibido muchos cursos para ser padres, consejos de familiares o amigos, pero hasta que no se enfrentan a esta cruda realidad no se dan cuenta de lo difícil que resulta la nueva vida de padres.

Son momentos de dudas y esperanzas donde se pone en práctica todo lo que se ha estado pensando durante meses. El embarazo ha servido para plantearse el futuro con un nuevo miembro en la familia.
Este es el caso de Alberto y Aroa, un matrimonio de Logroño que hace diez meses tuvo a Marcos, su primer hijo. Los meses de espera hasta el nacimiento fueron “de nerviosismo, pero de absoluta normalidad. No existió ningún problema ni durante el embarazo ni en el parto. ¡¡¡¡ Creo que su mamá empezó a cuidarlo desde el primer minuto…!!!”, afirma Alberto. Mientras, Aroa, más realista, afirma que esos meses fueron “de incertidumbre por saber mes a mes si todo evolucionaba normalmente y sobre todo con mucha ganas de verle la carita y poder abrazarlo y quererlo”.
Lo que está claro es que la vida de este matrimonio ha cambiado radicalmente. Alberto considera que “formalmente ha cambiado más la de su mamá que está pendiente casi todo el día de él. A mí me ha cambiado más el planteamiento de la vida y las prioridades. Todo cambia cuando llega un pequeñajo…y pretender negarlo es estúpido”. Aroa, que es quién lleva casi todo el peso de la nueva situación, como ha reconocido su propio marido, señala que al principio el cambio ha sido muy grande porque “tienes que estar pendiente, pero como lo único que hace es comer y dormir, casi no cambia; pues tienes tiempo de hacer otras cosas. Ahora, con 10 meses hay que estar mucho más pendiente de él”.
Los cambios en el matrimonio
Nadie puede negar que hay cosas que antes hacía un matrimonio sin hijos que ahora es imposible hacer. Eso de salir a bailar los sábados por la noche se acabó. Siempre pueden quedarse los suegros con el hijo algún día, pero los padres prefieren ser ellos quienes cuiden de su hijo, o reunirse con otros amigos en lugares más tranquilos, generalmente la casa de alguno de ellos.
Alberto afirma que los cambios se han notado en que “antes todo estaba enfocado para nosotros y la vida social era importante. Ahora, todo gira en torno a Marcos (como debe ser) y no disponemos de demasiado tiempo, no podemos viajar, salimos menos…Supongo que lo habitual en estos casos. Ahora llego de trabajar, juego con el renacuajo, le bañamos, le cambiamos…y cuando su mamá consigue dormirlo, descansamos un poco”. “Antes quedábamos una vez a la semana con los amigos, ahora quedamos una vez cada mes; pues todo gira alrededor de Marcos. En mi caso como todas las tardes salgo de paseo con el peque, pues aprovecho para ir a saludar a mis amigas”.
Los padres, todos, están permanentemente preocupados por sus hijos y harían cualquier cosa para que tengan lo mejor en la vida: salud, bienestar, posibilidades. Suelen preocuparse por la incertidumbre de lo que pueda suceder en su vida, aunque no tiene porqué pasar nada raro. Y para que todo ello salga bien es fundamental que haya acuerdo entre el padre y la madre en la forma de educar al hijo. Algo que tienen muy claro Aroa y Alberto. “No han aparecido diferencias sustanciales en lo que pensamos los dos. Creo que recibirá una buena educación porque su mama y yo estamos de acuerdo en casi todo”, señala Albert. Por su parte, Aroa, con la vista puesta más en el futuro afirma que están de acuerdo en todo, “aunque de momento no tenemos que tomar muchas decisiones con respecto a su educación”.

Lo que más les ilusiona
A Alberto le ilusiona todo, absolutamente todo. “Ver que es un nene feliz, que disfruta con sus padres, que es muy tranquilo, que sonríe mucho, que está sano,…todo en él me ilusiona”. Algo parecido le ocurre a Aroa. “Le miro, le veo sonreír y pienso que es muy feliz, que de momento su padre y yo lo estamos haciendo bien”.
Lo que Alberto dice es que todavía no ha pensado lo que le gustaría que su hijo fuera de mayor. “No, ni lo voy a pensar. Eso será algo que decida él cuando tenga elementos de juicio. Lo que si queremos ambos es que comience a hacer deporte desde muy joven. En mi familia, sobre todo con mis padres y hermanos, el deporte ha estado muy presente en nuestras vidas y eso ha sido muy positivo física y mentalmente. Nos gustaría que recibiera educación deportiva además de la intelectual”. Y la madre señala que no ha pensado nada, “simplemente me gustaría que eligiera lo que le gustara como mis padres me han dejado elegir a mí”.
Y entre las elecciones que tendrá que hacer Marcos, están sus futuros amigos. Su padre no cree que deba inmiscuirse en las amistades que tenga su hijo porque “hacerlo sería privarle de libertad. Lo que sí haremos es evitar círculos que son, a todas luces, poco recomendables. Por eso precisamente hablaba antes del mundo del deporte. Trataremos de que no esté cerca de ambientes insanos y de que frecuente compañías deseables y sanas. A partir de ahí, que él decida”. “Me gustaría que no se rodeara de gente inadecuada conforme a la educación que queremos darle”, concluye Aroa.
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La mujer es la que más se sacrifica
La conciliación de la vida familiar y laboral
El acceso de la mujer al trabajo, y un modelo de familia que está cambiando, con un creciente número de madres solteras, está obligando a los principales partidos políticos a buscar fórmulas que ayuden a conciliar el trabajo con la familia.

Nuria Chinchilla, profesora y directora del Centro Internacional del Trabajo y la Familia de la Escuela de Negocios IESE aborda este tema con detalles y soluciones, en su reciente libro: Ser una empresa familiarmente responsable, ¿lujo o necesidad?; que ha completado con la presentación del Estudio IFREI 2006, donde avala estos temas con datos extraídos de amplias encuestas.
Concluye que sólo el 50% de las empresas españolas se han tomado en serio el problema de la conciliación; y arremete contra los horarios de trabajo españoles que son «los únicos no europeos», ya que proceden de la guerra civil y los años posteriores, cuando existía el pluriempleo. Hoy en día las jornadas de trabajo siguen con horarios eternos, mientras que en el resto de Europa son mucho más racionales.
En España se trabaja más
Según el informe Empleo en Europa 2007 de Eurostat, los españoles trabajan unas 200 horas más al año que franceses, daneses o alemanes. Sin embargo, la productividad crece la mitad que en el resto del continente. Ya no se trata sólo de las necesidades de los trabajadores, sino de "los costes que la no conciliación le causa a la empresa", explica la profesora del IESE Nuria Chinchilla. "La conciliación reduce el absentismo un 30%, las bajas por estrés, la fuga de talentos, aumenta la motivación...". Asegura que sólo el 7% de las empresas españolas son familiarmente responsables, es decir, ofrecen horarios flexibles y por objetivos. "Tiene que haber un cambio de mentalidad en los empresarios", añade. Chinchilla está de acuerdo en que la conciliación es necesaria para todos, pero cree que hay que empezar por las personas que tienen niños o dependientes a su cargo.
Parecía, hace unas décadas, que para los varones el trabajo era irreconciliable con la familia. Muchos padres se arrepentían de no haber atendido a sus hijos cuando eran pequeños; por lo que luego cuando llegaban a la adolescencia se les hacía muy difícil conectar y entenderse con ellos. En el caso de las madres, algunas siempre se han quejado de haber perdido la oportunidad de disfrutar de sus hijos cuando eran chiquillos. Ahora muchos padres salen de casa antes de que los niños se levanten y llegan a casa después del trabajo. Más difícil es para ellas, que observan cómo sus perspectivas de trabajo disminuyen tras la maternidad.
Diferentes modelos de conciliación
Un estudio hecho por la Fundación Alternativa en el año 2006,dividía en tres los modelos de políticas de conciliación. El nórdico, basado en la combinación de servicios y permisos, trata de implicar a los varones con permisos específicos para ellos. El modelo centroeuropeo, basado en permisos parentales y dinero a las familias, deja el peso del cuidado de los hijos a las madres. Y el modelo francés, que mezcla servicios, permisos y dinero está resultando en que las mujeres con menor cualificación "son las que abandonan el mercado de trabajo mientras los hijos son pequeños", dice el informe.
En cuanto a España, el estudio concluía que las políticas de conciliación "no sólo son escasas, sino ineficaces y confusas", y apostaba por un modelo, sobre todo, de servicios, aunque apoyado en permisos y dinero. Dos años y algunos cambios después, España ofrece a los padres un poquito de todo: servicios como las guarderías, bajas, medias jornadas, o subvenciones, como los famosos 2.500 euros por bebé. Pero menos que muchos europeos.
Lo que no está remunerado en absoluto es la excedencia que los padres pueden coger hasta que el niño cumpla tres años. En Francia, a partir del segundo hijo se cobran 485 euros al mes, y en Dinamarca, donde la excedencia puede durar algo más de cinco años, se cobra el 90% del sueldo durante dos años y medio.

Algunos datos de interés sobre la Ley de Igualdad
Los trabajadores con hijos menores de 8 años, tendrán derecho a una reducción de su jornada laboral, que como mínimo corresponderá a 1/8 de la misma.
La reducción mínima que contemplaba la norma anterior correspondía a 2/3 de la jornada total, y solo eran titulares del derecho los padres con hijos menores de 6 años.
La duración mínima de la excedencia voluntaria del trabajador será de cuatro meses, frente a los dos años anteriores, y se mantiene en cinco la duración máxima. Será necesario el transcurso de cuatro años desde que un trabajador disfruta de una excedencia hasta que solicita de nueva otra.
Están obligadas a elaborar el Plan de Igualdad: Las empresas con más de 250 trabajadores en sus plantillas. Cuando así lo establezca el Convenio Colectivo que resulte de aplicación. Cuando en un procedimiento sancionador, la Autoridad Laboral lo acuerde como sustitución de una sanción.
El permiso de lactancia puede ser disfrutado indistintamente por el padre o la madre, basta con que ambos progenitores sean trabajadores por cuenta ajena o se trate de funcionarios públicos.

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La referencia de los padres
Los hijos necesitan tanto al padre como a la madre

La referencia de ambos padres es esencial para formar a los hijos de forma adecuada. En ocasiones esa referencia no se tiene por la falta de uno de ellos, ya sea por fallecimiento, divorcios, separaciones u otras circunstancias. Una situación que no es buena para los hijos, aunque a veces no pueda evitarse.

Los hijos necesitan de las relaciones con el padre y la madre, tanto de una forma aislada como en su conjunto. El hijo necesita del padre para la formación de su identidad personal. Y los padres también necesitan de esa relación, imprescindible para ellos.
José Javier Ávila, Subdirector del Colegio Las Tablas (Madrid), orientador familiar, ha señalado a ALBA que “la relación del hijo con su padre y madre, es básica en su formación, por eso es necesario un equilibrio, tanto cuantitativo como cualitativo, entre las formas de esa relación, así como de la disponibilidad, dedicación, roles y funciones que cada uno representa”
Por su parte, Juan Pérez, Informático con cinco hijos deja claro que “tanto el padre como la madre transmiten al hijo las aportaciones afectivas, cognitivas y físicas que necesitan, desde su función de padre (masculinidad) como de madre (feminidad)”.

La figura del padre
Todo parece indicar que hay grandes diferencias entre la percepción dela figura del padre y de la madre, según estemos hablando de hijos e hijas.
Sobre el padre, José Javier Ávila señala que “partimos del papel fundamental del padre en la educación de los hijos, pero su figura paterna es percibida de distinta forma por parte de las hijas y de los hijos. La autoridad es recibida de una manera más patente en los hijos, al tiempo de ser un referente a imitar, mientras que en las hijas la autoridad la perciben de una forma más notoria en las madres” a esto, Juan Pérez añade que “el padre es para ellas la figura que engloba seguridad y cariño al mismo tiempo, estimulando más su socialización, mientras que en los hijos ejercen un comportamiento más activo y estimulante”.
Lo que no se puede tener como cierto es ese tópico que nos dice que las hijas están más unidas a las madres y los hijos a los padres. Ávila afirma que “habría que matizar que queremos significar con lo de estar más unidos. Si entendemos que esa unidad implica mayor conocimiento de la masculinidad o feminidad, es cierto que el mejor referente de la masculinidad es el padre y el de la feminidad la madre, lo cual lleva al hijo a tener al padre como a su mejor maestro, y a su vez, la hija tendrá en la madre a su principal maestra.

¿Cómo ser buenos padres?
Todos los padres quieren ser buenos y hacer bien su labor con los hijos. Poder considerarse un buen padre o una buena madre no es fácil, porque cada uno de ellos se exige mucho más de lo que en realidad puede hacer. Espera con temor que al final del proceso, cuando sus hijos sean autónomos y se hayan marchado de casa, ese resultado sea satisfactorio  hasta entonces siempre se preguntan si lo estarán haciendo bien o mal.
Por eso, lo principal es que “quieran a sus hijos. Incluso lo matizaría más, que sepan querer a sus hijos. A veces te encuentras con padres preocupados por su responsabilidad de padres, al no estar seguros de estar haciéndolo bien. El hecho de plantearse esta pregunta, indica que están en el buen camino” señala José Javier Ávila. Y Juan Pérez añade que “el verdadero cariño lleva a la exigencia, primero personal, para mejorar como persona y por tanto como padre,  y luego en los hijos. Y esto nos lleva a afirmar que no se necesitan cualidades especiales”.
Lo cierto es que para ser buenos padres los primero es tener la intención de serlo, la preocupación de estar pendientes de los hijos día y noche y dejar otros gustos y aficiones para poder atenderlos. No parece que unos padres que decidan irse de crucero justo antes de que sus hijos pequeños y medianos tengan los exámenes finales lo estén haciendo bien. Aunque ellos pueden pensar que también tienen derecho a descansar y disfrutar de la vida. Pero la realidad que es que ser padres significa estar en vilo permanentemente por todo: si los niños salen a calle o si no salen, si estudian o hacen el vago, si tienen buenas o malas compañías y así constantemente. Por eso, el resultado final del trabajo de los padres no se verá hasta que esos hijos sean adultos.

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Los padres no tienen un manual de actuación
¿Cómo enfrentarse a las situaciones más difíciles?
La mayoría de los padres no saben enfrentarse a las situaciones difíciles. No disponen de un  manual como cuando compran un coche y tienen que ir improvisando, Aquí no ha revisiones cada ciertos kilómetros, ni un mecánico que soluciones los imprevistos; los mecánicos son los propios padres.

La formación para ser padre no se enseña en las escuelas, aunque bien es cierto que hay asociaciones que ayudan y dan pautas a seguir, Pero, en cualquier caso, lo que se hace, día a día, es ir improvisando e intentando acertar. Esas situaciones difíciles, que se presentan más a menudo de lo que nos gustaría, son de lo más variado: desde un accidente doméstico o en el colegio hasta una enfermedad pasando por preguntas incómodas que antes o después hay que responder a los hijos.
Por eso los padres se plantean cómo afrontar esas situaciones difíciles y complejas. Sobre todo a la hora de hablar con los hijos sobre temas delicados como es el sexo. Según Javier Martínez, Educador y Máster en Matrimonio y Familia por la Universidad de Navarra, “a veces nos complicamos con la forma de abordar ciertas situaciones, y al final se retrasan y perdemos la oportunidad de hacerlo en el momento oportuno, por eso suelo decir que la mejor forma  es  hacerlo a tiempo. No podemos olvidar que los primeros y principales educadores de los hijos son sus padres, y en esta cuestión como en todas, no pueden delegar en terceras personas”.
Con respecto a la educación sexual, Luisa Portella, madre de siete hijos, tres varones y cuatro chicas, con edades comprendidas entre los ocho y los treinta años, ha señalado a ALBA que “los padres deben promover una adecuada educación de la afectividad y de la sexualidad en sus hijos, de acuerdo a sus edades y madurez. El amor humano es tan grandioso que los padres estamos capacitados para transmitírselo a nuestros hijos”. Además, Portella señala que hoy en día existen muy buenos libros que facilitan mucho a los padres la forma de enfocar ciertos aspectos de esta educación, “Lo que es una gran ayuda a la hora de hablar de ciertos temas que nos pueden provocar pudor”.

Padres con hijos y madres con hijas
Históricamente siempre se ha pensado que deben ser los padres quienes hablen de estas cuestiones con los hijos y las madres con las hijas. Pero no tiene por que ser siempre así. De hecho “si tenemos en cuenta las diferentes etapas del desarrollo del varón y de la mujer, podemos darnos cuenta de la diferencia cognitiva y afectiva de la etapa en la que nos encontremos. Es decir, no es lo mismo los primeros años de la infancia que los años de la preadolescencia”, señala Javier Martínez.
Por su parte, Luisa Portella matiza que “al empezar la pubertad, es cierto que los padres cobran más protagonismo con los hijos varones y las madres con las hijas, y esto se produce de forma natural. Nadie mejor que el padre para explicar al hijo los cambios que se operan en él  ni la madre para hacer lo propio con la hija. Así lo hemos hecho en nuestro matrimonio y creo que nos ha ido bastante bien”.

Las diferentes etapas de los hijos
Los hijos pasan por diferentes etapas, y de todas ellas tiene que estar pendientes los padres para dirigir, formar y educar. Para Javier Martínez, “la principal etapa es aquella en la que los hijos desarrollan su personalidad, por lo que necesitan la figura del padre. La ausencia del padre se conoce como el “síndrome del padre ausente”, y este síndrome no se centra sólo en la ausencia física del padre, sino también en la de aquellos padres que aun estando presentes en casa, generan un ambiente que no favorece la comunicación con sus hijos”. Ahondando más en la cuestión, Luisa Portella señala que “algo parecido ocurre con la figura de la madre, que también es esencial. Se precisa del concurso de ambos para que esa formación del hijo como ser humano y responsable sea completamente satisfactoria. Lo que no significa que se vaya a fallar en el intento de formarlos adecuadamente si falta uno de los dos, ya sea el padre o la madre”.
Pero esa ausencia no es buena. En muchos casos los hijos buscan un sustituto, que puede ser un profesor o profesora, el entrenador del equipo de baloncesto o incluso un conocido deportista”. En otros casos, esa imagen de sustitución los hijos la pueden encontrar en el padre presente, que sustituye al ausente.
Todo ello tiene consecuencias de diverso tipo porque “los hijos sufren una privación afectiva y social. Desde la perspectiva afectiva, se encuentran faltos de afecto, lo que les lleva a una baja autoestima”, concluye Javier Martínez.
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Cómo evitar los accidentes domésticos
La posibilidad de que se produzca un accidente doméstico está permanentemente presente en la mente de los padres, aunque no siempre se ponen los medios adecuados para evitarlos. Hay estudios que demuestran que la mayoría de los consumidores falla al identificar los peligros para su seguridad.

No se tiene plena consciencia de  una realidad que demuestra que los hogares son el lugar donde más accidentes se producen. Los productos que se consideran de mayor riesgo son los equipos eléctricos, seguido de las calderas o bombonas y los productos químicos, sin embargo éstos no son los que más accidentes producen. Son datos facilitados por la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU), que señala que siete de cada diez consumidores no identifica correctamente la precaución que hay que tener frente a un producto corrosivo. Sólo  tres de cada diez consumidores consideran que las autoridades hacen todo lo posible para garantizar la seguridad de los productos.
El trabajo de la CEACCU se basa en quinientas entrevistas realizadas en treinta y dos provincias. Se analizan aspectos como la percepción del riesgo de los consumidores, sus hábitos en relación con la seguridad, los errores más frecuentes o su grado de información.
 Algunos de los resultados más significativos publicados por CEACCU son los siguientes:

  • Se constata un contraste llamativo entre el riesgo real y el percibido. Por ejemplo, más del 80 % de los consumidores no consideran que el interior de nuestras casas es el lugar donde más accidentes se producen, cuando los datos oficiales así lo indican.
  • Lo mismo ocurre los productos que consideramos que provocan un mayor número de siniestros: la mayoría señala a los equipos eléctricos (51%), seguido de las calderas o bombonas (49%) o los productos químicos (38%). Sin embargo, las estadísticas de accidentes indican que los equipos eléctricos sólo causaron el 1,8% de los accidentes, los productos químicos sólo fueron causantes del 1,7% y las calderas o bombonas del 0,2%.
  • En el otro extremo, respecto a los suelos, solo 2 de cada 10 consumidores les señala como el producto o elemento que tiene “bastante” o “mucho riesgo”,  por el número de accidentes que provoca. Pero la realidad es que es el elemento de nuestros hogares que causa un mayor número de percances (el 14,9% del total).
  • El estudio de CEACCU también revela que existe una clara relación entre la percepción del riesgo y las pautas de prevención que el consumidor aplica (o la ausencia de ambos).
  • De este modo, a la hora de cocinar o preparar alimentos es cuando la mayoría (el 49%) tomamos unas precauciones más elevadas.  A continuación, según el cuidado que ponemos, se encuentran: las tareas de bricolaje (37%), las de aseo (32%), y limpieza (27%).
  • Por eso también, los errores en nuestros hábitos coinciden con la limitada percepción del riesgo de algunas de las actividades domésticas más cotidianas. Así, hay que explicar el hecho de que más de la mitad (el 51%) use calzado poco adecuado para estar en casa,  que tres de cada diez no dejen la toalla cerca de la bañera cuando se duchan, o que el 40% reconozca que en alguna ocasión ha utilizado objetos cortantes con las manos mojadas.
  • Es necesario fomentar el peso de la seguridad como criterio de compra, en productos de uso común y generalizado, como son los de limpieza del hogar, siguiendo los avances producidos en otros ámbitos (automóviles, juguetes…) pues, hoy por hoy, su incidencia es minoritaria: Casi seis de cada diez consumidores se fija más, en el precio o la eficacia, que en que éste sea hermético o tenga una etiqueta completa.
  • En cuanto al grado de información de los consumidores, el Informe de CEACCU detecta lagunas graves: siete de cada  diez no identifica correctamente la precaución que hay que tener frente a un producto corrosivo, y seis de cada diez no acierta al señalar qué cuidado hay que prestar en la utilización de productos comburentes.
  • En esa línea, el consumidor tampoco conoce unos consejos esenciales en relación con su instalación eléctrica: el 53% no sabe que, en ningún caso, deben usarse enchufes tipo ladrón para los electrodomésticos de gran potencia. Mientras que sólo el 34% de los consultados identifica adecuadamente la función del botón de “Test” del diferencial del cuadro eléctrico.
  • Por último, los usuarios son especialmente críticos con el deber de vigilancia de las autoridades respecto a las obras en la calle, la seguridad de los productos puestos en el mercado, los parques infantiles y las instalaciones deportivas. Sólo  tres de cada diez consumidores consideran que las autoridades hacen todo lo posible para garantizar la seguridad de los productos. El porcentaje es aún menor en el caso de obras en la vía pública.
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Las guarderías ayudan a los padres trabajadores
Muchos padres trabajadores se encuentran con la necesidad de llevar a sus hijos a la guardería desde la más tierna infancia. Los niños aprenden allí a convivir con otros de su edad e inician el camino de su formación.

Tomar la decisión de llevar a los hijos a la guardería no es fácil, sobre todo para la madre que se ha pasado varios meses permanentemente pendiente de su hijo y ahora se tiene que desprender de él o ella para seguir trabajando. Ese es el caso de Ana Gutiérrez González y Juan Antonio Díaz Sosa, un matrimonio que tiene una hija, Mencía, de dos años y medio.
La niña empezó en la guardería cuando cumplió el año. “Tuvimos la suerte de poder dejarla un par de meses con los abuelos y dado que mis vacaciones coinciden con las escolares,  no empezó la guardería hasta  cumplido el año”, señala Ana.
Les parecía una edad adecuada, “y aunque me planteé la reducción de jornada, al final conseguí la continua; salimos a las 3 y no la  recogemos muy tarde”, añade Ana.
Ventajas e inconvenientes
Juan Antonio ve bastantes ventajas en la presencia de su hija en la guardería. “La verdad es que la guardería ha ayudado a Mencía a su desarrollo social. Es una niña muy sociable y aprende muy rápido. La guardería  ha sido un acierto para ella. Los abuelos la ayudaron mucho los primeros meses. Ahora, la ayuda de los abuelos es fundamental pero  el proceso de aprendizaje no sería el mismo aunque nosotros no fuimos a la guardería y no hemos tenido ningún problema”.
Pero lo que no se puede negar es esa sensación agridulce, más agria que dulce, del primer día que llevaron a la niña a la guardería. Los padres se hacían decenas de preguntas y se pasaron varios días sin quitársela de la cabeza ni un minuto. “Una sensación de pena por dejarla en un sitio en el que no sabes aún como la van a tratar, si va a estar a gusto, o si va  a quedarse llorando, aunque en nuestro caso no fue así. El periodo que llaman de adaptación en ella duro unos minutos” afirma orgulloso Juan Antonio. Su madre añade que “lo que da penilla es no verla en tantas horas, por tener que trabajar, pero tranquilos porque era un sitio de plena confianza”.
La comida de la guardería
Otra de las dudas que asalta a los padres es si la niña comerá bien o mal en la guardería. Enseguida surge la pregunta de si consideran que la comida y el trato que se dan en las guarderías es suficiente para que los padres para que se queden tranquilos o se suscitan dudas. Unas dudas que ni tiene Juan Antonio, porque “nosotros estamos muy contentos tanto con la alimentación como con el trato y el proceso educativo de nuestra hija. Nos da tranquilidad y seguridad. La niña sale siempre con una sonrisa y va encantada”.
Esa tranquilidad cuesta dinero, y no es barato. Este matrimonio paga aproximadamente unos 350 euros “aunque recibimos una ayuda de la Comunidad de Madrid de 95 euros” dice Ana. Por este precio tienen derecho a desayuno, comida y  merienda. La niña entra a las ocho y sale a las cinco y realiza actividades durante todo el día. Además hay un equipo psicopedagógico y un servicio de pediatría”.
En algunos lugares ya se ha puesto en marcha el servicio de guardería en los centros de trabajo,. Pero para ello el centro tiene que ser grande, y generalmente dependiente de la Administración. “Si fueran realmente subvencionadas y el precio muy bajo estarían bien pero de esa forma se trata de conseguir que el trabajador este más horas trabajando y su rendimiento sea mayor. Además si la niña se pone enferma habría que volver a casa para  dejarla con alguien” afirma Juan Antonio.
Por su parte, Ana señala que en su trabajo “la ofertaron, pero no propia sino una cesión a una guardería privada. Era más cara, los horarios más rígidos y al estar bastante lejos de casa  era complicado si yo me ponía enferma”. “Vemos  fundamentalmente inconvenientes”, concluyen ambos.
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No siempre comen lo que deberían
La preocupación de los padres por la alimentación de los hijos
Una de las cuestiones que más trae de cabeza  los padres es la alimentación de los hijos. Una adecuada combinación de los alimentos que ingieren cada día es la mejor forma de criar unos niños sanos, algo que no siempre se consigue

A pesar de esta preocupación, en general, los niños no comen bien porque no se les da una dieta sana. El abuso de ciertos alimentos, sobre todo la bollería industrial, combinado con muchas horas frente al ordenador o al televisor, están haciendo que cada vez haya más niños obesos por las calles de nuestro país.
Marta Menéndez es una madre con cinco hijos que trabaja fuera y dentro de casa. Ha comentado a ALBA que “hoy en día, con el tema de que las madres trabajan fuera de casa, muchas de ellas no hacen comida como se cocinaba antes, que no les importaba pasarse horas cocinando. Y hacer comida y hacer cena, que hoy en día esto de las cenas parece que se tienen un poco olvidado como si no tuviera importancia en la alimentación”. Por su parte, Antonia Trujillo, que también trabaja fuera y dentro de casa y tiene un solo hijo, reconoce que “esto de cocinar es complicado y no me gusta porque me aburre y no se me da bien. Prefiero los precocinados porque, además, mi hijo come en el colegio y supongo que allí no le dan mal de comer”.
Las mejores comidas.
Se habla mucho de la dieta mediterránea que es muy saludable, como se ha demostrado en infinidad de estudios científicos que se han hecho sobre ella. Marta, a sus 48 años, recuerda que “cuando éramos pequeños comíamos mucha verdura, mucho pescado, menos carne que pescado, y pescado de todo tipo, azul y blanco. Y la verdura yo me acuerdo que en mi casa se comía mucha lechuga, mucha acelga y mucha judía verde”.
Ahora se come otra forma, y se confía mucho en la comida de los comedores escolares, que se supone que tienen la calidad adecuada, aunque siempre nos quedará la duda. Antonia Trujillo tiene claro que en eso de la calidad “todo depende de lo que contrate cada colegio. Si se cocina en el propio colegio yo creo que tiene más calidad que si se cocina en un sitio y luego se distribuye a los diferentes colegios que tengan contratados”.
Sobre los comedores escolares Marta ha tenido diferentes experiencias en varios colegios. En la actualidad sus hijos, de entre 4 y 18 años, comen todos en casa, “porque si yo puedo hacerles la comida y pueden comer en casa y comerlo reciente y caliente prefiero que lo hagan en casa porque, al menos, sé lo que les doy de comer”. Lo cierto es que durante el tiempo que tuvo a sus hijos en comedor tuvo alguna experiencia bastante negativa. “Estuvieron en un colegio en el que una de mis hijas tuvo problemas digestivos, con fisura en el intestino incluida, y en cuanto dejó de comer en el comedor empezó a mejorar. Luego les cambiamos a todos de colegio y la experiencia fue más positiva. Aunque el problema de los comedores escolares es que les dan mucha fritura. Ese es el problema, porque hay mucho alimento precocinado”.
Tartera o comida del colegio
Algunos colegios ofrecen la posibilidad de que las familias elijan entre llevar la comida de casa o comer la que facilita el propio centro. Es una gran ventaja porque se puede elegir, y como dice Marta, “al llevar la comida de casa resulta mucho más barato, algo que tenemos que tener en cuenta las familias numerosas. El inconveniente es que tienes que levantarte pronto, tienes que preparar todas las tarteras, calentar la comida, meterla y muchas veces se la comen fría, porque hay comedores escolares en los que no tienen medios para calentar la comida que se lleva de casa”. Y en cuanto a la comida del propio colegio, para marta, la principal ventaja es que “no tienes que preocuparte de preparar comida para nadie. El inconveniente es que si tienes varios niños, te supone mucho dinero cada mes”. “Y otro de los inconvenientes es que a ti te dan un menú y te dicen lo que come pero no sabes como lo cocinan”, apostilla Marta.
La bollería industrial
Igual que se abusa de las frituras se abusa de la bollería industrial. Ese es el caballo de batalla  de muchas madres como Antonia Trujillo. “Es una lucha constante intentar que mis hijos no coman ese tipo de alimentos, porque las consecuencias pueden ser muy graves; desde el aumento de la obesidad hasta los triglicéridos y el colesterol altos. Sin olvidar otros problemas que se pueden crear en el sistema cardiovascular”.
Pero Marta Menéndez va más lejos al denunciar que este tipo de comidas se facilitan por comodidad y no por desconocimiento de los padres. “Hoy en día quien no está al tanto de las consecuencias del abuso de la bollería industrial es porque no quiere, porque se repite constantemente en los medios de comunicación. Se deja claro que el abuso de esta bollería no es sano porque se hace con grasas saturadas de ácidos grasos”.

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Muchos padre son distinguen entre vida laboral y familiar
La adicción de los padres al trabajo perjudica a los hijos
La actual sociedad parece promocionar de forma desmedida el trabajo por encima de todo, incluso de la familia. Y eso afecta negativamente al desarrollo de los hijos y a la relación que mantienen con sus padres. Cuando los padres no distinguen entre vida familiar y laboral tienen un problema, pero los hijos también.

Esta forma de vida que implica trabajar de forma desmedida es una situación que no tiene por qué producirse a causa de necesidades económicas de la familia. De hecho, en la mayoría de las ocasiones el padre o la madre que se pasa el día y la noche trabajando lo hace porque le resulta mucho más cómodo estar trabajando que ocuparse de sus hijos. Esta adicción al trabajo la sufren tanto hombres como mujeres, aunque bien es cierto que en el caso de ellas la incidencia es mucho menor. Tienen otra perspectiva de la vida y se dan cuenta de que la familia está mucho antes que la profesión.
Las excusas del padre adicto
El padre adicto al trabajo justifica su ausencia del hogar por las responsabilidades profesionales. Ese problema aumenta cuando la propia familia acepta esta justificación, sin reconocer que hay un problema de fondo: generalmente ese padre está más a gusto haciendo gestiones para su trabajo que atendiendo sus obligaciones en casa. Son muy infelices en su vida personal pero no ponen remedio a esta situación, porque trabajando están en su salsa.
Son personas que no saben disfrutar de los días libres ni de las vacaciones. Consideran que la familia les exige demasiado y no se dan cuenta realmente de cuánto les necesitan sus hijos, que echan de menos al padre  o la madre. La relación de la pareja también se resiente.
Se dedican al trabajo en cuerpo y alma y pierden el interés por cualquier otra actividad. Siempre están pensando en el trabajo y nunca tienen tiempo para la familia.
Muchas veces el origen de todo el problema está en la propia familia, y se utiliza el trabajo como una forma de evitar conflictos; así no hay que enfrentarse a los problemas cotidianos de la educación de los hijos, que es un proceso largo y difícil. Hay ocasiones en que esta adicción al trabajo no es más que un modo de escapar a un vacío existencial, porque no se encuentra motivación alguna fuera del ámbito laboral.
Llegan a obsesionarse hasta el punto de que sus relaciones sociales desaparecen o las limitan a personas relacionadas con su vida laboral. Esta adicción al trabajo puede aparecer en cualquier etapa y ámbito de la vida laboral, aunque lo habitual es que se produzca a partir de los 30 años en personas con un nivel social y económico medio o medio alto.
Los hijos son los que más sufren
La vida familiar de estos padres queda afectada por su falta de atención y dedicación. Aunque lo sufre todos los miembros de la familia, los que peor lo llevan son los hijos, que no entienden por qué su padre pasa tanto tiempo fuera de casa y por qué al llegar a casa no tiene ganas de nada.
En la actualidad es una de las formas de adicción legal sin droga más habituales y, además, con muy buena imagen de cara a la sociedad porque vivimos en un entorno donde se valora, por encima de otras consideraciones de índole moral o personal, la búsqueda de lo material, el éxito social, la competitividad o la productividad. Y eso en la empresa se valora por encima de todo.

El ejemplo japonés
Todos los que son adictos al trabajo van a tener problemas antes o después, tanto familiares como personales o sociales. Y eso sin olvidar las cuestiones de la salud física. Porque un exceso de trabajo nos puede llevar a la muerte. Y si no que se lo pregunten a los japoneses, que de esto saben mucho y han estudiado la cuestión en profundidad.
Allí esta adicción se ha relacionado con un problema social denominado Karoshi, que es la muerte de una persona provocada por el exceso de trabajo. En el 95 por ciento de los casos quién fallece es un varón, frente al cinco por ciento de las mujeres. Ese desenlace fatal suele producirse cuando el afectado tiene entre 40 y 60 años, a través de una hemorragia cerebral o una enfermedad coronaria: angina de pecho, infarto de miocardio o muerte súbita.
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Los futuros universitarios enfrían sus relaciones
Los jóvenes ya no se relacionan con los padres como antes
La llegada a la universidad supone un cambio en la relación de los hijos y los padres, porque mientras ellos y ellas son más autónomos, los padres se muestran cada vez más preocupados por su futuro. También se preocupan de las salidas, diurnas y nocturnas, de los hijos, cada vez más frecuentes.

Esther Romero Nieva
Esto significa que cuanto más salgan a la calle con sus amigos, menos tiempo van a dedicar al estudio. Como cuenta Mari Carmen, de 17 años, a punto de entrar en la Universidad, “al empezar a salir, tener móvil, utilizar el ordenador y estar en un curso tan importante ha cambiado mi relación con ellos. En ocasiones discuto con ellos por estas tres cosas”, o Almudena que señala que de pequeña no se acuerda muy bien, “pero por las fotos, y por mis hermanos, creo que era el ojito derecho de mi padre, aunque por ser la pequeña de seis, también estaba consentida por mi madre. Cuando tenía doce años, y hasta los catorce más o menos, comencé a tener más encontronazos con mis padres, sobretodo con mi madre. Y actualmente, la relación ha mejorado mucho, aunque supongo que aún tiene que mejorar más”. También hay que tener en cuenta que la relación de los hijos con cada uno de los padres es diferente, como en el caso de Jennifer, que con su madre tiene mucha más confianza que con su padre, entre otras cosas, porque su padre vive en Colombia. Igual le ocurre a Mari Carmen, que, aunque se lleva bien con los dos, tiene más confianza con su madre por el hecho de que sea mujer y que en algunos temas es más cómodo hablar con ella. Por eso hay cosas que le contaría a su madre y no a su padre, como por ejemplo cosas sobre sus amigas, etc.
Padres poco tolerantes
Otra cuestión a tener en cuenta en la relación de los padres con los hijos es que uno de los padres a veces no te deja hacer algo y el otro sí. Almudena cuenta que “generalmente, ambos siempre opinan lo mismo y, si no es así, no se suelen quitar la autoridad el uno al otro, o sea que si uno me da un no, el otro dice que no. Aún así, hay cosas que sé a quién tengo que ir primero, porque por lo general me dicen la típica frase de pregúntale a tu padre/madre”. Cada padre es diferente, y hay unas cosas que gustan más de unos que de otros, y hay otras cosas que gustan menos. En este caso Jennifer asegura que “lo que más me gusta de mi padre es que es muy comprensivo y que no me presiona en los aspectos de mi vida. Además, es muy cariñoso. Lo que más me gusta de mi madre es que es muy divertida y que en ella, a veces, encuentro a una amiga, supongo que ayuda el hecho de que sea muy joven. También es muy cariñosa y nos entendemos muy bien. Lo que menos me gusta de mi padre que es un poquito irresponsable y de mi madre que es muy estricta y me protege demasiado, y a veces eso causa exceso”.
Es importante la figura de ambos padres.
Del mismo modo hay que tener en cuenta si es importante la figura de ambos. Jennifer opina que “sí es conveniente la figura de ambos, pero si las circunstancias le llevan a vivir sin uno de los dos, no creo que sea un problema para la educación de los hijos. Sí es mejor porque se necesita ambos ejemplos, no es lo mismo la forma de actuar del padre que de la madre, y necesitas ambas figuras, y más en el caso de varios hijos, que buscan el ejemplo, en el caso de los niños, el del padre., y de las niñas, el de la madre”, y Almudena piensa que “el padre por su lado, es el que tiene un papel un tanto protector. Por lo general, son estrictos, pero siempre con mucho cariño a los hijos. Puede que sean un poco distantes, pero eso es porque seguimos viviendo en una sociedad en la que el padre es el que trabaja por lo general más horas. Es el referente de los hijos, por eso, tienen que aguantar y no hundirse ante las contrariedades. De ahí que necesiten a la mujer para apoyarse en ella. Siempre me ha parecido muy importante el papel del padre y de la madre. Aunque suene clásico, la madre siempre tiene ese instinto maternal, con el que saben comprender a sus hijos, consolarlos y animarlos. No es que sean flojas, al contrario, son luchadoras y son las que apoyan al marido cuando este tiene problemas. Son una figura muy importante para las hijas, por lo que es importante saber estar en cada momento”.

Padres del mismo sexo
Respecto a la cuestión de si disfrutan de las mismas oportunidades aquellos que tienen padres del mismo sexo, Mari Carmen opina que no porque sólo tienen la visión del sexo que sean esos “padres”. Si son los dos hombres sólo tendrían la visión masculina, y si son las dos mujeres, sólo tendrían la visión femenina. Almudena tampoco cree que disfruten de las mismas oportunidades, ya que en cualquiera de los dos casos, hay una de las dos figuras (ya sea la de la madre o la del padre) que no tienen, por lo que habrá una serie de valores y actitudes que no tendrán. También comenta que esto es algo que admiten incluso las personas que son huérfanas de padre o madre, y que no han tenido oportunidad de conocerlos, porque hay circunstancias en la vida, en las que el papel de uno o de otro es más importante.
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José Miguel Mohedano,  padre y esposo:
“Mi mujer me dijo: Tú te has casado para ahorrar tiempo”
Los maridos jóvenes ya saben planchar y cocinar, fregar, limpiar la casa, hacer la compra y hacerse la cama. Las mujeres demuestran que son capaces de dirigir con éxito. Conciliar implica hacer compatibles familia y trabajo. Pero hay muchas formas de hacerlo: tantas como familias. Cada cuál tiene la difícil misión de encontrar la suya, la propia.

Si se ha vivido una juventud intensa y comprometida, con muchas horas dedicadas a los demás, casarse exige frenar; y tener un hijo, poner muchas más cosas en orden. Hay casos en que lo difícil es bajar el ritmo. Y eso, como reducir el número de cigarrillos que fuma uno al día, es a veces más complicado que dejar de fumar de forma radical. Es el caso de José Miguel Mohedano, director local en Madrid de Red Misión.


¿Qué significa en tu vida la palabra “conciliar”?
Conciliar para mí significa conjugar e intentar vivir en plenitud todas las facetas esenciales de mi vida, pero especialmente mi familia y mi ámbito profesional. También significa integrar todas esas otras actividades que conforman mi ocio pero que requieren un compromiso continuado (cantar en un coro, mi vida de fe en comunidad…) y que repercuten en mi vida y en los que más quiero.
Durante tus años de juventud trabajaste en la Fundación IUVE. De voluntario pasaste a ser el director del grupo de voluntarios. Después fuiste director de los proyectos de juventud de esta organización. ¿Cuál era tu ritmo de vida?
Era un ritmo de vida muy intenso, a veces frenético, con multitud de tareas muy distintas entre sí, pero intentando no perder esa paz que te indica que estás trabajando bien y por algo que merece la pena, aunque no siempre lo conseguía.
Lo que sí tenía siempre presente eran las personas a las que iba dirigido mi esfuerzo diario, los jóvenes que se cruzaban en nuestro camino, y las personas de mi equipo, pues con ellos estaba hombro a hombro en la misión. Trabajar y dedicar el día a día persiguiendo grandes ideales impregna todas las horas de día, porque es una actitud ante la vida, y muchas veces no era consciente de que tenía que parar.
Durante tus intensos años en IUVE llegó Blanca, que ahora es tu mujer. ¿Se concilia también en el noviazgo?
Es fundamental conciliar también en el noviazgo, pues es cuando comienza en tu vida esta nueva realidad y lo tienes que hacer bien desde el principio. Al principio empezó todo muy bien, pues compartíamos muchas actividades y tiempo juntos (nuestro voluntariado, círculo de amigos, horas de estudio…) pero luego se empezó a complicar cuando empezamos en el mundo profesional.
La verdad es que yo en ese momento era muy malo en la conciliación, porque a veces no le daba la prioridad e importancia suficiente a mi noviazgo y al tiempo en calidad y en cantidad que debía dedicarle. Menos mal que Blanca es un cielo y me demostró una paciencia desmesurada.
Hacía demasiadas cosas. De hecho recuerdo que a los dos meses de casarnos mi mujer me dijo “Tú te has casado conmigo para ahorrar tiempo”, ya que no tenía que quedar con ella para vernos, pues nos veíamos por la noche y a veces incluso ni cenábamos juntos. Ese fue un momento es el que me replanteé ciertos comportamientos
¿Qué es lo más difícil para ti a la hora de compatibilizar familia y profesión?
Lo más importante es darte cuenta que ya no puedes decidir las cosas unilateralmente, tienes que hablarlo con tu mujer y organizaros juntos porque la realidad familiar es más compleja, más rica y necesitas tener en cuenta más variables y ser más creativo. Aunque sí es verdad que en mi vida profesional he tenido que aprender a decir No, porque tienes que darte cuenta que tu familia es tu primera misión.
Es decir, que conciliar en tu vida ha significado frenarte a ti mismo, como reduciendo la dosis de cosas que decides sólo tú para ampliar el espacio de cosas que decides con tu mujer.... ¿Es eso quizás un poco masculino, más propio de los hombres que de las mujeres?
Te podría decir que hago menos cosas, pero no es verdad, las hago de otra forma y contando con mi familia, utilizando la creatividad y aprendiendo a gestionar mejor el tiempo. Por ejemplo, no haciendo deporte yo sólo en un gimnasio que es quitarle horas a tu familia, sino paseando juntos, yendo a clase de alguna actividad deportiva que le guste a mi mujer para ir los dos…
¿Qué supone en ese sentido la llegada de un hijo a la familia?
Mi hijo tiene tres meses y medio y lo primero que me produjo en este sentido es un cambio de actitud, porque todavía tienes más ganas de llegar a casa para ver a tu hijo, tan pequeño, tan bueno (en mi caso) y tan dependiente de su madre y de su padre. Estás deseando llegar.
Todo se reorienta un poco en función del bebé por sus horarios de comida, sueño y baño, pero siempre hay que continuar teniendo momentos para mi mujer y para mí. Para ello contamos con los abuelos, con los tíos… (que no les cuesta nada pues están deseando quedarse con él).
¿Alguna vez os habéis planteado Blanca o tú dejar de trabajar para dedicar más tiempo a la vida familiar?
Cuando llegan los hijos te das cuenta que lo más grande que le puedes dar es tu amor, tu tiempo. Ahora estamos justo en esto momento crucial de decisión pues a Blanca se le termina la baja por maternidad y nos planteamos juntos muchas opciones (reducir, jornada, dejar el trabajo, cambiar de ocupación laboral por otra más flexible…) todo es un riesgo y a veces da miedo, pero hemos de saber que lo más importante es la familia.
Red Misión es una organización internacional que ofrece a cualquier persona de cualquier edad y condición “una oportunidad para hacer el bien”. ¿Buscáis los padres de familia oportunidades diferentes que las madres de familia? ¿Qué necesitan los padres de familia hoy desde tu experiencia profesional?
Dentro de Red MISIÓN, hay programas dedicados exclusivamente a la familia como es el caso de DIF (Desarrollo Integral de la Familia) con su escuelas de padres, los clubes juveniles de RED MISIÓN y los clubes NET que pretenden acompañar a los niños en su formación en la fe y en su ocio para apoyar a los padres en esta tarea. Y no sólo apoyarles, sino darles a ellos la oportunidad de fundar dichos programas en sus comunidades, urbanizaciones, parroquias, colegios, con otros padres de familia como ellos.
Lo que he encontrado personalmente en RED MISIÓN son compañeros de viaje, grandes padres y madres de familia que me dan un testimonio diario increíble de esperanza que da mucha luz a un padre novel como yo.
¿Es posible trabajar y tener una familia como Dios manda?
Yo creo que sí es posible, pero hemos de poner todas nuestras capacidades para conseguirlo. Es esencial no engañarnos a nosotros mismos pensando que estamos trabajando más tiempo y más horas para darle a mi familia lo mejor, pues lo mejor que le puedes dar eres tú mismo, y si no estás nunca en casa….
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Como criar a siete hijos y ser un padre feliz
El padre de familia numerosa lo tiene aún más difícil
Jesús Sánchez Espinosa es consultor y formador, aunque su principal terea no  es esa, sino ser padre de siete hijos. El mayor de 31, Sergio. La segunda es Adela de 28 (esta es monja de clausura desde hace 11 años), la tercera María 23, el cuarto Pedro con 22, la quinta Rut con 20, Isaac con 17 y Ana con 13.

En el transcurso de estos años han sido muchas las dificultades que han encontrado para sacar adelante a su prole. Tanto desde el punto de vista familiar como del económico. Ni él ni su mujer, Milagros, se plantearon nunca una familia tan numerosa. Se casaron y al año vino Sergio. Cuando el niño tenía dos años el matrimonio sufrió una gran crisis, con separación incluida. Fue un encuentro con Jesucristo, en su iglesia, a través de unas catequesis (él en aquella etapa no creía en Dios) el comienzo de una reconstrucción de su  matrimonio.
¿Te ha costado mucho como padre sacar adelante a tantos hijos?
Ciertamente nos ha supuesto mucho, desde el aspecto familiar, pues tratar de educar y dar a cada hijo lo que sabemos necesita y sabiendo que lo que les falta o a lo que su padre no llegaba Dios lo ha ido supliendo. Nos ha costado mucho el hacerles ver que ser una familia de “muchos” es una gracia de Dios y no es un fastidio… que aquí no hay para nadie… Se entiende. Tanto mi mujer como yo hemos tratado de darles todo lo necesario, sabiendo que a veces hemos podido bien poco pero ya te digo que hemos visto como Dios ha ido supliendo.
Desde el aspecto económico, mirando cada día el cielo y viendo realmente como Dios provee. Es verdad que nosotros hemos hecho lo que podíamos, es decir poner nuestro cuerpo en el trabajo en más y menos horas cuando lo ha habido, pero Dios es el que ha llevado la historia.

Imagino que como padre muchas veces lo habrás pasado muy mal ante la posibilidad de no llegar a fin de mes y poder cubrir las necesidades de tus hijos. ¿Qué sentías en esos momentos y cómo lo intentabas solucionar?
Ciertamente que lo hemos pasado muy mal ante la incertidumbre que a veces se nos plantea y se nos plantea en medio de esta sociedad que nos ha tocado vivir. Yo en este aspecto, soy más frágil que mi mujer, que Milagros. Cuando me agobio frente a esa posibilidad, me recuerda de donde venimos y que historia ha hecho Dios con nosotros y evidentemente vemos que de una forma o de otra Dios provee, que hoy puedo decir que se puede vivir con siete hijos, ser feliz y tener lo necesario para llevar una vida digna. No obstante, en los momentos difíciles… hay que vivirlos. Pero ya te digo, no es lo mismo vivirlos con esperanza, sabiendo que a Dios no se le ha ido la mano contigo… que vivirlos en una profunda angustia sin esperanza de ningún tipo.

¿Qué miedos y preocupaciones te entraron cuando nació  tu primer hijo?
En aquel momento de mi historia, en el cual yo tenia toda mi vida apoyada en estructuras materialistas totalmente, pues sentí mucha incertidumbre, era muy joven y no me veía capacitado… no sé fueron muchos sentimientos negativos, positivos, todos entremezclados, sin ninguna proyección.

¿Se repitieron esas inquietudes al nacer el último?
Para nada, ya con Ana la séptima, tenia la experiencia de que Dios llevaba mi vida, aunque aun hoy cuando la vida aprieta, que a veces aprieta y mucho, necesito recordar, recuperar la historia de amor que Dios ha hecho con los míos para salir de esos momentos de angustia y de agobio.

¿Cómo ha evolucionado tu relación con tus hijos durante todos estos años?
En mi caso, en la medida en que ha ido madurando mi experiencia en la fe, ha ido cambiando mi forma de relacionarme con mis hijos. Ellos son formidables (todos) y para mi han sido y son de una gran ayuda. El verlos, como han crecido, como han aprendido a vivir. Yo me siento muy querido por todos mis hijos.
¿Es diferente la relación que tienes con tus hijos que la que tienes con tus hijas? ¿Por qué?
La relación con hijos o hijas en nuestro caso, tanto en la mía como en la de Milagros es la misma. Ciertamente hay algunos aspectos que hacen que sea distinta o parezca que es distinta. Por ejemplo la ternura, la dulzura con la que me he sentido tratado por mis hijas en momentos concretos no lo he experimentado con los varones. Pero ellos me han ayudado con su firmeza. Que quieres que te diga, en nuestra casa no hay cosas de hombres o de mujeres, hay muchas cosas que hacer y a ver quien las hace…

¿Qué sistema has utilizado para educar a tus hijos (autoritarismo, negociación, diálogo, etc.)?
La familia, tan denostada y manipulada hoy en día, según mi criterio y esto lo hemos vivido en casa, no es una democracia, es jerárquica. Y te lo dice uno que se ha pegado por la democracia, la libertad de expresión etc. En la familia hay un orden. Hay una cabeza, cada uno tiene su misión y su función.

¿Qué esperas que recuerden tus hijos de ti cuando hayas fallecido?
Lo que les quiero.


¿Qué es lo  mejor que puedes enseñarles como padre?
A ser personas, a resolver las dificultades de la vida. A mirar el cielo y que sepan que Dios les ama, como son a cada uno.

¿De todas las enseñanzas, cuál es la primera y la principal que les has transmitido?
Hemos procurado, tanto mi mujer como yo, transmitirles la fe. Más que las carreras que han estudiado y estudiaran, más importante que todo eso es saber que Dios les ama y actúa en la vida de ellos cada día. Hemos procurado, que descubran en casa, junto con nosotros que Dios está por nosotros y por nuestra familia. Fíjate si esto es riguroso que se ha cogido unos de los nuestros… Adela, la monja, que tiene su vida consagrada al Señor.

Al principio son los hijos los que aprenden de los padres. ¿Podríamos decir que después los padres también aprenden de los hijos? ¿Por qué?
Hay momentos situaciones, en las que tus hijos, te ayudan, te hacen reflexionar acerca de esto o de lo otro… Te das cuenta, entonces que es en esos momentos como si te devolvieran el trabajo que tú has hecho con ellos.

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